lunes, 28 de septiembre de 2020

QUÉ HACER. Aterrizando las ideas centrales de la agamia.


Han pasado más de seis años desde que el texto fundacional estableciera los ejes principales para el desarrollo de la agamia.

El plan se ha ido desarrollando con modificaciones, aunque estas no han sido sustanciales. Por eso la estructura del libro difiere mucho formalmente, pero puede remitirse bien a esta otra que aparecía con el diseño de un mapa mental en agamia.es. Hoy quiero hacer un ejercicio de recapitulación de prácticas y reconectar con aquella estructura primera.

Como sabéis la agamia, a diferencia de otras propuestas, se fundamenta sobre la especulación teórica y la búsqueda de unas bases consistentes que no puedan ser arrancadas de cuajo al primer soplo del lobo. Por eso uno de los problemas que surgen en el acercamiento a ella es cómo debe ser llevada a la práctica, o qué mecanismo conecta ambas cosas. La teoría ágama está compuesta de ideas más sencillas de lo que muchas veces parecen, pero una idea sencilla no tiene porqué ser completa o inmediatamente realizable.

Lo que voy a traer aquí son las herramientas que a lo largo de estos años he encontrado que resultan más eficaces para que estos ejes teóricos transformen la realidad. No serán, por lo tanto, instrumentos exhaustivos, que sirvan para que la vida gamonormada se convierta en completa vida ágama, sino muy significativos, de modo que el cambio pueda ser suficiente para que la vida ágama imperfecta pueda, en cualquier caso, ser justamente llamada “vida ágama”.

El esquema se componía de un elemento central (la agamia misma) y ocho elementos periféricos. Estas son las nueve herramientas que he encontrado como los nueve mejores atajos para, en cada uno de esos ejes, dar el salto de la teoría a la práctica.


AGAMIA. NO FORMES PAREJAS

Pero, aunque no se quiera, al final ocurre con frecuencia que nos encontramos en dinámicas gámicas.

En realidad solo sucede al principio, en las primeras tentativas, cuando aún no hemos formado el hábito, o si nuestra convicción no es clara y legitimamos algunas de esas dinámicas. Pero para eliminar esta complejidad hay una clave que resulta definitiva: no aceptes ninguna forma de apropiación sexual.

Ya sabes que en otras propuestas se negocia el grado de apertura sexual. Esa negociación funciona simbólicamente como una apropiación, que es el componente esencial del gamos. Al final no tenemos una apropiación completa, pero tenemos el derecho a negociar. Eso nos diferencia del resto y, por tanto, nos permite entendernos como gamos. No la negocies. Tu vida sexual es como tu vida como tenista: no es asunto de nadie más que tuyo. No abras el tema, salvo para explicar este principio. No permitas la formación de expectativas, no dejes que la cuestión te orbite. Expúlsala más allá de tu campo perceptivo. Por supuesto eso significa que no podrás apropiarte de la vida sexual de nadie en ningún grado. Pero si esto te causa dificultades el problema no es que no sepas cómo llevar a la práctica la agamia, sino que no sabes qué hacer con los celos. Y ese es otro punto.


AMOR. DALE LA ESPALDA

Claro, pero, ¿qué es concretamente el amor? ¿Cómo sé que esto ya es amor? ¿Hasta dónde puede llegar el afecto?

Desde el punto de vista puramente emocional podemos entender el amor como un afecto exaltado. Utiliza esa referencia. Donde hay exaltación, sobreactivación, proximidad con el desesquilibrio, el amor acecha. De modo que evita la exaltación.

Se puede afinar más, pero la mayor cantidad de problemas aparecen cuando los sentimientos, en general, empiezan a tener demasiado peso. Y, ya sabes, los sentimientos, como todo lo demás, ni mucho ni poco, sino lo justo. Así que, donde aparezca la exaltación, el objetivo pasará a ser, simplemente, desactivarla, empleando para ello los medios que sean precisos.


RACIONALIDAD. DEVUÉLVELE SU LUGAR

Conforme, pero a veces el irracionalismo se cuela en la argumentación. Una conversación ordenada y reflexiva puede acabar legitimando el “no pienses, siente”.

Ya sabemos que quien decida no pensar las relaciones no merece mucha atención. Pero quien se pone a pensarlas y llega a estas conclusiones es muy probable que en algún momento nos haya colado un absurdo y se haya apoyado sobre él para fundamentar su rechazo al pensamiento racional.

