miércoles, 14 de diciembre de 2016

gracias "Patria".


Se creían los puteros y los porneros que éramos idiotas.

Se pensaban que dándonos un poquito de coba ya nos iban a tener comiendo de su mano. Se habían hecho a la idea de que nos la iban a meter, que es el tipo de imagen a través del que se conforman sus pensamientos.

Habían dicho: “Venga, que el año pasado encontramos el truco. Que con colocar a alguien que se nos haya hecho famoso por lo que sea (aunque sea por hacer el ridículo) y ponerle a decir cuatro chorradas buenistas (aunque no haya quien se las crea), ya todo el mundo traga. Lo único que necesitamos es que repita mucho “follar”. Tenemos la gallina de los huevos de oro de la ideología. Tenemos “follar”.”

Y habían pensado que con el feminismo iba a ser igual: “La chica ésta nos viene de miedo. Y como es mujer, y por lo visto va de feminista, de paso engañamos a las rancias de las feministas, que son un grano en el culo.”

Se pensaban que el feminismo es un producto, como lo que ellos hacen, o que le vale todo, como al porno, o que está corrompido, como ellos.

Pues la cagaron bien.

El día de su lanzamiento “Patria” fue un exitazo sin matices. Todo el mundo lo vio, lo compartió y lo elogió. “¡Qué atrevido!” “¡Eso es hablar claro!” “¡Zasca a la hipocresía!”

Pero el segundo ya se vio que algo no estaba saliendo bien. El vídeo seguía compartiéndose. Pero ya aparecían preguntas incómodas “¿Aquí hay verdadero contenido o es el uso de cuatro tópicos?” “¿Pero esto no lo paga Apricot?” “¿Un proxeneta tiene legitimidad para dar lecciones morales?”

El tercero empezaron los calificativos: “ridículo”, “vergonzoso” y, por supuesto “HIPÓCRITA”.

Y el cuarto las redes se inundaron de artículos poniendo en negro sobre blanco lo que era esa repugnante estrategia de marketing para vender mujeres convertidas en carne consumible y desechable, y para convencer al resto de las mujeres de que lo mejor que podían hacer era pasar por la carnicería e irse quitando la ropa.
Entonces empezaron las polémicas, los debates, el rebrote de los viejos enconamientos y, cómo olvidarlo, la omnipresencia de la inefable Amarna Miller, explicándonos a tantxs tontxs como en el mundo somos cuál es la verdadera definición de “pornografía”, cómo se distingue realidad de ficción, y lo feliz que es ella y que son todas las otras prostituidas y pornografiadas a las que ella, desde su infinita y generosa modestia, representa.

Pero ya era demasiado tarde, porque la máquina crítica feminista estaba en marcha, y esta vez había hecho presa de verdad. Así que el vídeo pasó del cuestionamiento al descrédito, del descrédito al desprecio, y de éste al escarnio más acerbo y a la parodia más demoledora. En algún sitio leí que se pedía a @ivánlagarto hacer un montaje de denuncia de su cinismo, como aquél en el que le puso un bolero al mensaje navideño de Felipe VI. Yo todavía no pierdo la ilusión.

Y la evolución de la imagen de Mi Patria se tradujo en la evolución de la opinión de personas concretas. Por todas partes aparecían matizaciones, correcciones, cambios de 180 grados: “Me encantó el vídeo cuando lo vi. Ahora me da asco”. Eso una y otra vez. Y se ganaban todos los debates. Todos. En todas partes. Daba igual si era un grupo abolicionista o de “familiares y amigxs de Amarna”.

Pero lo que se estaba ganando, o decidiendo, no era el destino del vídeo del Salón. Era mucho más. Era la gran controversia feminista entre proprostitución y propornografía frente a antiprostitución y antipornografía. Sin quererlo, los muy lumbreras de Apricot nos habían dado la herramienta perfecta para analizar, ponernos de acuerdo y llegar a conclusiones. Por fin.

