miércoles, 16 de septiembre de 2020

FEMINISMO RADICAL Y AMOR. RESPUESTA A LA MESA REDONDA DE LA ESCUELA ROSARIO ACUÑA


He hecho este vídeo porque ha surgido la oportunidad de contar algo importantísimo. Por eso de antemano os animo a utilizarlo como material divulgativo, didáctico, y de debate y confluencia con el feminismo. Esto es lo que tenemos para contestar a quienes se muestran suspicaces con la agamia porque el feminismo radical no la ha avalado.

Lo explico en los primeros minutos, pero os lo voy a resumir aquí: la AGAMIA está huérfana de FEMINISMO, porque el feminismo que le corresponde, el no sexopositivo (es decir, el que cuestiona la revolución sexual desde una perspectiva de género) ha sacado ese cuestionamiento, y todo lo concerniente a las relaciones, de su agenda y de su temática.

La agamia se adscribe al feminismo, pero no tiene un feminismo en el que mirarse, porque quienes deberían hablar desde él, callan. Y cuando hablan, como aquí, mejor habría sido que hubieran seguido en silencio.





lunes, 27 de julio de 2020

Presentación del libro


Este domingo he compartido un rato muy agradable con la gente de Agamia. Comunidad y memes, (página de divulgación y humor ágamxs que os recomiendo vivamente) presentando el libro.

Os dejo el vídeo del encuentro, que puede serviros para hace realizar una primera aproximación a sus contenidos, a su estilo y, sobre todo, a su sentido, su intención, su espíritu.

Eso sí, en ningún momento nos acordamos de mostrar el libro a cámara, así que si queréis ver su aspecto os tendréis que ir aquí.


miércoles, 15 de julio de 2020

aliados


A estas alturas ya hay bagaje para valorar si nos va bien con el término “aliado”. Y parece que nos va mal.

Una vez agotada su novedad la comparación con el clásico “feminista” no parece arrojar grandes ventajas. Por un lado sí, evita el borrado de las mujeres y la usurpación. Por otro suena tan adulador y a la vez autoelogioso, tan mezquino en definitiva, que parece justo el término que elegiría un infiltrado.

El término “aliado” tiene dos graves defectos fundamentales con respecto a “feminista”, aplicado este a un varón. El primero es que designa una conducta. El feminismo es muchas cosas, unas teóricas y otras prácticas. Quien es feminista, que nunca lo es ni deja de serlo del todo, dado que todxs nos movemos en una franja de niveles de igualdad correspondiente a nuestro contexto histórico y cultural, puede serlo de manera combinada, teórica y práctica, pero también puede serlo de manera descompensada. Eso es propio de cualquier ideología que vaya acompañada de un movimiento social o incluso de la que, simplemente, pueda derivarse una práctica.

Si decimos que X es marxista no estamos concretando en qué sentido lo es. X puede ser experta en marxismo, o puede llevar una vida que Marx aprobaría, o puede, simplemente, autodesignarse así. X puede ser, incluso, burguesa, es decir, enemiga de clase del marxismo. En tanto que no concretemos en qué sentido es marxista la categorización no tiene por qué ser incorrecta. Esa incertidumbre debe ser asumida en su uso. Es una limitación en el término que sirve para disponer de su generalización. Si ser marxista fuera una cosa muy concreta todos los sujetos que quedaran fuera caerían bajo la categoría “no marxista” de un modo indiferenciado que aumentaría la confusión. Para que “marxista” nos dé más información debemos seguir preguntándole y añadiéndole nuevos términos.

Sin embargo, cuando decimos que Paco es aliado hemos concretado mucho más. Paco no está necesariamente de acuerdo con la teoría, aunque seguramente se lo atribuyamos. Lo que sabemos con certeza es que Paco ha sellado una alianza, es decir, que está fiablemente comprometido con llevar a cabo conductas coherentes con los postulados feministas.

“Aliado” es, por lo tanto, una categoría práctica y, por lo tanto, moral. Nada en contra de las categorías morales, salvo, lógicamente, cuando son a priori. Si Paco dijera de sí mismo que es generoso, prudente o sincero lo único que sabríamos de Paco es que es alguien que exige de nosotrxs una confianza que le beneficia. Paco pide que se le atribuya, a priori, la categoría “bueno”. Paco es, al menos en este sentido, malo.

