domingo, 5 de agosto de 2012

Historia de amor: desglose por indicadores. V. la serenidad exacta

2012-08-06 Lunes, 14:56

-¿A que no?
-¿El qué?
-No sé. Yo creo que sí.
-¿Entonces?
-Pues eso: ¿entonces?
-¿Qué?
-¿¡Que por qué no!?
-Tendría la regla.
-Siempre tienen la regla.
-Claro. El primer día siempre dicen que tienen la regla. El primer día no follan.
-No. Pero no me lo dijo.
-¿Y qué te dijo? ¿Por qué no folló?
-¡Que no le pregunté, tío! No te estás enterando. ¡Que la tía mola! Vamos, a mí me mola. Vamos, mola. A ti te molaría.
-¿Está buena?
-Es tuerta.
-¿¡Qué!?
-Tiene visión monocular.
-¿Sólo ve por un ojo?
-Eso es.
-Entonces es tuerta.
-Bueno, no es tuerta tuerta.
-¿Pero si sólo tiene un ojo…?
-Sólo ve por un ojo. Tiene los dos.
-¿Y el otro, cómo es? ¿De esos vidriosos, sin pupila?
-Es igual. No se nota nada.
-¿Nada?
-Absolutamente nada.
-Entonces, ¿qué más da?
-Pues que ella sólo puede ver por uno.
-Pues como si no ve por ninguno. Cerocular…
-Como me preguntas si está buena… Es un defecto.
-Yo no he preguntado nada. Oye, pero, la cita ¿salió bien?
-Salió de puta madre. Yo creo que salió muy bien.
-¿Entonces?
-¡Pues eso digo, joder! ¡Que nos despedimos con dos besos!
-¿No intentaste besarla?
-No me atreví, tío, para no joderlo.
-Pues igual lo jodiste así.
-Vale…
-Hombre, hay que intentarlo, por lo menos.
-Yo creo que me habría dicho que no.
-¿No le gustas?
-No sé.
-¿Tiene novio?
-No.
-¿Está buena?
-…?
-Quiero decir, ¿Mejor que tú?
-Por ahí.
-¿Se lo pasó bien?
-Sí.
-Pues tío, tendría la regla. Yo qué sé.
-¿Qué importa la regla para dar un beso?
-¡Pero si no lo intentaste!
-¡Pero si me iba a decir que no!
-¡¡¡Pues te cantaría el pozo, yo qué coño sé!!! ¡Tío, las vueltas que le das! ¡Que es la primera cita!
-Yo creo que no le gusto. Cuando me gustan a mí nunca gusto, tío.
-Si te viera ahora no le ibas a gustar. Eso seguro.
-Me tengo que follar a esa tía, macho, como me diga que no me muero.
-¡Jajaja! ¡Pues llámala y cuéntaselo!
-No te jode…
-Oye, y ¿de qué color tiene los ojos?… el ojo… los ojos.


Vuelven a la oficina.
Álvaro se sienta en su escritorio. Una idea que cruza su mente lo deja, de repente, absorto. Tras pensar un momento, toma el móvil y envía un mensaje. Dos minutos después suena una llamada. Es Raquel.

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