Y por fin se vio de una manera clara y distinta que tras los argumentos “pro” no había nada. Que desde hace mucho tiempo se alimenta el fantasma de un debate, pero ese debate está más que terminado. Que la imagen que se construye de lo “anti” es un espantajo para dar miedo, y que la mayoría de las personas “anti” y de sus posiciones no se parecen a él en nada. Que la gente “pro” hace guerra de guerrillas argumentativa, porque ha perdido toda la confianza en el enfrentamiento abierto de las razones. Que llegaban, insultaban y huían. Que decían que estaban hartxs del feminismo blanco hetero, que qué pereza, que si las SWERF. Pero siempre quedaban en evidencia.

Así que, vista la situación desesperada, las pocas personas que fueron quedando comprometidas a muerte con el “pro”, lxs recalcitrantes del “pro”, esa gente que pone al “pro” antes que al feminismo, tuvieron que recurrir a la invocación disciplinaria de la sacrosanta unidad: “¡No dividamos al feminismo!”.

Y, claro, nadie quiere dividir al feminismo. Así que volvimos al respeto, al “es sólo mi opinión”, y al “ante todo, sororidad”.

Y ahora estamos con la duda de si el consenso fue un espejismo producto del entusiasmo, o un paso adelante, una enorme oportunidad que, eso sí, se nos puede escapar de las manos.

Y yo, es sólo mi opinión, creo lo segundo. Creo que se ha escenificado definitivamente la falta de argumentos feministas del lado “pro”, y que hay que llevar la escenificación a sus últimas consecuencias. Creo que hay que dar por zanjado el debate sobre prostitución y pornografía, al menos en lo que se refiere al enfrentamiento entre “anti” y “pro”. Y creo que hay que hacerlo a todos los efectos que son, sobre todo, la divulgación de sus conclusiones. Creo que hay que decir, de una vez, y sin complejos ni culpas, que las posiciones “pro” no son feministas.

Creo, repito, que hay que llevar la escenificación hasta el final, porque “Mi Patria” ha producido una notable deserción en el bando “pro”, pero lo que necesitamos es una desbandada: que todo el feminismo esté unido. Unido, eso sí, del lado del feminismo. Por eso hay que decirlo claro y público. 
Y quien quiera refutar, que refute. Pierden siempre.

Y que nos digan, cómo no, que eso es dividir al feminismo. Sabemos que el feminismo ya estaba dividido, porque a día de hoy hay neoliberalismo en el feminismo, y decir que hay un feminismo neoliberal y uno que no lo es, pero que los dos son feminismos, es como decir que hay un feminismo feminista y un feminismo antifeminista. Y sabemos que esta división bloquea su eficacia, su difusión, su expansión. Nos dirán que eso es partirlo por la mitad, pero a mí me parece que es justo lo contrario. Si conseguimos terminar esta escenificación de la elección definitiva del “anti” lo que haremos será romper la cáscara neoliberal que atenazaba nuestro crecimiento y disponernos para una nueva expansión social. El feminismo ha crecido mucho, pero en ese crecimiento ha absorbido, o se le ha infiltrado, mucho no feminismo que, en parte, lo ata. Que crezca de nuevo, y que quede fuera, si lo desea, quien no sepa cómo defender sus posiciones con argumentos feministas.

Es cierto que Mi Patria ha conquistado corazones fuera del feminismo, y seguramente ahora hay más gente “pro” que antes del vídeo. Pero en el feminismo hay menos. Mucha menos. Y lo que hace falta para que toda esa gente no feminista nos escuche a nosotrxs, en vez de a puteros y porneros, es que les hablemos con una sola voz. Si la conseguimos, y estamos a un paso de hacerlo, dará igual a cuánta gente se haya ganado el engendrito publicitario.

lunes, 12 de diciembre de 2016

el vacío gámico


Nos quejamos con frecuencia, con mucha frecuencia, de que las parejas alejan a las personas de sus amistades.

Y nos quejamos porque lo comprobamos continuamente: El entusiasmo amoroso siempre tiene como víctima colateral una parte de las relaciones.

A veces se trata de una reducción selectiva (dejo de quedar con el grupo de patinadorxs, con los que tampoco tengo tanta implicación, pero sigo saliendo con la gente del trabajo); a veces de una reducción general (sólo veo a alguien fuera de mi pareja una vez a la semana, le toque a quien le toque); a veces de la eliminación de mi vida de varias personas concretas (algunas relaciones conflictivas dejan de merecerme la pena).