La autodesignación “aliado” es de esta naturaleza. Es, por lo tanto, no un paso menos, si un paso más que la autodesignación “feminista”. El feminista puede reducir su feminismo a una admiración intelectual. El aliado va más allá: hace cosas. ¿Qué cosas? No lo sabemos, pero en tanto que las hace, ya merece más compensación que el feminista.

El segundo defecto se deriva del primero; se trata de la falsa modestia. Un aliado no solo se autodesigna como sujeto activo en el movimiento feminista, sino que con ello efectúa también un supuesto gesto de humildad que lo proyecta a una categoría superior a la del hombre feminista. Ese menos-es-más no tiene, además, contraprestaciones. Fuera del feminismo lo mismo da ser feminista que aliado. Dentro, un aliado es superior. ¿A cambio de qué? De nada; de la autodesignación misma. Es esa autodesignación, y ninguna otra cosa la que, a la postre, es valorada como el acto feminista que lo legitima: “Aunque no haga nada más ya ha hecho algo: ha dado un paso atrás.” ¿Lo ha dado? No lo sabemos, pero en tanto que se trata de una categoría práctica, es decir, que designa una práctica, debemos entender que lo da realmente, que lo ha dado, que suele darlo, que lo está dando ahora, lo parezca o no.

Aún hay un tercer problema con la designación “aliado”. No me extenderé sobre él por razones de espacio y por conservar la fuerza persuasiva del texto. Lo dejaré solo enunciado con vistas, o no, a ulteriores desarrollos: distinguir feminista de aliado tiene como consecuencia la subjetivización de la teoría feminista, dado que establece sujetos de enunciación privilegiados cuyas posiciones prevalecen sobre la fuerza de los argumentos. Frente a la tendencia naturalmente democrática de la racionalidad recogida en la frase “la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”, la categorización entre sujetos que teorizan tiene como consecuencia no que unos reciben prioridad con respecto a otros (esto sería lo de menos) sino que cualquier idea puede escudarse en la categoría del sujeto que la enuncia, o quedar indefensa ante el que no lo hace. Pero mantengamos el foco en las dos críticas previas.

Lo que se ganaba con el término era, como decía al principio, evitar la usurpación en el feminismo; evitar confundir tanto al sujeto del feminismo (las feministas) como al objeto (las mujeres). El feminismo no debe ser ni de los feministas ni para los feministas. Una vez que son llamados “aliados” el peligro se disipa.

No creo que sea así. ¿Un feminista sustrae, conserva, en la práctica, más privilegios que un aliado? Con respecto al uso de la palabra entiendo que la autodesignación es indiferente, dado que se trata de distinguir a hombres de mujeres, y la socialización de género hace que para ello no se requiera terminología alguna. Un hombre feminista, en tanto que tal, no posee grandes ventajas sobre un aliado a la hora de acaparar la palabra. Si hablamos de otro tipo de interacciones, es notorio que el aliado se ha ganado, gracias a su “humilde gesto del paso atrás”, un salvoconducto, convirtiéndose en el hombre deconstruido, inocuo y seguro, de referencia.

En mi opinión “hombre feminista” es una designación (para las ocasiones en las que esta es necesaria, que son muy, muy pocas) más que suficiente, como lo es la de “marxista burgués”, siempre que se lleve hasta las últimas consecuencias y se deje atrás la traicionera tendencia a entenderlo como un oxímoron asumiendo que, “dado que un hombre no puede ser feminista, si es feminista será que no es hombre”. Nada debe asombrarnos de que los conflictos generen tránsfugas, pero un tránsfuga ni está del todo en un lado ni lo está del todo en el otro; el segundo transfuguismo siempre será más fácil que el primero. Ser hombre, ya se sea feminista, pelirrojo o en cuclillas, significa pertenecer al sujeto opresor del patriarcado, y la estructura opresora tendrá grandes beneficios que reportarle y estará ahí para tentarlo siempre. Un hombre feminista es un hombre, y debe llevar a todas horas y en todas partes su designación completa. Esa que se ha apocopado, con tan inquietantes consecuencias, en “aliado”.



lunes, 29 de junio de 2020

AGAMIA. Programa para la emancipación relacional colectiva


TAMAÑO: 23x15, 422 págs.
ENCUADERNACIÓN: rústica con solapas
PRECIO: 22€ + gastos de envío

Han pasado más de seis años desde que la agamia viera la luz en este blog. Durante este tiempo el interés por ella ha ido creciendo hasta alcanzar tanto a gran parte de la comunidad no monógama como a muchas de las personas que cuestionan nuestra cultura relacional desde cualquier perspectiva. Se ha creado, además, una auténtica comunidad internacional específicamente ágama.

