miércoles, 7 de noviembre de 2012

consultorio eróticosentimental

"…sigo preso,
pero ahora el viento corre alrededor."
Extremoduro. Segundo movimiento: lo de fuera.

             En la columna de la derecha ha aparecido un nuevo e inquietante botón. Si hacemos clic en él nos conducirá al espacio que la revista digital de ocio y cultura CULTURAMAS ofrece a este blog para llevar a la práctica las ideas hasta ahora expuestas en él.
             El CONTRACONSULTORIO (nombre ideado por Coral Herrera, escritora y bloguera, especialista en Teoría de Género y también colaboradora de la revista) será el lugar donde analizar los problemas eróticosentimentales de cada quién desde la irreverente convicción de que las ideas de este blog ayudan a resolverlos; desde el insólito propósito de llevar sus propuestas a cabo y hacerlas aparecer en el mundo.
             Contraelamor adquiere tridimensionalidad y vida. Y cualquiera puede participar; cualquiera puede pedir la ración de contraelamor que se ajuste a su curiosidad o a sus necesidades. Cualquiera, desde su sensatez y responsabilidad, puede jugar a realizar la utopía de asomarse a esa realidad intuida donde cada cosa descubre ser otra muy distinta y nuestras posibilidades algo nuevo, extraño, y hasta ahora considerado sólo al alcance de la imaginación.

lunes, 5 de noviembre de 2012

SEXO. presentación



             Al final, no hay más problema que el sexo. Si consiguiéramos desenredar el nudo del sexo, ¿qué quedaría en el amor que representara un verdadero problema? Los conflictos en las relaciones de amistad no tienen ni la sombra de complejidad que las relaciones amorosas, y las paternofiliales, aunque compiten en dramatismo, son notablemente menos contradictorias.

             Cuando el sexo llega trae con él, quién lo diría conociendo su carta de presentación, rebosante de instintos y energías telúricas, el desafío intelectual. Y es que lo uno, claro, es el uniforme supersticioso de lo otro. Aquello que no se entiende hoy, para quien sigue pensando que el pensamiento no ha dado pruebas de ser una herramienta solvente, no es lo que se comprenderá mañana, sino lo que no puede comprenderse. ¿Qué será comprender, entonces, si lo comprensible ya ha sido comprendido? ¿Una fantasía? A lo que no ofrece reglas ya sólo le queda estar gobernado por la voluntad caprichosa de esa nueva antropormorfización de los enigmas que es la energía en su acepción Disney.
Y esto es así cuando, lógicamente, quien sigue pensando mal del pensamiento, debería dejar (más) de pensar. O, al menos, no pensar en alto.

             El sexo es el nudo de los nudos, porque es el nudo del amor, residencia de los nudos en cuyo interior nada se complica demasiado hasta que el sexo hace acto de presencia; hasta que desnuda el nudo.

             Por eso, como el amor está sin resolver, su nudo se arregla siempre con un parche, chapuza, cirugía, acompañada del autoengaño de que la satisfacción que el arreglo nos dispensa es suficiente (para nosotros, porque en el fondo sabemos que el secreto está en nuestra fuerza de voluntad, y no en nuestra odiosa ñapa). Quien nos dice cómo ha solventado el asunto nos añadirá, tras la complacida descripción, que con su arreglo ¡consigue vivir!, llenándonos a partes iguales de admiración y desesperanza. Unos renuncian a luchar contra la pulsión imprevisible, convirtiéndose en resignados libertinos sin resto de empatía. Otros renuncian a la pulsión misma, negándose a prestarle más oídos y abandonando el verdadero deseo “por no hacer nunca más daño a nadie”. Algunos buscan una solución de compromiso, confiando en que la combinación de dos injusticias dé la justicia como resultado, o algo que se le acerque, y no un travestismo ético.

             Quien diga que lo ha resuelto, ya sea porque está por encima de su conflicto o porque el amor verdadero ha dado sentido al laberinto, se arriesga a que se meta el dedo en la llaga. Y esto sin miramientos a la discreción, porque negar el conflicto es hacerlo pasar de lo social a lo individual, perjudicando la capacidad del otro para enfrentarse a él, y legitimando así que nos ataque en defensa propia.

             En el sexo, por tanto, está el mogollón que nos desafía a meterle mano. Pero cuando lo hagamos nos encontraremos con que había trampa, claro, si no de qué iba a ser tan enigmático. Descubriremos que el sexo desviaba la atención, como en las buenas tramas policiales, de los personajes más inmaculados, en realidad los más podridos. El pobre sexo era el matón tonto al que apuntaban todas las pruebas, y cuya eliminación hace perder la pista de las verdaderas mentes criminales. Y al final, tras una pesquisa que nos conducirá de personaje en personaje, de estancia en estancia, concluiremos, ya lo advierto, que el sistema completo estaba podrido, y que todo lo que sea rescatar muebles trasladará la infección a los nuevos cimientos.