Quien lo vive desde fuera de esa pareja, decía, suele quejarse: Otra vez la misma historia. Crees que tienes amigxs hasta que se lían. Luego ya volverán. Pero, mientras tanto, ¿dónde están? ¿Y si es ahora cuando lxs necesito? Además, ¿no decían que ellxs nunca lo harían?

Desde dentro, sin embargo, hay mucha más tolerancia con el abandono: No tengo tiempo para todo. Hay que disfrutar de las cosas cuando se tiene la oportunidad. Mi relación tiene problemas propios que tengo que resolver, pero que tampoco me apetece airear.

Afortunadamente, esta tolerancia no es ya lo que era, y la idea de que las relaciones de pareja no deberían repercutir negativamente sobre el resto se está convirtiendo en norma general. Incluso se dice que es insano para la pareja misma, y que puede ser síntoma de que estamos ante una “relación tóxica” o de “amor romántico”. Se propone entonces como receta, por el bien de la propia pareja, y por el bien de las relaciones sociales en general, alimentar el resto de las relaciones, las no-parejas, de un modo más “horizontal”.

Estamos viendo, de todos modos, que la receta es insuficiente, y que una cosa es decir que eso es lo que tenemos que hacer y otra muy diferente que logremos parar la escabechina. Algo sigue pasando cuando aparece la pareja que convierte la vida relacional anterior en un sueño inaprensible.

La receta no funciona porque no hemos diagnosticado bien el problema. Voy a intentar acercarme un poco más a él. Para ello hablaré de “gamos”, y no de pareja, porque es el término genérico para la pareja y para todas sus formas homólogas, sea cual sea su nombre o el disfraz con el que se engalanen.

Si representamos nuestras relaciones en un esquema vertical donde la altura determine la calidad, profundidad e importancia de cada relación, el conjunto adoptará, en la mayoría de los casos, el aspecto de una pirámide. Abajo encontraremos una amplia base de relaciones poco desarrolladas, y en la cúspide el pequeño grupo de aquellas que son más importantes para nosotrxs.
Lo normal es que esta pirámide sea un continuo, o que sus discontinuidades sean escasas y poco definidas (que estén dispersas, que no ocupen un espacio claro, que evolucionen en breves lapsos de tiempo, etc…). Cuando establecemos un gamos, sin embargo, la pirámide se corona con un “piso flotante”. Por encima de su cúspide, y a una notable distancia del resto de ella, aparece esta relación superior llamada “gamos”.
Lo que caracteriza al gamos es, precisamente, ocupar esa posición. Se llama “ser especial”. Si el gamos tuviera contacto con la pirámide sólo se distinguiría de otras relaciones por la persona con la que la mantenemos. Llamar a esa relación “gamos”, “pareja” o cualquier otro nombre que la distinguiera no tendría sentido. Incluso si estuviera en la cumbre entraría en contacto con las relaciones que también lo están, y tendríamos que decir que las otras relaciones también son gamos, también son parejas. Pero entonces todo ese grupo de parejas tendría que separarse del resto para que el continuo de la pirámide no volviera confusa a la relación gámica.

El espacio intermedio es imprescindible.

Bien. Volvamos a la pirámide anterior al gamos.

Puede ocurrir, aunque parece improbable, que la pirámide constituida por el conjunto de todas las relaciones de una persona esté claramente rota, y que falte, por decirlo así, algún piso en ella. Más improbable aún es que ese piso sea justo el situado precisamente entre la persona con la que nuestra relación es más importante (con nuestrx mejor amigx, por ejemplo), y el resto. Puede ocurrir, por qué no. Puede suceder que dos personas hayan encontrado tal grado de sintonía que a lo largo del tiempo su relación haya llegado a ser incontestablemente más importante que la que tienen con lxs demás. No es lo normal en entornos donde nuestras relaciones son numerosas y diversas, pero puede ser relativamente frecuente allí donde las circunstancias sociales hacen que el número de personas con las que entramos en contacto se reduzca dramáticamente.