Aprendamos a reconocerlos. Según mi experiencia, estos son los más frecuentes, y estas son las formas de refutarlos señalando su carácter absurdo:

Absurdo: el pensamiento, la racionalidad, la consciencia, la lógica, son inútiles y no nos llevan a ninguna conclusión certera.

Refutación: sin embargo esta afirmación, a la que has llegado a través del pensamiento racional, pretende serlo. Si es cierta, entonces el pensamiento racional es eficaz, porque produce conclusiones certerass. Si no lo es, entonces también es eficaz, porque sería falso que es ineficaz.

Absurdo: no existe lo verdadero o lo falso. La verdad siempre es relativa.

Refutación: sin embargo tú has hecho una afirmación que pretende ser verdadera en términos absolutos.

Absurdo: no se deben emitir juicios morales. El bien y el mal son siempre relativos.

Refutación: sin embargo tú acabas de establecer un mandato moral.

Absurdo: el lenguaje es inútil. No podemos comunicarnos a través de él.

Refutación: sin embargo tú has emitido un mensaje que asumes que yo entenderé.

Además de esto, te puede ser útil esta entrada, en la que intento ordenar el a veces enrevesado debate sobre el tema del amor.


ÉTICA. ¿O MORAL?

Bien, pero, ¿cuándo deja la ética de ser ética y se convierte en moral?

Te voy a contar un secreto: ética y moral son lo mismo. Hay distinciones filosóficas, pero no se aplican al uso común, y menos cuando hablamos de relaciones. La distinción entre ambas se realiza solo mediante una connotación que es, precisamente, moral: cuando el presupuesto me parece bien lo llamo “ético”, y cuando me parece mal, aunque sea el mismo, lo llamo “moral”.

Este desdoblamiento es la manifestación más general del principio de doble moral sobre el que se asienta cualquier sistema opresor, que después se extiende por toda la cultura relacional. No lo aceptes. Llámalo moral o ética indistintamente, pero ten una sola. Puede ser flexible, puede no tener principios aplicables a cualquier situación, pero debe tener principios, y debe, a veces, mostrarse rígida. Si solo es flexibilidad e indeterminación, entonces es un espejismo: no hay nada.


SEXO. DESIGNIFIQUÉMOSLO

Demasiado subjetivo. ¿Qué tengo que hacer? ¿Pensar todo el rato que no significa nada?

Más bien buscar constatarlo. El esfuerzo subjetivo se ve recompensado cuando acaba apoyándose en hechos. Esfuérzate en que nada, ni bueno ni malo, pase a causa del sexo. Sal del sexo como entraste. Que lo que tenga lugar sea el sexo, pero nada más. Llegará un momento en que no necesites convencerte de su intrascendencia, sino que estarás convencidx.

Quizá pienses que impedir que haya cambios causados por el sexo sigue siendo casi tan abstracto o difícil como designificarlo. Si es así te propongo un objetivo aún más accesible: analiza esos cambios en cada ocasión. Concrétalos; busca ser consciente de ellos. Verás hasta qué punto son cambios producidos por significados contenidos en el sexo que son ajenos al sexo mismo, y la designificación se producirá sola.


BELLEZA. CONSTRUYAMOS NUESTRO PROPIO CANON DE BELLEZA

No es nada sencillo. Por más que lo intento mi deseo siempre se orienta de un modo muy normativo.

El deseo está íntimamente ligado a la validación del deseo, porque para todo necesitamos que las opiniones de lxs demás validen nuestro aparato psíquico. Si todo el mundo está en desacuerdo es que pensamos mal y deseamos mal. Podemos intentar que el cuerpo responda a nuestra sola opinión, pero va a ser mucho más complicado.

Invierte en construcción social de un canon ético (o moral). Dales a lxs demás la validación que tú necesitas. Facilítale al resto desear a quienes deben desear. En alguna medida, de alguna forma, cuando menos te lo esperes, ellxs te lo devolverán y completarán el ciclo de realimentación virtuoso.


GÉNERO. DESPERTEMOS DE LA PESADILLA

Este tema me parece inscrito en un debate demasiado complejo. Me supera.

Hace no tanto la cuestión era mucho más simple. Y los argumentos no han mejorado. Solo se han polarizado las posiciones, en la mayoría de las ocasiones volviéndose más simplistas. Es la presión política lo que transmite una falsa impresión de complejidad.