             Pero olvidemos que nos hemos adelantado al final. Disfrutemos, en cambio, del curso de la historia.

             Érase una vez… un sexo.

sábado, 27 de octubre de 2012

lo bonito es insinuar



Subo a un taxi y pido al conductor que me lleve a Argüelles. Como estoy en Manuel Becerra pasamos enseguida al lado del Palacio de los Deportes, donde rebosa el público que espera para cumplimentar alguno de los requisitos que impone asistir al concierto de hoy.
-¡Cómo se ha puesto esto!- Me dice el conductor. Yo creo que es por lo de la negra ésa que está tan buena.
Imagino que, para cualquiera familiarizado con la oferta musical más descaradamente comercial, aquélla que no rehúsa ni disimula el uso de uno sólo de los medios de captación de público a su alcance, decir “negra que está buena”, más que una aclaración, debe de ser un orden taxonómico de los más generales. A mí mismo me vienen a la memoria tres o cuatro nombres que deben de entrar en la categoría. Mi interlocutor se muestra, sin embargo, tan satisfecho con su definición que toma mis titubeos por lo que no son.
-No me entienda usted mal. A mí no me llama la atención lo de enseñar todo. Yo creo que el erotismo está en insinuar sin enseñar. Pero eso los jóvenes ahora no lo entienden.
Le digo que no quiero ofenderle, pero que esa idea de que la provocación más eficaz es mostrar ligera o parcialmente no es privativa de ninguna generación, sino más bien un lugar común presente en todas partes en nuestra cultura de masas y expresado de modo que alcance a todos los públicos.
Se ve que el carecer generalista de su idea le resulta inasumible, porque la respuesta me suena a repetición con dosis doble, aclaratoria.
-Antes lo que se usaba eran cosas transparentes, que caían…cosas así, más pícaras. No me diga usted que no es más bonito el juego ése, por lo menos en parte. Luego se disfruta más, dónde va a parar. Hay que probarlo, hágame caso. Pruébelo usted.
Le agradezco el consejo y le digo que no somos incondicionales de la insinuación porque seamos exquisitos y sofisticados, sino porque nos gusta sentirnos furtivos. Que identificamos el sexo con el engaño y el robo antes que con la franqueza y la desnudez, y que por eso nos excitamos ante una prenda que parece que va a caerse, o romperse, o traicionar a su dueño dejándolo a nuestras expensas. Que seguimos practicando un sexo secreto, prohibido y violado, y nos sentimos fuera de lugar cuando se descubre ante nosotros y se nos ofrece voluntaria y responsablemente.
            -No me comprende usted. –Me contesta convencido y paciente. –Eso lo hacen los animales. Los animales cuando tienen hambre comen y cuando tienen sueño duermen. Se quedan contentos, es verdad, pero que lo que hacemos nosotros no pueden hacerlo ellos. Nosotros alargamos ese gusto al esperar, al poner dificultades, incluso al prohibir, si usted quiere. Si no fuera un poco complicado nos seguiría gustando el sexo, pero no sería lo que es. Reconózcalo, hombre. No todo es represión católica. No toda la represión católica viene mal. A mí, si me van a enseñar una tía, prefiero que me la enseñen un poco tapada, para que pueda yo imaginarme cosas.
            Nos adentramos en el corazón comercial de Madrid. Una tras otra, las marquesinas, los escaparates, los carteles en las fachadas, ilustran la teoría de mi conductor con imágenes provocativas bajo pretexto de prometer un gran placer sexual, con la única condición de superar frágiles barreras de tela flexible y vaporosa. Cuando la barrera ni siquiera existe la brutalidad, para mi ridículo, resulta aún mayor.
            -¡Rihanna! –Exclama el conductor, rompiendo el silencio. -¡Ésa es la del concierto! Sabe la que le digo, ¿no? –Yo lo sé. –Fíjese en ella un día, ya verá que siempre enseña algo, un poquillo, pero no todo… el tema. Parece que se lo vas a ver, ¡pero no lo ves! A mí eso me… -La frase es rematada con un gesto de su mano libre, claro y contundente, que deja lugar a pocos refinamientos.
            -Entiendo que para que el placer se haya producido realmente habrá usted dado salida a la excitación, ¿no?
            -Perdón, ¿cómo dice?
            -Digo que, si tanto le gusta Rihanna, se la habrá usted follado muchas veces.
            -Bueno… me he follado a alguna negra.
            -Que se parecían a Rihanna en eso, supongo.
            -…
            -Es asombrosa la complejidad con la que llega uno a autoengañarse. Con tal de no reconocer la humillación de que nos agredan sin defensa posible estamos dispuestos a erigirnos en gourmets del dolor.
            -Yo le digo lo que opino. –Contesta retornando a una cordialidad más servicial. -Ésa es la gracia, que cada uno opinamos una cosa y no tenemos que estar todos de acuerdo.
            -Hemos llegado. –Respondo resoplando. -Es una suerte, porque si no tendríamos que empezar otra discusión.