Paralelamente, su elaboración teórica ha crecido también, llegando a acumular una importante cantidad de textos. Hace tiempo que quienes se interesan por la agamia empezaron a encontrar complicado formarse una idea general a partir de estos abundantes textos breves, a pesar de sus interconexiones y de la transversalidad de los temas.

Ha llegado un momento en el que se ha hecho necesario articular el conjunto de la propuesta en un formato más integrado y manejable. Eso es este libro, que lleva por título: AGAMIA. PROGRAMA PARA LA EMANCIPACIÓN RELACIONAL COLECTIVA.
El objetivo ha sido recoger lo desarrollado hasta el momento para construir sobre ello una propuesta mucho más amplia, completa y manejable. En él se desarrollan pormenorizadamente los temas que esta propuesta relacional ha ido sacando a debate a lo largo de los años, con el superior nivel de profundidad, unidad y organización que aporta el formato libro. Quienes os animéis a echarle un vistazo descubriréis el resultado de estos dos últimos años de reflexión, práctica y activismo en los que el blog había sido parcialmente relegado en favor de este proyecto.

Encontraréis información actualizada sobre el libo en la página de facebook Agamia. Día uno. Además podréis encontrar vídeos introductorios a las distintas secciones del libro en el canal de youtube videoagamia.


Confío en que este trabajo nos ofrezca nuevas respuestas que nos ayuden a formularnos nuevas preguntas.

PEDIR LIBRO aquí



lunes, 3 de febrero de 2020

debatir sobre amor con efectividad, en 7 pasos.


Llevamos mucho tiempo hablando sobre amor e intentando explicarle a la gente por qué tenemos tan claro que esto del amor merece, siendo generosxs, un chequeo en profundidad.

Y estamos, lamentablemente, curtidxs en conversaciones trabadas, circulares, extraviadas en afirmaciones prerracionales que agotan nuestra energía y acaban transmitiendo la sensación de que no se ha llegado a nada y por tanto el tema, que tendría que ser clarísimo, quizás no lo sea tanto.

Luego, al volver sobre estas conversaciones, conseguimos poner orden, y comprendemos los mecanismos que han provocado que los razonamientos fallen o, más bien, que no hayan podido operar normalmente. Entendemos cuál ha sido la trampa que en cada ocasión ha hecho otra vez difícil llegar al punto de partida que proponemos, tan obvio, que es que el amor necesita esa revisión en profundidad y, muy probablemente, ser sustituido como referente relacional.

Opino que se trata de un problema fundamentalmente técnico. Nos faltan automatismos que nos conduzcan con agilidad al terreno del debate real, y que puedan, con la misma agilidad, evitar los lugares comunes en los que la ideología amorosa se refugia para poder postergar indefinidamente este debate.

Por eso he pensado que un esquema como el que os propongo puede ser útil. Tener claro este dibujo, o uno similar, y tener claras las razones por las que debe ser seguido en cada paso nos ayudará a salir airosxs de la gran mayoría de esos escollos. Con un poco de suerte lograremos el ansiado objetivo de llevarnos al amor al lugar en el que debe estar, es decir, el del debate y el análisis, y del que, como sabemos, es bien difícil que escape indemne.
He intentado no acumular demasiados eslabones ni dejar fuera ninguno relevante. Como veis el resultado es un esquema de siete pasos, que son otros tantos recursos que emplea el discurso amoroso para eludir el análisis. Mi idea ha sido ordenarlos según una serie más  o menos lógica para darles un sentido de recorrido que ayude a su comprensión y automatización, aunque es evidente que es raro que los siete aparezcan juntxs en la misma conversación o que se siga exactamente esta secuencia. Sin embargo, cada uno va cerrando un poco más las vías de escape al amor, y cada vez que este avanza un paso por el camino verde, condenando una salida roja, se encuentra un poco más cerca de la casilla final, es decir, se ve cada vez más atrapado en el espacio del debate verdadero.

