lunes, 12 de junio de 2017

daños amorosos colaterales


Me he portado muy bien y me he tragado esta película de principio a fin, sólo para contárosla. Se llama No es mi tipo. No la veáis.

Tomé la decisión cuando llegué al minuto 40, más o menos. Me lo propuse porque empezaban a pasar cosas raras, de ésas que considero propias de esta sección. Los sentimientos amorosos y monógamos empezaban a buscar asociaciones nuevas. Se sentía la fuerza de la mutación evolutiva. El patriarcado amoroso transformándose para introducirse en nuestra conciencia por la última grieta descubierta.

Pero a partir de ese momento me quedé pegado a la pantalla. Así que no tiene ningún mérito. Nunca lo habría tenido, pero así menos… Ya veis que ni yendo sobre aviso se está protegidx frente a estas películas.

Os invito a que perdáis el tiempo leyendo la crítica de Javier Ocaña en El País, sólo para comprobar el éxito del artefacto a la hora de disimular sus seguramente inconscientes propósitos. “La película no juzga y deja preguntas abiertas”, dice. Javier, si no tienes respuestas para las preguntas que “abre” esta película, míratelo con lupa.

En esta sección no caben, literalmente, espoliers, porque me impongo brevedad. Pero me da igual destriparla, así que alguna víscera veremos relucir.

El punto de partida es una pareja con evidente desequilibrio en su valor sociosexual: él, profe de filosofía guapo y metropolitano; ella, peluquera guapa y de provincias (podría decirse que la diferencia, en realidad, está en el capital cultural, pero analizar la relación entre los dos conceptos aquí es imposible. Digamos, simplemente, que se aprecia desde el primer momento la superioridad de él).
Una pareja al estilo convencional (monógama y amorosa) con diferente vss constituye un conflicto latente que debe estallar por algún sitio. Así que te quedas ahí, esperando a que estalle, porque entiendes que lo que el director (es un hombre, aunque no hacía falta ni decirlo) pretende contarte es cómo estalla, cómo se gestiona, qué implica, etc, etc… Y piensas “seguro que aparece en el minuto 30, como punto de giro de la presentación al desarrollo”. Entonces miras la barra de tiempo y descubres que estás ya en el 40, y que lxs tortolitxs siguen arrullándose, y que ella le corta el pelo y lo lleva al karaoke, y que él le lee poesía y le regala libros de Dostoievski. Y es entonces cuando te preguntas qué demonios es lo que quiere contar este tío, por qué no salta ya la liebre, de qué cabeza retorcida habrá salido esto, y, por supuesto, qué es exactamente lo que vas a contar tú en el post que ya no te queda más remedio que escribir sobre la peli.

Pues lo que la peli nos cuenta es la vieja historia del hombre culto y arrogante, incapaz de experimentar amor real, frente a la “muchacha” sencilla y transparente, llena de vitalidad, verdadero sentido de la vida, a quien el hombre demasiado complejo ha perdido la capacidad de amar.

Es de nuevo el mito del corazoncito bueno y sintiente, maltratado por el cerebro pensante y malo. Pero en este caso el cerebro es un auténtico encanto. Amable, respetuoso, tranquilo, sonriente, detallista, sereno… ¡y sincero! Un cielo de chico. ¿Por qué no es esto suficiente para que la relación sea presentada como exitosa? Pues porque el pensamiento no está tratado en la película como una obsesión, sino como un virus. El problema de él no es que sea un obseso del autocontrol y el discurso racionalizador. El problema es que está contagiado por la enfermedad del pensar, y a lo primero que eso afecta es a la facultad de amar.

Así que, como no podía ser menos, ella (recuérdese que es un “ella” construido por un hombre, cuyo parecido físico con el protagonista es, además, sonrojante) como buena experta en amor por obra de la ciencia infusa de lo femenino, descubrirá un par de síntomas de tibieza invisibles a personajes menos maravillosos. De estos síntomas se seguirán los correspondientes pollos, en los que reforzará sus conclusiones con otras pruebas incontrovertibles, como no sentir celos (“todas mis parejas han sido celosas. Antes me parecían pesados, pero ahora lo echo de menos”) y, por último, comprobaremos que su vida queda devastada con toda naturalidad.