lunes, 22 de octubre de 2012

jueves, 30 de agosto de 2012

historia de amor: desglose por indicadores. XXX. el mayor de los tesoros es una persona que nos quiere



29 Agosto 2013, Lunes 18:29

R: Que descanses
26 Jun 2013 23:45

Á: Un beso
27 Jun 00:24

R: Anoche no te despediste
28 Jun 14:24

Á: Tú tampoco
28 Jun 14:47

R: Dijimos que no hacía falta despedirse todas las noches
28 Jun 14:49

Á: ¿Entonces?
28 Jun 15:14

R: Me extrañó. No pasa nada
28 Jun 15:18

Á: Te mando un beso
28 Jun 23:56

Á: Anoche ni siquiera me contestaste
29 Jun 11:35

R: Ya me había dormido
29 Jun 11:56

Á: ¿Y por qué no me has dicho algo esta mañana?
29 Jun 12:07

R: No pensé que hiciera falta. Sólo era un beso de buenas noches.
No empieces otra vez
29 Jun 12:26

Á: Luego dirás que hago cosas raras al contestarte
29 Jun 12:29

R: Haz lo que quieras. Tengo muchísimo trabajo
29 Jun 12:40

R: Buenas noches, mi amor
29 Jun 23:20

Á: Creo que es mejor que no nos despidamos más por las noches
29 Jun 23:25

R: Ok.
29 Jun 23:29

R: Sé que hemos decidido no despedirnos más, pero tengo muchas ganas de mandarte un beso de buenas noches. Muá! Que descanses
6 Jul 23:15

Á: Gracias.
6 Jul 23:18

Á: Avísame si no piensas escribirme más
10 Jul 17:24

R: Eres tú el que ha dejado de escribir
10 Jul 17:34

Á: Revisa el histórico
10 Jul 17:49

R: Te mandé un beso
10 Jul 18:15

Á: Te di las gracias
10 Jul 18:23

R: Me apetece verte
11 Jul 17:34

Á: A mí también
11 Jul 17:39

R: :)
11 Jul 17:46

Á: voy
11 Jul 17:42

R: ok
11 Jul 17:43

R: Buenas noches, mi amor. Un beso
11 Jul 23:24

Á: Otro para ti, princesa. Que descanses
11 Jul 23:28

Á: Buenos días, guapa
12 Jul 10:35

R: No te he podido contestar hasta ahora. Lo siento mucho. ¿Cómo estás?
12 Jul 13:24