Pero el gamos no funciona a posteriori. El gamos no se establece como constatación de que una persona ha llegado a ser mucho más importante que el resto. El gamos se decide por un pacto cuya velocidad, si se compara con la velocidad a la que se forman los otros vínculos, es supersónica. A veces hace falta un mes. A veces un día. A veces un momento: “¿Quieres salir conmigo? Sí.”

Por eso el gamos no puede ocupar la posición que se atribuye a sí mismo. El gamos no puede ser más importante que las más importantes de nuestras relaciones. Queremos que lo sea pero, al menos de momento, no lo es.

Para lograrlo recurrimos al vacío gámico. El vacío gámico es el hueco relacional que creamos entre nuestro gamos y las siguientes personas más importantes, aquéllas que amenazan con hacer confuso el gamos: las que más vemos, las que más queremos, las que más deseamos. Como el gamos no puede ascender milagrosamente, es necesario que toda esa gente baje.
A nosotros esa gente nos molesta sólo un poco, el poco que nos incomoda a la hora de pensar que tenemos una relación maravillosa, y una conexión mágica, y muchas veleidades así. Pero a quien de verdad molestan esas relaciones es a la persona con la que formamos el gamos. Y a nosotrxs, por supuesto, nos molestan las suyas. Somos nosotrxs quienes exigimos el vacío gámico en su pirámide (aunque lo disfracemos de otro tipo de exigencia). Nosotrxs somos las termitas de su construcción relacional, el peligro que se cierne sobre ella una vez que se pone a nuestro alcance. Y a cambio de mutilarla para que nos quede claro que somos especiales (millones de mensajes legitimadores nos dicen por todas partes que sólo aceptemos como pareja a aquella persona que nos haga sentir especiales) toleramos, qué remedio, que nuestra pareja destruya las nuestras.

Ahora entendemos en qué consistían las estrategias que mencionaba al principio. Si elimino a unas pocas personas incómodas es muy probable que me esté refiriendo a exparejas o amantes potenciales, y que marque con ello una distancia sexual entre el gamos y el mundo. Si establezco una cuota reducida de vida social envío un mensaje general: todo queda subordinado al gamos, y el gamos no se subordina a nada. Si elimino de mi vida al grupo de patinadorxs, que no eran demasiado importantes, la pirámide pierde su base y el conjunto se desploma, dejando en lo alto el anhelado hueco entre el gamos y todo lo demás. Consagrando la pareja gracias al vacío gámico.


miércoles, 7 de diciembre de 2016

sobre la significación... (II)


Decía aquí que lo que el sexo significa, o lo que debería significar, es causa aparentemente insuperable de desencuentro sexual.

Por eso realicé la tentativa de exponer los distintos valores que el sexo adquiere para nosotrxs, de modo que entendamos cómo esos valores dialogan entre sí.

Hablé ya del primero, que era la banalización del sexo, y del segundo, que era la atribución al sexo de una significación trascendente.

Continúo.


3_De vuelta a la realidad

La tercera es lo que el sexo significa de verdad. Es la vista de pájaro que incluye no sólo las significaciones explicadas, sino su dimensión tanto subjetiva como objetiva (lo que se piensa que el sexo significa junto con lo que acaba significando de verdad), así como relacional (lo que significa en tanto que encuentro).

Y, por supuesto, lo que el sexo significa socialmente, como conjunto de actividades que se pueden entender bajo la misma categoría y que tienen un mismo conjunto de significaciones y efectos:

-El sexo como forma de consumo. El sexo como forma de control social, como alienación, como escuela de dominación donde se juega a la dominación para aprender a perder la piedad allí donde hace aún más falta que se pierda.

-Y el sexo con sus virtudes y beneficios, claro, como placer, como desahogo, como encuentro en un mundo donde el encuentro se reduce cada vez más, como autoencuentro… pero para hablar en estos términos elogiosos de nuestro sexo hace falta obviar tanto sus faltas que produce pudor y deseo de pasarlo por alto.

-Y es el sexo también como decepción. Como aquello que enseguida rebela su vacío, su falta de fuste, su tedio. Es el sexo desde el escepticismo ante el sexo que se ve siempre confirmado.