En definitiva, que un señor intelectual nos cuenta la historia de un señor intelectual que se enrolla con una chica “sencilla”, a la que no deja de elogiar en ningún minuto del metraje, y a la que, debido a una patología incurable (llamada “consciencia”) no puede seguir en su justificadísimo desbarro amoroso, porque ya sabemos que una mujer sana y telúrica como dios manda se va de la pinza con el amor que es una gloria.

Y luego llega otro señor intelectual y nos dice que la peli “deja preguntas abiertas”.

imagen de la repugnante escena final, donde ella canta I will survive para dejar claro que una verdadera chica sencilla supera cualquier trauma amoroso, de modo que no debemos sentir remordimientos por el que le causemos.

¿Sabéis cuáles son las preguntas verdaderamente abiertas? El nombre de las verdaderas peluqueras, y qué es lo que piensan realmente de esta peli de mierda con la que se ha hipertrofiado el discurso autoexculpatorio masculino para la seducción y la invitación al amor abusivo como tecnología de extracción de vss. El “no eres tú, soy yo”. La verdadera peluquera del director, pero también la del crítico. Las damnificadas, en definitiva, y cómo contarían ellas esto mismo.

Otra vez me he alargado…


miércoles, 24 de mayo de 2017

¡cuestionando la belleza normativa!... pero no tanto.


Como el tema de la próxima quedada del grupo de Facebook es el valor sociosexual (VSS) he posteado en él este ya celebérrimo vídeo con el texto “veis/oís algo raro?”

Ha sido un error, porque yo ya tenía pensado qué era eso raro de lo que quería hablar, y con lo que me he encontrado ha sido con que la gente del grupo se/nos ha regalado un montón de análisis diferentes, relacionando siempre el vídeo con el VSS, a cuál más interesante, y que darían, todos, para su propio texto.

Así que he decidido hacer una entrada con mi idea original. Para ver las restantes os remito al grupo y a que, si no sois miembros, me solicitéis que os agregue por el medio que prefiráis.

En fin, éste es el chirrido que a mí me ha sonado más estridente:

Resulta obvio que lo que se nos presenta es una apología de la desnormativización del canon de belleza. Se nos está transmitiendo ese mensaje tan popular de que cualquier persona es hermosa, de que las cosas que habitualmente hemos considerado desagradables no lo son tanto si superamos prejuicios, de que la belleza se da en muchas formas, no sólo en las más frecuentes, promediadas o convencionales,… Mil etcéteras; os sonarán todas.
Se nos dice esto mediante un ejemplo exitoso en el que una persona con una característica que el patrón normativo considera un defecto “triunfa” en su cita, en vez de ser rechazada por aquella otra a la que ha sido presentada.

Y mientras nos regodeamos en el final feliz que representa la realización de la utopía, ella nos cuenta lo mucho que la apoyó su padre desde niña, y nos dice: “me enamoraría de alguien como mi padre. Bueno, un poco más alto.”

Espera…

¿Quieres decir que si te hubieran presentado a alguien con la altura de tu padre le habrías dicho “aspiro a que mi alopecia se integre en el canon de belleza, del que te dejo fuera por enano”?

Pues claro. Exactamente eso.

Los ataques al canon de belleza normativa vienen siendo así de ingenuos y, por supuesto, de estériles. Parece que la lógica del VSS, ésa que dice, simple y llanamente, que el VSS es el mejor predictor en la formación de relaciones porque los sujetos procuran, por encima de cualquier otra consideración, obtener el máximo VSS posible, es algo más que el síntoma de una moda.

Lo que quiero traer aquí, apoyado precisamente por el ejemplo del vídeo, son algunas características de estos supuestos ataques al canon que demostrarían que no hay tales ataques, dado que estos se realiza estrictamente dentro de la lógica de la optimización del VSS y, por lo tanto, de la competitividad clasista e, incluso, de la exacerbación, tanto de ésta, como de la estética que dice cuestionar.

Estas características no están sólo presentes en campañas mediáticas y grandes hits hiperretuiteados. Están en nuestro discurso, en nuestra manera de hacer como que combatimos el canon sin poner en peligro nuestro VSS, en nuestra reivindicación constante de que nosotrxs no participamos de eso que todxs hacen. Y, por supuesto, en nuestra resistencia desesperada, traumatizada, a reconocer que, en la búsqueda del amor, estamos representados por una cifra.