Á: Bien.
12 Jul 13:42

R: ¿Me mandas un beso?
13 Jul 12:25

Á: Claro. Muá
13 Jul 12:55

R: Gracias. Otro para ti
13 Jul 13:04

R: ¿Saliste?
13 Jul 13:46

Á: No. ¿Tú?
13 Jul 13:52

R: Sí.
13 Jul 13:58

Á: ¿Qué tal?
13 Jul 14:06

R: Bien.
13 Jul 14:11

Á: Me alegro
13 Jul 14:17

R: :)
13 Jul 14:21

R: ¿Qué tal estás? Te mando un beso fuerte
14 Jul 17:14

Á: Bien. ¿Qué tal tú? Gracias por el beso
14 Jul 17:35

R: Bien
14 Jul 18:01

R: ¿Qué tal los preparativos?
18 Jul 21:06

Á: Bien. Son cuatro cosas
18 Jul 21:25

R: ¿Nos vamos a ver antes de que te vayas?
18 Jul 21:56

Á: Sólo son dos días
18 Jul 22:08

R: Ok.
18 Jul 22:26

Á: ¿Cómo estás? Te echo de menos
20 Jul 17:12

R: Estoy bien. Te dije que nos viéramos
20 Jul 18:26

Á: Me dijiste que si nos íbamos a ver
20 Jul 18:32

R: Es lo mismo
20 Jul 19:15

Á: ¿Te apetece que nos veamos el lunes?
20 Jul 19:25

R: Vale
20 Jul 20:10

R: ¿Estás enfadado?
23 Jul 14:12

Á: Por favor, déjame en paz.
23 Jul 14:13

R: Lo siento
23 Jul 14:17

Á: Siempre igual. Déjame tranquilo una temporada
23 Jul 14:21

R: No te enfades, por favor
23 Jul 14:31

R: Álvaro!
23 Jul 15:03

R: ¿Qué tal estás?
30 Jul 14:10

Á: Bien. Ya sabes. ¿Qué tal tú?
30 Jul 14:53

R: Bien. Te echo de menos. Lo siento mucho
30 Jul 14:55

Á: Bueno. Ya está. No pasa nada
30 Jul 14:55

R:¿Te gustaría que nos viéramos?
30 Jul 14:59

Á: Claro. Mucho
30 Jul 15:00

R: :)
30 Jul 15:01

Á: Buenos días, preciosa. ¿Cómo estás?
31 Jul 11:24

R: Hola guapo. Muy bien. ¿Qué tal estás tú?
31 Jul 11:44

Á: Bien.
31 Jul 12:12

Á: Anoche fue genial
31 Jul 12:18

R: Como en nuestros mejores momentos
31 Jul 12:24

Á: No te pongas melancólica
31 Jul 12:26

R: No, tranquilo
31 Jul 12:27

R: Buenas noches. Te mando un beso fuerte
31 Jul 23:12

Á: Otro para ti. Que descanses
31 Jul 23:23

Á: Hola guapa. ¿Qué tal tienes el día? ¿Te apetece que nos veamos?
1 Ago 16:17

R: Tengo que hacer la maleta y preparar todo. Salgo mañana
1 Ago 16:32
Á: No sabía que te fueras tan pronto
1 Ago 16:38

R: Te lo dije
1 Ago 16: 40

Á: Pues no me acordaba
1 Ago 16: 41

Á: ¿No se puede retrasar?
1 Ago 17:03

R: Mañana es el cumpleaños de mi padre. Lo celebra toda la familia. Vienen mis tíos del pueblo de al lado
1 Ago 17:09

Á: Joder, qué rabia
1 Ago 17:14

R: Ya. Te echaré de menos
1 Ago 17:19

Á: Bueno, tendrás la fiesta
1 Ago 17:26

R: Buenas noches, te mando un beso
1 Ago 22:35

Á: ¿Vas a tener cobertura en el pueblo?
1 Ago 22:39

R: No mucha, ya lo sabes
1 Ago 22:48

Á: No nos podremos despedir por las noches, ¿no?
1 Ago 23:01

R: Supongo que no
1 Ago 23:13

Á: Ya.
1 Ago 23:20

R: Guapo, ¿cómo estás? Te mando un beso
4 Ago 17:04

Á: Cuánto tiempo sin saber de ti
4 Ago 18:16

R: No tenía cobertura
4 Ago 18:36

Á: En los tres días?
4 Ago 19:00

R: Es muy complicado
5 Ago 16:59

Á: Por qué no me contestarte ayer?
5 Ago 17:24

R: Álvaro, aquí apenas hay cobertura
5 Ago 17:50

Á: Te echo de menos.
5 Ago 20:12

R: Yo a ti también
5 Ago 20:18

Á: Podías haberme invitado
5 Ago 20:45

R: No pensé que quisieras venir
7 Ago 13:21

Á: No entiendo tu mensaje
7 Ago 14:50

R: No te invité porque no pensé que quisieras venir
7 Ago 15:21

Á: Ah, lo del otro día. Ya lo había olvidado. Yo creo que es mejor que no nos mandemos nada más hasta que no vuelvas. Así no hay manera de entenderse
7 Ago 17:38

R: Puedo intentar llamarte por teléfono si subimos a comprar con el coche
7 Ago 18:03

Á: No te preocupes
7 Ago 18:23

R: ¿Qué tal, Álvaro? ¿Cómo va todo?
16 Ago 14:25

Á: Hola. Bien. ¿Qué tal tu?
16 Ago 15:12

R: Bien. Ya estoy aquí
16 Ago 15:41
Á: Ah, genial, ¿no? ¿Qué tal te ha ido?
16 Ago 15:50

R: Bien
16 Ago 15:55

R: Te he echado de menos
16 Ago 16:22

Á: Yo a ti también
16 Ago 16:40

R: ¿Quieres que nos veamos?
16 Ago 16:48

Á: Me encantaría
16 Ago 17:00

R: ¿Vienes?
16 Ago 17:05

Á: ok
16 Ago

R: Pensé que tenías más ganas de verme.
16 Ago 23:41

Á: Tenía muchas ganas. Me ha pillado fatal
16 Ago 23:50

R: Sabias que volvía hoy. Es raro. Parecía que nos habíamos despedido con muchas ganas de encontrarnos otra vez
16 Ago 23:54