Quienes creen que ésta es la significación adecuada para el sexo suelen considerar que el resto de significados son, en general, sobrevaloraciones. Que el sexo ni es tan divertido ni es tan noble. Que tras el sexo no hay nada que no haya sido un añadido cultural para hacer del sexo algo peor que lo que originalmente era, y que, al final, para lo que vale el sexo es para vehicular mucho control a cambio de un poquito de satisfacción que, visto lo visto, parece prescindible.

Estas personas opinan con frecuencia que el sexo es cansino y cargante, como esxs amigxs que te dicen que te bajes a tomar una caña, pero no te sueltan hasta que te han jodido la tarde a base de inflarte a cerveza.

Son personas sexualmente pragmáticas, muchas veces escépticas o directamente aversivas hacia el sexo y, en general, algo inmovilistas: está jodido el sexo. Que le den.


4_Empoderamiento sexual

Y, por último, está la significación que el sexo debería tener.

Más allá de concretar cuál es esa significación, es evidente que necesitamos un plan para el sexo. 

Porque somos seres humanos, y tenemos una ineludible agencia sobre nuestras construcciones sociales (lo que el sexo es hoy es lo que otrxs hicieron que el sexo fuera antes de nosotrxs). Y porque lo que el sexo es no está bien de ninguna de las maneras.
No sé muy bien cuál es el perfil de las personas que asientan su interpretación del significado del sexo sobre lo que el sexo debería significar, porque no encuentro muchas. Pero, en mi opinión, esa significación debería entenderse, para empezar, como una transición que contemplara todas las significaciones anteriores, en vez de despreciarlas. Que las tuviera muy presentes y que recordara que, aunque parcialmente ficticias y casi completamente indeseables, esas significaciones están a día de hoy presentes y tienen consecuencias reales sobre nuestras vidas y sobre las de las personas con las que nos relacionamos.

Pero deberían tener, además, un plan que, en mi opinión, puede irse construyendo sobre el despojamiento de esas mismas significaciones. De este modo nos encontraremos con un sexo que se pregunte a sí mismo para qué se quiere, ya que todo aquello para lo que se quería parece, en realidad, no sólo poco deseable sino, en general, inaccesible a través del sexo.

Vaciar el sexo de significación no es banalizar la significación que ya tiene y tratarla como si careciera de importancia. Es, más bien, preguntarnos qué necesitamos, que es como preguntarnos qué debemos necesitar, o qué nos debemos, y comprobar si algo de ello está en el sexo, o si el sexo puede ayudarnos para conseguir algo de ello. Es acercarnos al sexo sin la ambición de poseerlo, sino con la curiosidad desinteresada de descubrirlo.

Y descubrirlo podría ser descubrir, también (hay que prepararse para cualquier cosa), que el sexo poco importe, de modo que descubrir el sexo conlleve descubrir aquello verdaderamente importante que el sexo estaba ocultando y que ahora aflore su verdadera importancia impulsado por un sexo que ocupe su lugar más adecuado.

Sería algo así como descubrir que el sexo estaba en otro sitio, y poder por fin ir a buscarlo.



lunes, 5 de diciembre de 2016

sobre la significación del sexo (I)


Andamos últimamente muy revueltxs con lo del significado del sexo.

Que si significa, que si no, que si es trascendente, que si inmanente. Bueno…

A esa preocupación, nada nueva, pero actualizada de vez en cuando en “contra el amor” y “agamia” por el uso que aquí se hace de la designificación del sexo como herramienta para éste deje de ser sexo alienante, subyace la muy legítima preocupación por que el sexo se banalice en perjuicio, fundamentalmente, de las mujeres.

Porque el discurso patriarcal de liberación sexual dice una cosa muy graciosa. Dice: “el sexo no tiene significado, el sexo no tiene contenido, el sexo no es nada más que sexo: es una trivialidad. Hagámoslo sin parar. Déjate hacerlo.”

Pero, sin embargo, le reconoce una magnitud titánica como objeto de deseo. Los varones decimos: “deseamos sexo, sin poder parar de desearlo porque es el deseo más alucinante que concebirse pueda y, a la vez… es algo que no es nada”.  Desde esa estupidez, neurosis, o cinismo, esperamos que se nos haga caso. Y, si no, es que ellas están locas.