Veámoslas:

1-En todos estos cuestionamientos hay un sujeto estéticamente marginal que se reivindica a sí mismo cómo objeto de deseo. La razón que respalda esta reivindicación es el derecho inalienable a considerarse especial y, por lo tanto, “como las personas guapas” (es decir, no hay razón alguna, más allá de la fe voluntarista en unx mismx. Frente a la lógica del VSS, el mismo pensamiento mágico que el neoliberalismo impone a lxs emprendedorxs).

2-En todos ellos, el sujeto protagonista no se cuestiona su propio deseo. Parte inalienable de la dignidad reivindicada es poder elegir, y la posibilidad de elegir sólo puede representarse eligiendo aquello que todo el mundo elegiría. Escapando del disciplinamiento al que la lógica del VSS somete a las personas reales, estos sujetos creados por su propio discurso se caracterizan porque nunca se desearían a sí mismxs.

3-Mediante la separación entre personajes sujeto y personajes objeto, se invisibiliza la contradicción entre el punto 1 y el punto 2. Si echamos un vistazo general al conjunto de todos estos discursos reivindicativos, el resultado es un paisaje absurdo: un montón de personas ejerciendo a la vez su derecho a pedir algo y su derecho a no escuchar las peticiones del resto. La propuesta es una sociedad en la que cada individuo grita “¡soy más guapx de lo que creéis!” mientras se tapa los oídos para no oír el grito de todxs lxs restantes, confiando en que eso le ayude a ser escuchado. Es decir, una exacerbación suicida de la competición, en la que todas las energías están puestas en competir.

4-Se representa una elección contra la lógica del VSS que es siempre tramposa. Quien dice elegir sin atender al canon lo hace sólo en la medida en la que su opción corresponde con su VSS. No cuestionamos la lógica del VSS por elegir personas con poco VSS, sino por elegir a aquellas que tienen menos VSS que nosotrxs. Y no por elegir a quien tiene menos VSS del que nos atribuimos en nuestro discurso (que es, por lo tanto, una forma de marketing) sino del que tenemos en realidad. Y eso no es lo que aparece en estos supuestos cuestionamientos.

La lógica del VSS es respetada como una ley de hierro. En el ejemplo del vídeo, la mujer, una vez mostrada su alopecia, no reduce su VSS a uno por debajo del hombre con el que cena; antes al contrario, lo aproxima al de él. Si bien se produce un efecto normalizador (y por lo tanto deseable) de la alopecia, esta normalización sólo consiste en la inclusión de la alopecia en lo cuantificable como VSS. La inclusión de la característica marginal reivindicada se realiza a cambio de características normativas compensatorias, de modo que el VSS no sufra merma. El objetivo es evitar que haya individuos que se consideren a sí mismxs fuera del mercado.

No se trata de que la mujer del vídeo deje de ser juzgada por su alopecia, sino, precisamente, de que sea juzgada por ella; de que la alopecia aparezca también como factor mercantilizable. “Te queda bien”, le dice su compañero. “Aunque te quedaría mejor tener pelo”, podría haber añadido. “Si tuviera pelo no estaría cenando contigo”, apostillaría entonces el VSS.


miércoles, 17 de mayo de 2017

instrucciones para deshacernos del amor.


Parece que es mucho más fácil criticar al amor que encontrar qué hacer una vez que se ha rechazado. De hecho, la mayoría de los cuestionamientos acaban llevándose a la práctica reintegrando al amor de un modo u otro, a veces porque se le echa de menos, a veces porque no se encuentra forma de evitarlo.

Voy a intentar esbozar una propuesta práctica construida íntegramente al margen del amor. Estoy seguro de que nos entenderemos y trataremos mejor en la medida en que consigamos inventar y llevar a cabo un rechazo decidido del amor como sistema, y de que esto repercuta en el fin de su hegemonía en nuestro discurso y, por extensión, en nuestra vida.


1 – Descompón el amor.

La resistencia del amor a todo intento de superarlo se basa, principalmente, en su primer mito: el amor es. Hay una cosa que se llama amor y que está por todas partes. Es incontrovertible que la hay y el mundo no se puede explicar sin referirnos a ella.

Pero, si tienes a mano una lupa, podrás comprobar enseguida que el amor no es un elemento puro. Está formado por un montón de partículas, y cada una tiene su propio nombre. Así que abandona el trazo grueso y empieza a llamarlas por él. Distingue al afecto del apego, la indignación legítima de la ilegítima, las diferentes necesidades, las emociones básicas…

A medida que hables con mayor propiedad (y eso no significa adoptar la terminología del blog, sino disponer de una terminología suficientemente sutil como para despiezar al amor) la presencia del amor en tu discurso y en tu manera de entender las relaciones se irá diluyendo.