Á: No flipes que no sabía nada
17 Ago 00:01

R: No me hables así
17 Ago 00:04

Á: Es verdad que tenía muchas ganas. ¿Nos vemos mañana?
17 Ago 00:24

R: Ven ahora
17 Ago 00:28

Á: Voy.
17 Ago 00:31

R: Álvaro
18 Ago 16:33

Á: ¿Qué?
18 Ago 17:05

R: ¿Sigues enfadado?
18 Ago 17:19

Á: Parece que sí.
18 Ago 18:00

R: No me hables así.
18 Ago 18:06

Á: Joder.
18 Ago 18:42

R: Álvaro
19 Ago 15:39

Á: ¿Qué?
19 Ago 16:04

R: ¿Hablamos?
19 Ago 16:16

Á: ¿De qué?
19 Ago 16:36

R: Joder, Álvaro
19 Ago 17:15

Á: Hola
22 Ago 18:14

R: ¿Qué tal?
22 Ago 19:35

A: Bien. Con ganas de olvidar tonterías.
22 Ago 19: 43

R: :)
22 Ago 19:53

Á: :) ¿Nos vemos?
22 Ago 20:12

R: Ok. ¿Te apetece un café?
22 Ago 20:21

Á: Mejor cenar juntos
22 Ago 20:24

R: Vale
22 Ago 20:26

Á: Ahora dentro de dos días me preguntas si estoy enfadado.
23 Ago 22:45

R: Ya veo que lo estás
23 Ago 22:55

Á: Pues sí. Otra vez
23 Ago 23:01

R: ¿Puedo hacer algo?
24 Ago 23:04

Á: Dejarme en paz.
24 Ago 23:07

R: Me parece que no es para tanto
24 Ago 23:33

Á: No me apetece discutir
24 Ago 23:35

R: ¿Dentro de tres días vas a venir con que me echas de menos?
24 Ago 23: 53

Á: No tengo ni idea. ¿Y si te echo de menos?
25 Ago 00:07

R: Pues que no me puedes tratar así
25 Ago 00:11

Á: No me puedo enfadar, ¿no? Aunque me toques los güevos todo el rato
25 Ago 00:31

R: ¡Álvaro! ¡Por favor!
25 Ago 00:34

Á: Si no te gusta como hablo, no me mandes mensajes. Y sí, te echo de menos
25 Ago 00: 36

R: Pues vamos a vernos
25 Ago 01:15

Á: ¿Me vas a tocar los güevos?
25 Ago 01:25

Á: ¿No me vas a contestar?
26 Ago 11:59

R: Eres un ordinario. No me gusta que me falten al respeto
26 Ago 12:27

Á: Podías llevar la dignidad al resto de las cosas
26 Ago 13:01

R: No quiero que me insultes
26 Ago 13:29

Á: No quiero que me jodas
26 Ago 13:31

R: ¿Ya no tienes ganas de verme?
27 Ago 16:26

Á: Muchísimas
27 Ago 17:34

R: ¿Entonces?
27 Ago 17:45

R: Hola Álvaro. Guapo. ¿Cómo estás? ¿Te apetece que nos veamos?
28 Ago 12:15

Á: Muchísimo. ¿Me vas a tocar los güevos?
28 Ago 12:39

R: No.
29 Ago 16:56

Á: Entonces me parece bien.
29 Ago 17:15

R: ¿Por qué me hablas así?
29 Ago 18:24

Á: Ya vas a tocármelos otra vez, ¿no? Ale, bonita. Vete a la mierda.

miércoles, 29 de agosto de 2012

historia de amor: desglose por indicadores. XXIX. si quieres que las cosas cambien, empieza por ti