Los detallaré tan sintéticamente como pueda. Recordad que el objetivo es que esta secuencia, u otra similar, se convierta en un camino automático y automatizado del que les sea difícil sacarnos. Que les sea complicado llevarnos a ningún otro sitio que no sea el espacio de la racionalidad ética.

PASO 1 – Este es el más general; el que constituye el necesario reconocimiento del acto mismo de la comunicación y de todxs lxs interlocutrxs como tales. Fuera de él la comunicación es imposición unilateral y, normalmente, violencia. Veamos en qué consiste.

En el Banquete de Platón comprobamos cómo ya entonces hablar de amor no era necesariamente hablar para entender el amor, o para aclarar nada sobre él, sino más bien un ejercicio de regodeo sensitivo con fines lejanos al análisis (enardecer la pasión amorosa, normalmente, calentar, hacer que el amor opere y tenga consecuencias). Es lo primero que deberemos señalar en nuestra conversación sobre amor. Vamos a exponer ideas, a PENSAR, no a MANIPULAR emociones. Esto último puede ser legítimo en otras circunstancias (un texto literario, por ejemplo) pero para eso, como para que te den un masaje, por más placentero que sea, hace falta consenso específico. Hablar conlleva, a priori, respetar las condiciones de racionalidad de la conversación. Conlleva poner las cartas, es decir, los argumentos, sobre la mesa, y dejar que sean ellos, y no un sujeto, los que persuadan. Respetarnos implica dejar de lado el lenguaje poético. Cuando queramos un masaje lo haremos saber.

PASO 2Stilla olei ardentis − Ya estamos en el espacio del diálogo. Y como sabemos que el amor es tramposamente polisémico vamos a preguntar qué es el amor. DEFINIR debe ser nuestro punto de partida. Cualquier ladrillo que pongamos antes que este se estará apoyando sobre el aire. Entonces nuestrx interlocutor/a nos mirará compasivx y nos explicará que el amor no puede definirse. Es el momento perfecto para devolverle el favor y explicarle a su vez que, si bien lo que afirma parece poco probable porque se trataría del único concepto conocido que no puede definirse, vamos tomando nota de esta exigencia como característica relevante a la hora de dar, precisamente, su definición (“concepto que enuncia sobre sí mismo que no puede definirse”. Vaya, ¿a qué me suena esta prohibición sobre el saber?). Si nuestrx interlocutor/a colapsa ante la necesidad de especificar qué quiere decir cuando emplea el término “amor” podemos ofrecerle la salida de la NULIDAD: un concepto cuyo contenido no puede especificarse es un concepto sin poder comunicativo. No puedo entender lo que dices, hablas un idioma absolutamente individual. Es, literalmente, una sucesión arbitraria de sonidos, una no-palabra y, por lo tanto, queda fuera del vocabulario. Por nosotrxs, perfecto. Que no la volvamos a oír.

PASO 3 – Algunxs interlocutorxs se avendrán a definir, y algunxs se mostrarán encantadxs con ello, porque disponen de una bellísima definición de amor que están ansiosxs por compartir. Este es su momento. Escuchémosles: “El amor es desear a la otra persona lo mejor para ella”. “El amor es sentir la armonía de la conciencia”. “El amor es la fuerza que mantiene unida toda la naturaleza”. Cuando la lágrima de emoción haya terminado de correr por su mejilla digámosles que es muy bonito pero que, lamentablemente, resulta IRRELEVANTE (cuidado aquí con los egos heridos, porque nuestrx interlocutor/a cree que nos acaba de hacer un regalo). De lo que estamos hablando no es de lo que el amor debería ser, sino de lo que realmente es; lo que nos interesa no es el tutifruti orientalista que descompone la masa gris de nuestrx interlocutor/a, sino el fenómeno social llamado “amor”, y cómo se manifiesta en el uso popular de ese término. Nuestro objetivo no es proponer un nuevo o viejo amor, sino DESCRIBIR. Queremos saber lo que el amor es. Eso que esta persona ha señalado quizás sea un plan perfecto, pero dado que se apoya en el desprecio hacia la realidad, podemos ya decir de él que empieza mal.