Al final, el término sólo quedará para referirse a lo que el amor realmente es: la ideología cuya finalidad es establecer gamos (o, habría tal vez que actualizar, buscarlo compulsivamente). Te servirá, además, para señalar las situaciones en las que esa ideología es llevada a la práctica.

Y recuerda: el amor exige para sí autoridad total. Si no pugna por imponerse por sobre la justicia y la razón, entonces no es amor. Mira bien a ver qué es.


2 - Júzgalo

Cuando tenemos al amor acorralado nos suele poner cara de cachorritx. Pero no dejes que te camele. Él te dirá que sus intenciones sonbuenas, pero su palabra carece de garantías. Compruébala.
Podemos llegar a abandonar con cierta facilidad el hábito de sentirnos segurxs cuando nos ofrecen amor. Requiere algo más de valentía recordar que cuando lo ofrecemos nosotrxs tampoco estamos garantizando nada. En realidad, estamos pidiendo carta blanca. Por eso no sólo debemos aceptar que nuestro amor no es garantía para otrxs. En realidad, ni siquiera nos deberíamos sentir mejores por amar.


3 – Apaga la tele.

Es broma. Además, una tele apagada no se puede volver a apagar, ¿verdad?
Lo que quiero decir es que el discurso presente en los productos de la cultura del ocio (y, en gran parte, de la otra) no es el de una persona que te dice que ama. En el “amor” de una persona, una vez descompuesto, puedes encontrar algo rescatable. Pero lo que te ofrece una canción o una película (eso que veíamos antes de que llegaran las series) es ideología amorosa directa de la fábrica. Propaganda. Muy interesante si te dedicas a analizarla, pero muy contaminante si le das algún crédito.
Lo más rápido: un filtro antiamoroso. Donde se hable de amor, una cruz. Exactamente lo que hacemos con la difusión de otras ideas. Hagámoslo también con el amor. Nos vamos a quitar un montón de trabajo inútil, y además vamos a mejorar muchísimo nuestro gusto cultural.


4 – Analiza tus renuncias.

Éste es el favor que te vas a hacer a cambio de todo lo anterior (bueno, de los dos primeros puntos, porque el tercero es también un favor, reconozcámoslo).
Cada vez que creas que dejar de lado el paradigma amoroso te quita algo, piensa con detenimiento qué es eso que te está quitando. Saca otra vez la lupa. Si miras con cuidado descubrirás que sólo hay dos cosas a las que debes renunciar realmente: al amor como sistema general mediante el que organizar tu vida, y al amor como patente de corso. Todo lo demás se vuelve posible de nuevo en cuanto encuentre su propio nombre y éste designe a algo legítimo. Y, si no es legítimo, cuanto antes lo descubramos, mejor.


5 – Recuerda: lxs demás.

El amor ha dejado de ocuparse de tu entorno relacional. Ya no eres buenx sólo por amar mucho. Ahora tu bondad no depende de lo que sientas sino de lo que hagas. Encárgate de ello. Es sólo adquirir esa costumbre. Y en gran parte ya la tienes. Sólo se trata de llevarla a la más deslumbrante de las excelencias. 


domingo, 14 de mayo de 2017

FESTIVAL DEL AMOR


No me lo vais a saber agradecer, pero he realizado la tediosa tarea de hojear las letras de las canciones del Festival de Eurovisión con la ilusión de tener algo que contar.
he llegado a la mitad, casi (20), y doy aquí fe de que:

-hay dos en idiomas que no entiendo (ni me he molestado en que me traduzcan).
-de las 18 restantes hay dos de mensajes eurovisivos (viva Europa, viva el mundo)
-de las 16 restantes 11 HABLAN DE AMOR.

¿De qué hablan las 5 restantes?
-dos hablan de vivir el presente.
-dos hablan de sobrevivir a las hostias del presente.
-una es un mensaje de ánimo a una persona hundida (¿por el presente?)

Yo me esperaba un gran mensaje consumista neoliberal, animando a emprender, a crecer y a gastar, autopromoción capitalista y bla bla bla...
No, claro que no. esperaba lo que he encontrado, poco más o menos.
El sistema que odiamos no se vende a sí mismo. nos vende amor.
Pero las alarmas no nos saltan.