El objetivo sigue siendo el mismo: una sociedad donde el género (o su fundamento biológico, el sexo) carezcan de relevancia y poder para estructurar las relaciones.

No abandones ese tema, aunque parezca que cualquier cosa que pienses va a ser demasiado polémica: se puede reducir la expresión del género y a la vez denunciar sus opresiones.

Pero nosotrxs no solo combatimos el género eliminando su expresión, sino que lo hacemos, sobre todo, de manera afirmativa, construyendo otro. Nuestro género se llama “carácter” y, como aquel del que venimos, constituye nuestra segunda naturaleza.


CELOS. HABLEMOS DE “INDIGNACIÓN”

Celos, indignación… Al final es la misma sensación horrible que me impide llevar las relaciones como creo mejor.

Entonces es que solo estamos cambiando el nombre. Cuando hablamos de “indignación” incluimos todas las formas de injusticia en la relación, porque queremos que nuestros conflictos no se concentren artificialmente sobre la apropiación sexual.

Pero, ¿y la herramienta? Es esta: aplica una mirada materialista. Procura resolver la indignación mediante la inclusión de recursos, no mediante su supresión. En teoría, tu indignación no es el resultado de que otra persona tiene algo, sino de que tiene algo que tú no tienes. Tenlo. En el caso de que no puedas tenerlo culpa a quien debas, no a quien tengas más cerca. Y asume, como haces en cualquier otro aspecto de la vida, que todas las personas no tenemos lo mismo, y que ese problema debe resolverse de manera colectiva, no individual.


FAMILIA. AGRUPÉMONOS LIBREMENTE

No es tan fácil. A veces ni siquiera hay gente ágama. Además, la hipoteca, la covid…

No buscamos una comuna, sino comunidad. Nuestra comuna-comunidad, en última instancia, es el mundo, la humanidad, y es con ella con la que nos relacionamos. Nuestro grado de convivencia con ella, de intimidad con ella, de construcción de familia con ella, es el que las circunstancias nos permitan, y en la medida en que construyamos esa convivencia posible será posible otra más amplia o profunda.

Las redes, las relaciones lejanas, las conexiones esporádicas, también son “familia”, pero en un grado menor. No pienses solo en el núcleo duro. Piensa en todos los grados de conexión que son necesarios para participar del mundo y que el mundo participe de ti. Explóralos y constrúyelos también. Quizás sea bueno hablar de “familia difusa”, a la que nosotrxs aportamos, entre otras cosas, esa mejor disposición a relacionarnos y cooperar en el desarrollo colectivo que es la agamia.

 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

FEMINISMO RADICAL Y AMOR. RESPUESTA A LA MESA REDONDA DE LA ESCUELA ROSARIO ACUÑA


He hecho este vídeo porque ha surgido la oportunidad de contar algo importantísimo. Por eso de antemano os animo a utilizarlo como material divulgativo, didáctico, y de debate y confluencia con el feminismo. Esto es lo que tenemos para contestar a quienes se muestran suspicaces con la agamia porque el feminismo radical no la ha avalado.

Lo explico en los primeros minutos, pero os lo voy a resumir aquí: la AGAMIA está huérfana de FEMINISMO, porque el feminismo que le corresponde, el no sexopositivo (es decir, el que cuestiona la revolución sexual desde una perspectiva de género) ha sacado ese cuestionamiento, y todo lo concerniente a las relaciones, de su agenda y de su temática.

La agamia se adscribe al feminismo, pero no tiene un feminismo en el que mirarse, porque quienes deberían hablar desde él, callan. Y cuando hablan, como aquí, mejor habría sido que hubieran seguido en silencio.





lunes, 27 de julio de 2020

Presentación del libro


Este domingo he compartido un rato muy agradable con la gente de Agamia. Comunidad y memes, (página de divulgación y humor ágamxs que os recomiendo vivamente) presentando el libro.

Os dejo el vídeo del encuentro, que puede serviros para hace realizar una primera aproximación a sus contenidos, a su estilo y, sobre todo, a su sentido, su intención, su espíritu.

Eso sí, en ningún momento nos acordamos de mostrar el libro a cámara, así que si queréis ver su aspecto os tendréis que ir aquí.


miércoles, 15 de julio de 2020

aliados


A estas alturas ya hay bagaje para valorar si nos va bien con el término “aliado”. Y parece que nos va mal.