PASO 4 – Hay términos que no necesitan demasiado del uso popular para ser definidxs. No todo el mundo sabe lo que es un quark, por ejemplo, aunque mucha gente estará familiarizada con el término. Pero si al dar su definición esta no coincidiera con la que ejerce como oficial en el campo de la física, la consideraríamos simplemente incorrecta, incluso aunque se tratara de una definición mayoritaria en el uso social. Pero el amor no es un concepto de esa naturaleza. El amor no tiene un libro oficial, aunque muchos libros hayan tenido la pretensión de ser el libro oficial sobre el amor (Fromm, Giddens, Herrera…), y algunos ejerzan parcialmente de ello sin que seamos conscientes. En cualquier caso, a pesar de que estos textos son influyentes, ninguno, ni ninguna de estas definiciones, tiene la categoría de definición correcta. Nunca se la otorgaríamos porque todxs entendemos que antes debe producirse en torno a ello una aceptación explícita y colectiva que jamás se ha producido. Sobre el significado del concepto amor no hay consenso porque no puede haber compromiso, ya que el amor necesita flotar sobre diversos significados de uso coyuntural. Si hiciéramos explícito lo que significa “amor” el concepto se destruiría en su incoherencia. Mañana mismo seríamos lxs primerxs que inclumpliríamos ese compromiso, usando el término de otra manera.

Mientras tanto “amor” será lo que la gente esté dando a entender con el término amor, es decir, aquello que sea más general, funcional y poderoso en esos infinitos usos. Para descubrirlo necesitamos OBSERVAR (escuchar, en realidad, y analizar lo escuchado). Frente a ello nuestrx interlocutor/a, tal vez el mismo que el del paso anterior, puede intentar convertir el concepto amor en un concepto del tipo “quark”. Quizás nos diga que “amor es lo que dijo Ortega y Gasset”, por ejemplo, aunque será fácil explicarle que, con respecto al amor, Ortega es solo otra opinión, muy prestigiosa, qué duda cabe, pero una opinión más frente a la que, entre otras cosas, podrían exponerse opiniones tanto o más prestigiosas que la suya. Es más probable y peligroso que nuestrx interlocutor/a se refiera a una información de la que carecemos (porque aunque no sepamos o recordemos lo que opinaba Ortega sobre el amor, sí sabemos quién es Ortega y podemos calcular cuál es su autoridad). Quizás nos diga que no sabemos lo que es el amor si no hemos leído a Osho, porque Osho no es Osho, sino toda la sabiduría milenaria que tiene detrás y que ignoramos (lo más probable es que estx interlocutor/a la ignore aún más, pero no hagamos sangre). Debemos callar, por lo tanto, ante una REVELACIÓN. O quizás esta revelación se le ha producido directamente a él/ella. Os suena, ¿verdad?: “Para saber lo que es el amor hay que vivirlo. Vosotrxs lo cuestionáis porque no lo habéis vivido, experimentado, sentido…”. En estos casos recordemos, sin reírnos, que este es el mismo tipo de prueba que aportan lxs avistadorxs de OVNIs o de apariciones marianas. Es eso: puro avistamiento. Lo que alguien dice que experimenta pero no puede ser experimentado por otrxs son cosas que sirven para tratar en Cuarto Milenio, pero no en una conversación entre personas serias.

PASO 5 – Hay gente que habla del amor mirando directamente a la realidad, usando datos, experiencias y hechos. El problema llega cuando tienen que INTEGRAR estos datos y nos ofrecen una distribución arbitraria de la importancia de los mismos. “El amor tiene muchas cosas buenas”, nos recuerdan, “no debéis olvidarlas. Las malas a las que os referís son verdaderas, no lo niego, pero no pertenecen a la esencia del amor”.

Seguro que ya habéis reconocido a estxs interlocutrxs. Son quienes distinguen entre (buen) amor y amor romántico, o a través de cualquier otro arbitrario par de conceptos. Y son legión, aunque su obstáculo, una vez entendido, es tan impotente como los anteriores. Lo que parece en ellxs un verdadero análisis sociológico se apoya en una división apriorística e innecesaria cuya misión es, una vez más, salvar al amor: “Aunque lo que analizamos es el amor, es decir, un solo concepto, hablaremos de dos”. Esta conculcación evidente del principio de economía es el resultado de una IDEALIZACIÓN (“el amor es ideal, y todo lo que en él no sea ideal no es amor”) y resulta perfectamente inconsistente, porque en nuestra cultura amorosa ambas cosas van íntimamente unidas y se retroalimentan. Pero eso ahora nos da igual. Lo que verdaderamente nos importa es que esta operación no puede ser previa a la descripción, porque forma parte de la prescripción, es decir, de lo que viene justamente después. De nuevo nos quieren colar un plan antes de que tengamos claro por qué y para qué queremos un plan. Que nos ofrezcan un plan, si quieren, pero cuando llegue el momento. Entonces les recordaremos que nosotrxs tenemos uno mucho mejor. Eso, y no otra cosa, es lo que intentan eludir poniendo el carro antes que los bueyes. Intentan no enfrentar jamás la posibilidad de tener que rechazar el amor.