             21 Julio 2013, Domngo 02:14

             Álvaro es una máquina; un superhombre. No sólo tiene un absoluto dominio sobre su potentísimo chorro de orina. Además, fuera del baño, junto a la barra, una chica se entretiene terminando de emborracharse mientras espera a que vuelva para, seguramente, besarle. No la conoce de nada, de casi nada, pero eso no ha sido una barrera para Álvaro, que vino a este viaje con el decidido propósito de ligar y no ha necesitado más que un par de noches para lograrlo a un nivel, además, muy apetecible. Es la confirmación de que las mujeres han dejado de ser un problema para él. Queda claro, queda asentado para siempre, que de ahora en adelante podrá conseguir alguna cuando le apetezca o lo necesite. Está entrando en otra fase de su vida. Es por fin un hombre de verdad, y se verá obligado a enfrentarse a problemas de hombre; pero seducir no puede ser uno de ellos. Seducir es un placer, una capacidad de la que disfrutar en adelante. Es, por fin, lo que siempre debió ser: el ocio, la dosis de gozo con la que ilusionarse en cada lucha cotidiana, la sal de la vida.
             Sale del baño y se abre paso hasta la barra empujándose entre los borrachos. Si su memoria fisiognómica no le engaña, la chica está ahora acompañada. Ni lo esperaba ni le preocupa. Esperará un momento a que termine la conversación y vuelva a caer en su campo magnético, poderoso hasta lo irresistible gracias a la conjunción del planeta JB con la galaxia Valencia. Da un trago a su copa. Dos, tres… La primera vez que se plantea que ella haya cambiado de opción siente un pequeño mareo, como de mal vino. Se fija en él y se da cuenta de que sonríe confiado, y ella no lo mira peor que miraba a Álvaro hace veinte minutos. No debería haberse ido a mear. ¿Quién le manda? Primero hay que asegurarse. Se ha comportado como si fuera invencible, como si su vida le hubiera demostrado que no hay que hacer ningún esfuerzo para triunfar, que no hay que luchar a cada minuto por conseguir éxitos minúsculos, casi despreciables, casi repugnantes. La mira a ella y siente arder el deseo, azuzado por la frustración. Podía estar besándola ya, podía estar rozando sus labios, oliendo su cuello, apretando su culo. Sólo tiene la copa. El alcohol una vez más para sumergirse en él y alcanzar un estado a cada minuto más desesperado y más impotente. El alcohol de nuevo, en vez del éxito. El alcohol vacío con el que celebrar nada. Y la ira.
             -Estás muy pensativo.
             Es ella, a su lado. La mira sin terminar de creerse que esté con él, cerca, como antes, dispuesta a seguir el coqueteo hasta el previsible final de cama. Ahí resurgen sus labios, y su cuello, y su culo, al alcance de la mano, como los quiso hace unos instantes. Sus labios vulgares, su cuello sin encanto, su culo intrascendente… el valor de su cuerpo explicando por qué se le hace accesible a él, a Álvaro, cuyo estado natural es borracho en la barra odiando la soledad.
             -¿Ha pasado de ti?-, le pregunta.
             -Es un amigo-, contesta ella.
             “Un amigo”. Es como no decir nada. ¿Es mejor o peor que yo? ¿Te ha dejado o le has dejado tú? ¿Quién de los tres representa el papel de despojo?
             Esta chica es claramente peor que Raquel, a quien nunca lograría ligarse aquí, pero está seguro de que puede servirle, al menos, para alimentar la ilusión de triunfo durante unos minutos. Tal vez lo suficiente como para llegar a correrse.

martes, 28 de agosto de 2012

historia de amor: desglose por indicadores. XVIII. no hay fuerza comparable al tiempo


9 junio 2013, Domngo 16:27


-No te preocupes, hija, que estamos bien. Esto es normal. Ahora no le hablo yo, otros días no me habla él. No tiene importancia. Si nos tuviéramos que parar en eso… A nosotros nos da igual. Aunque lo veas hecho un lástimas por los rincones, son cosas que hace para llamarme la atención. Para que lo perdone. Y ya ves tú... Yo ya casi ni me acuerdo de por qué me he enfadado. Pero mira, así estamos un tiempo a nuestro aire, y luego nos hace ilusión reconciliarnos. No hay más, ya lo estás viendo. Lo del primer mes es lo del primer mes. Eso es una tontería. Luego hay que tragar mucho. Y hay un montón de canalladas, y muchas cosas que no se olvidan. Es difícil aprender a vivir con ellas, pero con el tiempo te acostumbras.
-Mamá, suena triste.
-¡No! ¡Qué va, hija! ¡Si tu padre y yo nos queremos mucho! Vamos, para mí menos mal que está él, si no imagínate lo sola que me vería. Me da mucha vida saber que anda por ahí, a sus asuntos. ¿Qué iba a hacer yo si no? ¿Buscarme a alguien a estas alturas, en las discotecas de viejos? Pero no pienses en nosotros. Acuérdate de los abuelos. ¿Recuerdas cómo miraba el abuelo a la abuela?
-Sí, siempre estaba preguntando por ella.
-¡Hombre! No era capaz de dar un paso sin la señora Paulina. Y se le llenaban los ojos de lágrimas cuando se lo decíamos. ¡Tú fíjate qué bonito! Es muy duro todo, pero al final tienes tu recompensa. Yo a veces voy caminando del brazo de tu padre y me viene a la cabeza la cantidad de cosas que hemos pasado juntos y pienso: “Madre mía, este hombre… ¡Y seguimos aquí!” Y me siento bien. Al final el amor es eso, hija, nada más.
-Supongo…
-Bueno, pero no estés triste, hija, que eres muy joven todavía. Por la fuerza tampoco tiene que ser.