Una vez agotada su novedad la comparación con el clásico “feminista” no parece arrojar grandes ventajas. Por un lado sí, evita el borrado de las mujeres y la usurpación. Por otro suena tan adulador y a la vez autoelogioso, tan mezquino en definitiva, que parece justo el término que elegiría un infiltrado.

El término “aliado” tiene dos graves defectos fundamentales con respecto a “feminista”, aplicado este a un varón. El primero es que designa una conducta. El feminismo es muchas cosas, unas teóricas y otras prácticas. Quien es feminista, que nunca lo es ni deja de serlo del todo, dado que todxs nos movemos en una franja de niveles de igualdad correspondiente a nuestro contexto histórico y cultural, puede serlo de manera combinada, teórica y práctica, pero también puede serlo de manera descompensada. Eso es propio de cualquier ideología que vaya acompañada de un movimiento social o incluso de la que, simplemente, pueda derivarse una práctica.

Si decimos que X es marxista no estamos concretando en qué sentido lo es. X puede ser experta en marxismo, o puede llevar una vida que Marx aprobaría, o puede, simplemente, autodesignarse así. X puede ser, incluso, burguesa, es decir, enemiga de clase del marxismo. En tanto que no concretemos en qué sentido es marxista la categorización no tiene por qué ser incorrecta. Esa incertidumbre debe ser asumida en su uso. Es una limitación en el término que sirve para disponer de su generalización. Si ser marxista fuera una cosa muy concreta todos los sujetos que quedaran fuera caerían bajo la categoría “no marxista” de un modo indiferenciado que aumentaría la confusión. Para que “marxista” nos dé más información debemos seguir preguntándole y añadiéndole nuevos términos.

Sin embargo, cuando decimos que Paco es aliado hemos concretado mucho más. Paco no está necesariamente de acuerdo con la teoría, aunque seguramente se lo atribuyamos. Lo que sabemos con certeza es que Paco ha sellado una alianza, es decir, que está fiablemente comprometido con llevar a cabo conductas coherentes con los postulados feministas.

“Aliado” es, por lo tanto, una categoría práctica y, por lo tanto, moral. Nada en contra de las categorías morales, salvo, lógicamente, cuando son a priori. Si Paco dijera de sí mismo que es generoso, prudente o sincero lo único que sabríamos de Paco es que es alguien que exige de nosotrxs una confianza que le beneficia. Paco pide que se le atribuya, a priori, la categoría “bueno”. Paco es, al menos en este sentido, malo.

La autodesignación “aliado” es de esta naturaleza. Es, por lo tanto, no un paso menos, si un paso más que la autodesignación “feminista”. El feminista puede reducir su feminismo a una admiración intelectual. El aliado va más allá: hace cosas. ¿Qué cosas? No lo sabemos, pero en tanto que las hace, ya merece más compensación que el feminista.

El segundo defecto se deriva del primero; se trata de la falsa modestia. Un aliado no solo se autodesigna como sujeto activo en el movimiento feminista, sino que con ello efectúa también un supuesto gesto de humildad que lo proyecta a una categoría superior a la del hombre feminista. Ese menos-es-más no tiene, además, contraprestaciones. Fuera del feminismo lo mismo da ser feminista que aliado. Dentro, un aliado es superior. ¿A cambio de qué? De nada; de la autodesignación misma. Es esa autodesignación, y ninguna otra cosa la que, a la postre, es valorada como el acto feminista que lo legitima: “Aunque no haga nada más ya ha hecho algo: ha dado un paso atrás.” ¿Lo ha dado? No lo sabemos, pero en tanto que se trata de una categoría práctica, es decir, que designa una práctica, debemos entender que lo da realmente, que lo ha dado, que suele darlo, que lo está dando ahora, lo parezca o no.

Aún hay un tercer problema con la designación “aliado”. No me extenderé sobre él por razones de espacio y por conservar la fuerza persuasiva del texto. Lo dejaré solo enunciado con vistas, o no, a ulteriores desarrollos: distinguir feminista de aliado tiene como consecuencia la subjetivización de la teoría feminista, dado que establece sujetos de enunciación privilegiados cuyas posiciones prevalecen sobre la fuerza de los argumentos. Frente a la tendencia naturalmente democrática de la racionalidad recogida en la frase “la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”, la categorización entre sujetos que teorizan tiene como consecuencia no que unos reciben prioridad con respecto a otros (esto sería lo de menos) sino que cualquier idea puede escudarse en la categoría del sujeto que la enuncia, o quedar indefensa ante el que no lo hace. Pero mantengamos el foco en las dos críticas previas.