La respuesta como resistencia a la banalización, lógicamente, es justo la contraria: el sexo puede ser deseable, incluso puede ser lo más deseable que concebirse pueda, pero ese deseo está arraigado en un significado, en un algo más, en una trascendencia. Cuanto más se desee el sexo más cosas trascenderá este significado. Si el sexo se desea más que nada en la vida el sexo contiene el sentido de la vida misma. Es el depositario de la vida y es, incluso, el lugar que, en sí, ya es tan grande como la vida. Y de trascender al sexo se pasa a trascender la vida, la realidad, las leyes naturales, y lo que se pille por delante.

Y así están las cosas. Como para entendernos.

Yo creo que una exposición bien diferenciada de los diversos significados que le damos al sexo puede ayudar a ese entendimiento.

No encuentro, por más que busco, sino cuatro interpretaciones, o cuatro formas de abordar, o de analizar, la significación del sexo. Y las enumero.


1_La banalización del sexo.

La primera es la del sexo para los varones o, para ser más estrictxs, la “perspectiva varón”, que es compartida por muchas mujeres y que muchos varones no comparten. Eso pasa siempre. Pero los varones son el sujeto propio.

La he resumido ya más arriba: El sexo no es nada. El sexo es tomarse una caña, dar un paseo, sentarse a ver la tele. Es una trivialidad. Además el sexo proporciona un placer alucinante; es el mayor de los placeres. De modo que, ¿por qué no hacerlo todo el rato, con todo el mundo? Hay que estar locx para resistirse, y la culpa de que el mundo no sea una fiesta continua es que las mujeres se resisten a follar (recuérdese aquí el vídeo de Nacho Vidal para el SEB_2015).

Pero, además, el sexo es una necesidad. No te mueres si no lo haces, pero te afecta a la amígdala, y te agostas; lo dicen estudios. Así que resistirse ya es una cosa más seria, es una amenaza para la humanidad, y una agresión a la integridad de los “naturales” varones, y pone a los varones en tan difícil tesitura que justifica pequeñas agresiones. Y grandes.

Así habla el macho. Y de aquí nos lleva al porno, y de él a la prostitución, y a la cultura de la violación y para qué recordar a todxs lxs enemigxs que se busca unx si saca la lista de las estrategias de reacción patriarcal al empoderamiento sexual femenino que dice “no follo”.

Estas personas ven cualquier otra significación como una impostura que busca manipular a través del sexo, y no suelen diferenciar demasiado entre ellas. Adoptan la dicotomía represión-liberación para situarse a sí mismas del lado de ésta y al resto del mundo del lado de aquélla. Su deseo de conseguir sexo suele hablarles tan fuerte, ser tan estentóreo en su cabeza, que normalmente apenas pueden oírnos. 
2_Frente a la banalización, la trascendecia.

La segunda es la del sexo para las mujeres. También la he medio expuesto ya.

No es que el sexo no signifique algo. Es que significa todo. Así ha sido siempre para las mujeres, ya que el sexo, el consentimiento, implicaba su posesión. Una mujer se entregaba literalmente, en términos estrictamente legales, como esclava, a partir de la consumación del acto sexual. El sexo era la vida.

Un día la ley desligó la vida de las mujeres del sexo. Pero la cultura que sustentaba ese derecho sólo se transformó muy lenta y parcialmente. Así que las mujeres ya no tenían la excusa de la vida. Ya no podían decir “no puedo tener sexo cuando desee porque eso implica entregar la vida”. Las consecuencias permanecían casi idénticas en forma de todo tipo de estigma, pero ahora era mucho más complicado explicarlas. Y, por supuesto, nadie se encargaba de que esa explicación estuviera a mano.

Lo que tenemos hoy es la intuición de que hay algo en el sexo que no permite que las mujeres coincidan en la despreocupación masculina, unida a una notable dificultad para explicar ese algo. En la medida en que el sexo, cada vez más, es el más importante de los deseos, esta dificultad se vuelve profundamente conflictiva: Hay que tener relaciones sexuales, pero hay que impedir que se traten despreocupadamente. Por lo que sea. Más sexo, pero más importancia. La importancia es subjetiva. Se siente, pero no se entiende. Esta tensión ha producido una extravagante cultura del sexo trascendente en la que el pensamiento mágico se alía, como siempre, con el discurso paracientífico. Por un lado se resuelve así el problema armonizando ambas necesidades, y por otro lo ahonda al crear una burbuja discursiva que se aleja aún más de la verdadera significación sociocultural del sexo.
Ésta también es una significación patriarcal del sexo. De hecho, la significación patriarcal del sexo es el encuentro, hostil, pero funcional a la reproducción del sistema, entre estas dos significaciones: la versión del victimario y la versión de la víctima que se resiste a serlo pero tiene que hacerlo dentro de las reglas impuestas por su verdugo.