lunes, 27 de agosto de 2012

historia de amor: desglose por indicadores. XXVII. gestión responsable del crédito



23 Mayo 2013, Lunes 18:35

             Álvaro y Raquel acaban de terminar de follar.
             Los dos se han corrido satisfactoriamente, abrazados, como a ellos les gusta. Primero ella, después él, luego ella de nuevo con un poco de ayuda, y después han quedado juntos aún un rato. Sus cuerpos han aprendido esta pauta, la expectativa del placer fácilmente accesible los predispone al entendimiento siempre que no se interponga un obstáculo perturbador. Saben que antes no era tan fácil, y saben que no lo sería con otra persona. Es la ventaja que les proporciona la duración de su vínculo. Un fruto de su amor que pueden recoger en su renacida madurez cada dos o tres días. Su sabor a placer cultivado les ha hecho olvidar  el imprevisible, agrio, excitante y ponzoñoso sexo de sus primeras veces. Recuerdan que, en algún momento, aquél fue llamado bueno, que llegó a considerarse inolvidable y entienden que éste, bueno o inolvidable también, debe de ser el mismo. La idea de que están empezando algo nuevo contribuye a ocultar la contradicción.
-No he disfrutado con nadie tanto como contigo.
-¿Eso es verdad?
-Te lo prometo.
-Yo tampoco.
-¡Qué bien nos entendemos en la cama!
-¡Qué bien nos entendemos en todo!
-Somos tontos.
-Es verdad
-Pero ya no lo vamos a ser más.
-No. Ahora estamos preparados. Tenemos un plan, ¿verdad?
-Claro. Cuando nos ponemos lo resolvemos todo.
-Podemos con todo.
-Quiero estar mucho tiempo junto a ti. Que hagamos muchas cosas juntos.
-¡Mi amor…!
-¿Qué vamos a hacer hoy?
-Nada. Estar así. Abrazados. Sin separarnos absolutamente para nada.

historia de amor: desglose por indicadores. XVIII. no hay fuerza comparable al tiempo

domingo, 26 de agosto de 2012

historia de amor: desglose por indicadores. XXVI. ¡rescate!



19 Mayo 2013, Domingo 13:47

Regla 1:
             Lo normal es verse dos veces por semana, una el fin de semana, más larga, y otra en día de diario. No hace falta cumplirlo a rajatabla, pero si se produce defecto o exceso, hay que procurar compensarlo.

Regla 2:
             Los celos sólo estarán justificados cuando se descubra algo verdaderamente sospechoso. Las tonterías son siempre responsabilidad de la inseguridad del celoso.

Regla 3:
             Todos los conflictos tienen que poder resolverse por otro medio que no sea la pelea. Si uno pierde los nervios, el otro no debe perderlos a su vez, sino que ignorará al enfadado y esperará a que se calme.

Nota 1:
             No valdrá verse de mala gana o esperar siempre a que el otro lo proponga. Hay que alternar en la toma de la iniciativa. La Regla nº 1 no debe servir de excusa para presionar a quien en algún momento determinado esté atravesando por un periodo de gran indisponibilidad. Ésta se considerará causa de fuerza mayor, y la Regla deberá subordinarse a ella cuando dicha fuerza amenace con consecuencias más graves que el quebrantamiento de la regla (problemas de trabajo, salud de familiares, etc). Los problemas psicológicos, en principio, no son causa de fuerza mayor.

Nota 2:
             Con respecto a las personas que ya nos han generado algún tipo de celos hay que ser un poco más paciente, sin olvidar nunca que la responsabilidad sigue siendo del celoso. Lo normal será que aún se produzcan algunos reproches relacionados con estas personas, que el otro deberá entender como restos en proceso de adaptación a la Regla nº 2. Los reproches nuevos relacionados con esas personas sí serán considerados quebrantamientos de la Regla. Si el reproche fuera exactamente el mismo y se cambiara la persona también se consideraría quebrantamiento. Para distinguir qué cosas son causas legítimas de celos se establecen como barrera los hechos que han resultado más conflictivos hasta ahora, y que se consideran en el límite justo de la causa legítima y no legítima.