Lo que se ganaba con el término era, como decía al principio, evitar la usurpación en el feminismo; evitar confundir tanto al sujeto del feminismo (las feministas) como al objeto (las mujeres). El feminismo no debe ser ni de los feministas ni para los feministas. Una vez que son llamados “aliados” el peligro se disipa.

No creo que sea así. ¿Un feminista sustrae, conserva, en la práctica, más privilegios que un aliado? Con respecto al uso de la palabra entiendo que la autodesignación es indiferente, dado que se trata de distinguir a hombres de mujeres, y la socialización de género hace que para ello no se requiera terminología alguna. Un hombre feminista, en tanto que tal, no posee grandes ventajas sobre un aliado a la hora de acaparar la palabra. Si hablamos de otro tipo de interacciones, es notorio que el aliado se ha ganado, gracias a su “humilde gesto del paso atrás”, un salvoconducto, convirtiéndose en el hombre deconstruido, inocuo y seguro, de referencia.

En mi opinión “hombre feminista” es una designación (para las ocasiones en las que esta es necesaria, que son muy, muy pocas) más que suficiente, como lo es la de “marxista burgués”, siempre que se lleve hasta las últimas consecuencias y se deje atrás la traicionera tendencia a entenderlo como un oxímoron asumiendo que, “dado que un hombre no puede ser feminista, si es feminista será que no es hombre”. Nada debe asombrarnos de que los conflictos generen tránsfugas, pero un tránsfuga ni está del todo en un lado ni lo está del todo en el otro; el segundo transfuguismo siempre será más fácil que el primero. Ser hombre, ya se sea feminista, pelirrojo o en cuclillas, significa pertenecer al sujeto opresor del patriarcado, y la estructura opresora tendrá grandes beneficios que reportarle y estará ahí para tentarlo siempre. Un hombre feminista es un hombre, y debe llevar a todas horas y en todas partes su designación completa. Esa que se ha apocopado, con tan inquietantes consecuencias, en “aliado”.



lunes, 29 de junio de 2020

AGAMIA. Programa para la emancipación relacional colectiva


TAMAÑO: 23x15, 422 págs.
ENCUADERNACIÓN: rústica con solapas
PRECIO: 22€ + gastos de envío

Han pasado más de seis años desde que la agamia viera la luz en este blog. Durante este tiempo el interés por ella ha ido creciendo hasta alcanzar tanto a gran parte de la comunidad no monógama como a muchas de las personas que cuestionan nuestra cultura relacional desde cualquier perspectiva. Se ha creado, además, una auténtica comunidad internacional específicamente ágama.

Paralelamente, su elaboración teórica ha crecido también, llegando a acumular una importante cantidad de textos. Hace tiempo que quienes se interesan por la agamia empezaron a encontrar complicado formarse una idea general a partir de estos abundantes textos breves, a pesar de sus interconexiones y de la transversalidad de los temas.

Ha llegado un momento en el que se ha hecho necesario articular el conjunto de la propuesta en un formato más integrado y manejable. Eso es este libro, que lleva por título: AGAMIA. PROGRAMA PARA LA EMANCIPACIÓN RELACIONAL COLECTIVA.
El objetivo ha sido recoger lo desarrollado hasta el momento para construir sobre ello una propuesta mucho más amplia, completa y manejable. En él se desarrollan pormenorizadamente los temas que esta propuesta relacional ha ido sacando a debate a lo largo de los años, con el superior nivel de profundidad, unidad y organización que aporta el formato libro. Quienes os animéis a echarle un vistazo descubriréis el resultado de estos dos últimos años de reflexión, práctica y activismo en los que el blog había sido parcialmente relegado en favor de este proyecto.

Encontraréis información actualizada sobre el libo en la página de facebook Agamia. Día uno. Además podréis encontrar vídeos introductorios a las distintas secciones del libro en el canal de youtube videoagamia.


Confío en que este trabajo nos ofrezca nuevas respuestas que nos ayuden a formularnos nuevas preguntas.

PEDIR LIBRO aquí