lunes, 11 de abril de 2016

mitos del amor. 5. CORRELACIÓN ENTRE SEXO Y AFECTO

Mediante la fusión entre ambos, el amor realiza una de las alienaciones nucleares del sistema: El sexo queda ligado al afecto, de modo que no hay afecto sin sexo ni sexo sin afecto, y cada uno tiende de manera espontánea al otro.
El mejor sexo será aquél que constituya una exaltación afectiva, y el mejor afecto el que se realice mediante una exaltación sexual.
Esta vinculación de acero se reifica en la expresión “hacer el amor”, consistente en tener una relación sexual que “hace”, “sacraliza” la unión afectiva.
Así, el amor organiza al afecto mediante una estructura en forma de diana con centro en el sexo genital: Cuanto más nos alejamos del centro del sexo, el afecto está más sublimado y es menos eficaz para satisfacer las necesidades afectivas. Cuanto más nos acercamos al centro del amor más se sexualiza el afecto, hasta llegar al centro de los centros, el orgasmo simultáneo, la fusión sexual a la que, con la ayuda de teorías paracientíficas diversas, se le atribuye la máxima realización de la persona en el mundo; la apoteosis de su propia caricatura.

Se puede decir sin miedo a error que gran parte de, si no todas, las carencias afectivas de nuestra cultura son el resultado de esta unión, de este secuestro del afecto para dedicarlo a la reproducción social. Esta consecuencia es seguramente de mayor envergadura aún que su correspondiente referida al sexo y que ha sido abordada desde hace siglo y medio mediante el concepto de “represión sexual”.

Este mito es imprescindible para que el amor siga realizando su función principal: La formación de la pareja reproductiva.
5_submito del amor como actividad

El amor es, de por sí, una razón para compartir tiempo y espacio, incluso para convivir. El amor no se genera mediante conductas y actividades exitosamente compartidas ni se requiere de otras conductas y actividades que el amor para que compartir espacio y tiempo resulte satisfactorio. Sin amor ni otra “actividad” concreta, compartir tiempo y espacio carece de sentido y puede ser síntoma de amor (las personas que lo hagan, en cualquier caso, estarán bajo la presión social de que deberán amarse o resultarán sospechosas de amor, incluso mutuamente y para sí mismas). A la inversa, no compartir tiempo y espacio cae bajo la sospecha de ausencia de amor.

Subyace al mito romántico del matrimonio o de la convivencia, y es un derivado del correlato entre sexo y afecto. Su función es generar la logística específicamente diseñada para la reproducción y la crianza. Unir físicamente para que “la naturaleza siga su curso”. Organizar a las personas en  microgranjas.

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