Quienes optan por la significación trascendente suelen considerarse depositarixs de un saber verdadero y arcano que nunca lograrán comunicar del todo, y al resto del mundo como personas que viven atrapadas en la materia, o en la vulgaridad, o en la ignorancia. Al contrario que lxs banalizadorxs, no encuentran que el discurso del resto esté de más, sino que es insuficiente, y que lo pertinente es remplazarlo por el discurso propio, pleno de sentido y de posibilidades. Avanzar en sus misterios es descubrir un mundo nuevo de ideas arbitrarias, narcisistas y perfectamente inútiles.

Y en ésas estamos. Pero bueno, no todo son sombras.

viernes, 2 de diciembre de 2016

recomendación de textos básicos (I)


La agamia evoluciona sin parar, y eso se nota también en el blog… y en su orden. Los temas entran y salen, aparecen y desaparecen, un poco a golpe de necesidad, otro poco a golpe de actualidad, y otro poco a golpe de impulso.

La agamia es en el fondo, además, una de esas cosas tan sencillas que a veces no se entienden,  y viene muy bien tener a mano la sencillez, y no sólo los desarrollos que parten de ella y la dan por hecha.
Por eso se entiende perfectamente que a veces me digáis no sabéis qué entrada leer para tener una idea general, o dónde buscar las exposiciones centrales sobre asuntos concretos.

Voy a intentar solventar un poco el problema con una lista de los artículos que considero principales, y que puede servir de brújula a la hora de ubicarse sobre cada tema.

Antes de empezar, os recuerdo que esa misma brújula esta presentada de manera bastante intuitiva en la página de inicio de la web, y que desde ella podéis obtener una buena idea general de qué temas trata el blog y cómo los trata. Tened en cuenta, eso sí, que son textos del 2014, y que no siempre son la última palabra (en la web no se habla del sexo sin objeto, por ejemplo).
-En primer lugar, algo sobre la AGAMIA misma como modelo relacional. Éste es el texto fundacional, que ya lleva tres años dando vueltas, que han leído algunas decenas de miles de personas, y que ha aclarado ideas a un buen montón de ellas (aunque parece que para eso está siendo mucho más eficaz el taller de introducción a la agamia). Están en él las definiciones básicas y la lista de temas principales sobre los que la agamia se asienta.

-Si es el concepto de gamos el que te deja dudas, éste puede ser tu texto.

-La crítica al amor es un tema estrella, y seguramente la polémica más intensa en la que la agamia está envuelta. La explicación de lo que es el amor entendido como ideología está aquí (1, 2, 3 y 4) aunque creo que se lee mejor en la web.

-El tema de la belleza es un eje fundamental en la agamia, y una de los elementos que la diferencian radicalmente de cualquier otra propuesta relacional. Está presentado aquí, y recomiendo también este corolario mucho más reciente.

-Al tema de la belleza, por supuesto, va asociado el del valor sociosexual como herramienta que analiza la mecánica clasista del modelo relacional hegemónico. Hay mucho que escribir aún al respecto pero ésta es la exposición más específica.

Haré una segunda lista con el resto de los temas más importantes, pero hasta entonces quiero recordaros que el grupo de Facebook (no confundir con la página de Facebook, en la que sólo puede publicar el administrador, y el resto de la gente comenta esas publicaciones) es un espacio dinámico, animado y muy amistoso donde se tratan estos temas desde perspectivas muy variadas e interesantes, tanto teóricas como prácticas, partiendo unas veces de la reflexión, y otras de la experiencia. Y que para participar sólo tenéis que mandarme un mensaje a mi perfil y pedírmelo.

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