O, expuesto de otra manera: el neoliberalismo se justifica a sí mismo por el amor. El éxito amoroso es la razón por la que debemos asumir el neoliberalismo.

Y en los huecos que le quedan nos dice que vivamos la vida. "¿qué es la vida?" podríamos preguntarle. "¿cómo se vive?"
“¡Pero si te lo he dicho once vece!”, nos contestaría.

Así que la vivimos (=amamos), fracasamos, nos hundimos y, excepcionalmente, nos mandan un mensaje de ánimo.

La historia presentada es la de todo producto de ocio generalista: un marco político no cuestionado, monarquía perfecta y sobreentendida, en el que se nos cuenta una historia de amor con la que nos identificamos gracias a la representación de algún que otro altibajo.

Lo dicho: el enemigo pasándonos la mano por el lomo. Y nosotrxs le ronroneamos desde la mantita.

A lo mejor el gallo de Manel es un buen símbolo de esta paradoja. Como un fallo en Mátrix.


lunes, 8 de mayo de 2017

el laboratorio erótico de Sofía: LA AMIGA DE SOFÍA


Recibo un inesperado wsp de Sofía: “ven. Quiero presentarte a alguien.”

“Inesperado”, unido a “de Sofía” es un pleonasmo. Un pleonasmo es una figura retórica consistente en añadir palabras innecesarias cuya función expresiva es el énfasis. Pero es que los mensajes que recibo de Sofía son inasequibles a la generalización. Incluso bajo la categoría de “inesperado”. Da igual que ya sepa que me van a sorprender. Aun así, siempre me sorprenden.

“Ok”, es mi insulsa respuesta. Si cualquier otra persona me dijera “quiero presentarte a alguien” le contestaría “¿por qué?” y, respondiera lo que respondiera, crearía un colchón de seguridad entre la petición y su satisfacción diciendo “hoy no puedo”. Pero si Sofía me propone algo todo lo que pueda retenerme se vuelve de papel. Una propuesta de Sofía cambia automáticamente mi disposición anímica como si se pulsara un botón. Son mis propias tareas las que parecen indicarme que la mejor manera de realizarlas es abandonándolas por algo de lo que sólo conozco la fuente.

Antes de comprometerme con ello, ya lo estoy haciendo.

“Ok”, le digo. Pero no hace falta. Eso sí que es un pleonasmo.
Cuando llego al lugar acordado Sofía ya está allí. Ella y Diego, un conocido de ambxs por quien no siento especial simpatía. Hay una cuarta persona, a la que me presenta como “Fredi”. De modo que Sofía va a aprovechar para que Diego también le conozca. Bueno.

Pero Fredi no es el objeto de nuestra cita. O eso nos cuenta Sofía, a saber con qué intención. Nos dice que Carla, una gran amiga suya, está a punto de aparecer, que hacía tiempo que no venía a Madrid, y que quería aprovechar para presentárnosla. “Sé que os va a gustar”, nos dice.

Apenas cinco minutos después aparece Carla. Está claro que es una mujer interesante y de carácter absolutamente encantador. Está claro, porque Sofía ha dicho que nos va a gustar, y es evidente que no podía referirse a su aspecto. No describiré ese aspecto, pero cuando toma asiento junto a la anfitriona, el contraste es extremo. No es que Carla me genere ningún tipo de repulsión. Es, simplemente, que, ante ella, el deseo se ausenta. Nada que ver con lo que me pasa cuando miro a Sofía.

Estoy seguro de que no soy el único que está pensando algo parecido. Y estoy seguro de que Sofía es consciente, porque de vez en cuando reorienta la atención del grupo sobre Carla. Efectivamente, no sólo es interesante y sensata, sino que combina la empatía con el protagonismo en dosis perfectas. Carla nos ha convencido sin esfuerzo de que valía la pena conocerla. Eso hace que la diferencia de atractivo destaque aún más, porque ahora es prácticamente la única diferencia.

Pero Carla tiene que irse. Es muy probable que haya más gente por la que tenga que ser conocida, de modo que se despide afectuosamente y lxs tres convocadxs nos quedamos solxs con Sofía. Lxs tres a solas con Sofía.

“Ofrezco sexo al primero que sienta deseo por Carla”, nos dice.