PASO 6 – “Bien, el amor es cruel. Pero siempre ha sido así y, por lo tanto, siempre lo será (opcional: “está en nuestra naturaleza”). Aprendamos en qué consiste para fluir con él y que no nos destruya su corriente”. Llegaron lxs BIOLOGICISTAS. Lxs estábamos esperando.

Acabemos pronto: la biología, cuando es digna de llamarse así, no habla de amor, porque este no forma parte de su campo de conocimiento. El amor, como toda conducta humana, pertenece a las ciencias sociales. La influencia de las ciencias naturales cae dentro de los factores condicionantes (a veces con una influencia mínima) siempre subordinados al desarrollo de herramientas, materiales o intelectuales, que los domestiquen. Para comprobar este aserto solo tenemos que echar la vista atrás. Nada más falso que la idea de que el amor siempre ha sido así. El amor ha sido siempre diferente, adaptándose a las diversas condiciones sociales que se ha encontrado o, mejor dicho, de las que ha nacido. Lo que para nosotrxs es la esencia misma del amor, por ejemplo su asociación a la pareja, es un fenómeno bien reciente. Otros algo más estables, como su asociación al sexo, nos resultan, sin embargo, inadmisibles como esencia del amor. El término mismo es de una inestabilidad asombrosa. Más allá de unas pocas décadas y unos pocos grupos humanos se produce un vertiginoso vacío con respecto al vocabulario amoroso: otras palabras diciendo otras cosas, que acaban siendo traducidas como “amor”. El amor es, casi casi, algo que estamos inventándonos aquí y ahora. HISTORIZARLO es comprender la responsabilidad que conlleva su construcción.

PASO 7 – Ahí es donde se nos van a intentar escapar lxs últimxs. “¡El amor es malo! ¡Malísimo! ¡Claro que sí! ¡Ya era hora de que alguien lo dijera!” Parece que nos lo concedieran todo, pero no. Lo siguiente que nos van a decir es que ya han sufrido mucho, que ya han luchado mucho, que ya han perdido mucho… y que ahora tienen que mirar por sus intereses. Así que sí, hay que analizar el amor, y hay que hacerlo desde todo tipo de rigor histórico y cultural, y sin compasión, y con la valentía y el escepticismo de un espíritu libre… lo que no hay que hacer es oponerse a él.

¿Creíais que llegadxs al séptimo paso se iban a haber agotado lxs defensorxs (en la práctica) del amor? Pues aquí tenéis a todxs lxs escépticxs, individualistas, solterxs felices (no ágamxs, claro, sino parásitxs de la monogamia) y personas que se aman a sí mismas. Estxs son quienes admiten que el amor es un mal, pero dicen que es “su mal”, y que matarán por él. Son lxs peores, porque son los más conscientes, los que más cerca están, los que no se han perdido por el camino y quieren, ahora que lo tienen todo, quedarse a las puertas. No buscan una mejora o un cambio, sino las reglas de funcionamiento de la máquina. Quieren saber cómo va para pasarse al bando de quienes más eficazmente la explotan. No quieren hacer POLÍTICA, sino que deciden, abiertamente, NEGLIGIR su responsabilidad como miembrxs de la comunidad. Son estxs lxs que nos van a llamar “moralistas”.
 
Es ellxs a lxs que hay que señalar, por lo tanto, como enemigxs confesxs de la comunidad. Es a estxs a lxs que no oponemos ya una norma relacionada con las condiciones del diálogo, el análisis y la comprensión, sino de la acción y la ética. Es a estxs, por lo tanto, a lxs que, simplemente, llamaremos “malxs”, dado que son de quienes más podemos decir que actúan con plena conciencia. A no ser que quieran acompañarnos hasta la siguiente casilla. Es solo un paso más.