Nos lo ha comunicado como quien informa de que tiene que ir al servicio. En cualquier otra situación, con cualquier otra persona, habrían surgido risas nerviosas. Pero aquí, nosotrxs, con ella, nos hemos saltado esa fase y pasado directamente a mirarnos con mutua desconfianza.

Comprendemos que acaba de empezar la parte práctica del ejercicio. Y es una competición.

-¡Un momento! ¡Un momento! ¡Un momento! – interrumpo, sea lo que sea, aquello que está teniendo lugar - ¿Quieres decir que la condición para acostarte con nosotrxs es que nosotrxs nos acostemos con Carla?
-No.

Nos seguimos mirando lxs tres. No podemos dejar de mirarnos. Estamos atadxs a mirarnos, lxs unxs a lxs otrxs.

El idiota de Diego es el primero que salta:
-¡Ya está! ¡La deseo! – afirma con convicción.
-¿Por qué? – pregunta Sofía, como si hubiera estado esperando exactamente esa declaración.
¿Ahora qué, idiota? Vamos, Sofía. Machácalo.
-Porque es una mujer muy interesante. Siento deseo. En serio.

Diego sólo ha hablado para poder dejar de hacerlo. Ni siquiera buscaba convencer. Sólo escapar. Ningunx le ha contestado. Sofía ya lo había hecho. Su “¿por qué?” era más que suficiente.

Ahora nadie mira a nadie. Todo el mundo parece mirarse a sí mismx. Todo el mundo escarbando en el pozo de su deseo en busca de Carla, para poder encontrar detrás a Sofía. O construyendo algún tipo de engendro estratégico, allí, en el fondo de su pozo.

Entonces habla Fredi. Con mucha serenidad. Como si la serenidad fuera su verdadero mensaje.
-Deseo a Carla. Es normal que la desee. Lo he pensado despacio y, sí, por supuesto que su cuerpo no me llama la atención a primera vista. Pero sé que eso después me dará igual. Que ese cuerpo se llenará de significado porque el significado ya está en ella y se asociará poco a poco a su cuerpo. Así que sí: la deseo. Me parece lo más sencillo del mundo. Y si no nos lo hubieras propuesto en estas condiciones tarde o temprano la habría deseado.
-¡¡¡¡¡No, no, no, no, no!!!!! – vuelvo a interrumpir. – ¡Vamos a ver! Aquí se están produciendo cosas que… ¡No, no, no! Esto no es así. O sea, la idea está bien, pero esto no es así. ¿¡Dónde está la legitimidad de todo esto!? ¿Qué sentido tiene? Es que hay mil cosas… Se me ocurren mil cosas que decir. ¡Sofía, no lo has planteado bien! ¡…objeciones! ¡Eso es! ¡Tengo mil objeciones!
-Israel – dice, mirándome profundamente, y su mirada me calma como si yo fuera un cachorro al que cogen por la nuca. Me sonríe afectuosamente - Eres lento.

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Regreso a casa con un desasosiego sexual parecido al de otras veces. No sé si siento indignación, sincera curiosidad intelectual, o simplemente estoy excitadísimo. Mi cabaza, eso sí lo sé, hierve con cada detalle de lo que acaba de pasar. Se encuentra en modo “Sofía”. “Velocidad Sofía”.

Y soy lento.

No entiendo cómo se puede correr más. Cómo se puede gestionar esa situación en unos minutos. Todavía me es imposible obtener una idea clara de las implicaciones éticas, no sólo para cada unx de lxs tres, sino para la propia Sofía. Y, por supuesto, para Carla. La había olvidado por completo. ¿En qué ha consistido esa presencia? ¿La había preparado con Sofía? ¿Era todo una actuación?

Busco en mi memoria pistas que me puedan dar una respuesta, y me retrotraigo al momento en el que ha llegado. Su aparición adquiere ahora un carácter perturbador, y tengo la sensación de estar mirándola más en mi recuerdo de lo que lo hice cuando el recuerdo se formó. Llego al momento en el que se sienta junto a Sofía y encuentro que algo ha cambiado con respecto a lo que esperaba. Ambas están unidas ahora por un vínculo nuevo. Aquella neta diferencia, entre alguien que atrae y alguien que no, ha desaparecido…

“Sin hacer trampas”, pienso, mientras me reclino contra la ventana del vagón, y dejo que la satisfacción me inunde. Mientras disfruto de la experiencia sexual que Sofía acaba de regalarme.