Comentario:
             Las discusiones que se produzcan como consecuencia del inclumplimiento de las reglas deberán resolverse siempre en contra del infractor, sin que se puedan buscar justificaciones, por válidas que parezcan. Si las reglas no funcionan bien deberán ser cambiadas en el momento que se decida para ello, pero no improvisar variaciones que puedan ser esgrimidas durante el conflicto. Enfadarse por tener que cumplir las reglas constituye una doble falta y, como tal, podría incluso llegar a justificar enfado por la otra parte. Si, por causa mía, sólo hemos quedado una vez durante la semana, y yo me resisto a quedar tres veces la semana siguiente, es posible que el otro me lo reproche. Si me enfado por su reproche, el otro puede llegar a enfadarse también, pero, en su caso, justificadamente. Yo no podré alegar que el otro se ha saltado una regla y yo dos y que, por tanto, merece la mitad del castigo que yo merezco, o yo sólo el doble. Esta excepción no se aplica a las otras reglas. En el caso descrito, el que sólo ha infringido una no podrá, por ejemplo, ponerse celoso para compensar. Si se pusiera celoso coincidiendo en el tiempo con la descompensación expuesta se considerará que, en vez de conciliar, está buscando compensación, como antes del establecimiento de las reglas, y su falta será considerada también doble.
             Aunque haya que ignorar a quien se enfade, esto no significa que enfadarse sea aceptable y, menos, que siempre se enfade el mismo. Abusar de la paciencia del otro ante los enfados será considerado también falta doble.
             Si quien ha quebrantado alguna o varias Reglas persistiera en no asumir su culpa o no enmendar su comportamiento, el otro esperará y conservará su posición de razón sea cual sea el tiempo necesario.

historia de amor: desglose por indicadores. XXVII. gestión responsable del crédito

sábado, 25 de agosto de 2012

Historia de amor: desglose por indicadores. XXV. recurrir al fondo de reserva



24 Abril 2013, Miércoles 10:32

De: María Patricia Perlado (mpat_perla75@yahoo.com)
Enviado: Wed, 24 Apr 2013 10:26
Para: Raquel Carrete (racarret@cool&easy.com)
Asunto: Re: café con consejito

Hola Raquel.

Disculpa que no te haya contestado antes. Estoy muy ocupada últimamente.
Lo del café no sé cuándo podría ser, por eso. La semana que viene imposible porque voy con Fran de escapada a Málaga y estamos preparando las cositas. Además, mi proyecto de ropa se está moviendo mucho y tengo que aprovechar. Luego, es la época de todos los cumples de mis sobris, que están ya supergrandes y quieren un montón a su tata! Pero bueno, ya te avisaré un día.
Con lo del chico éste no te puedo ayudar. De todos modos, no parece que vayáis muy en serio, ¿no? Supongo que lo mejor, cuando algo no merece la pena, es cortar y punto. Tienes que buscarte a alguien que encaje más contigo, siempre te lo digo. Te metes en líos con gente muy rara que no te pegan nada.

Un beso.

Pd: no te preocupes por lo del trabajo. Lo mejor que te puede pasar ahora mismo, con todo lo que tienes, es que te quiten responsabilidades y estrés.
Pd2: ¿qué tal tu ojo?

viernes, 24 de agosto de 2012

historia de amor: desglose por indicadores. XXIV. el laberinto del equilibrio

28 Marzo 2012, Jueves 20:16


Raquel camina de vuelta a casa sin conocer aún su plan para esta noche. Hace unos minutos que envió un mensaje a Álvaro, pero no ha recibido respuesta, y de ella depende para irse organizando con las tareas inmediatas. Últimamente estas esperas se han vuelto frecuentes. Antes Álvaro estaba casi siempre disponible para cualquier comunicación. Contestaba los mensajes al momento y cogía el teléfono sistemáticamente. Incluso los e-mails eran respondidos en un plazo inferior a diez minutos. Pero eso ha cambiado. Es cierto que este comportamiento ha sido origen de alguno de los conflictos, porque él no sólo esperaba una disponibilidad semejante, a la que Raquel no está habituada, sino que, de ser concedida, podía entrar en bucles de diálogo inoperantes para una jornada de trabajo. Ha hecho falta hablarlo varias veces y, junto con el compromiso de no demandar más atención que la cabal, se ha acordado que ella tolerará una mayor flexibilidad en el plazo de sus respuestas.
Raquel no tiene una idea clara de cuándo ha empezado a tener verdadera consciencia de ello, pero diría que, de un tiempo a esta parte, pasa gran parte del día esperando respuesta de Álvaro. Supone que es la consecuencia lógica del cambio pactado y procura adaptarse a ello. Intuye, sin embargo, que algo no encaja.
Buscando las llaves en el bolso vuelve por acto reflejo a echar un vistazo al móvil, no resulte que aguarda ya en él una respuesta que, en contra de toda lógica, no haya avisado de su llegada. El mensaje no está y sólo puede volver a leer los que ya ha recibido a lo largo del día. Cuatro textos cuya aparición recuerda perfectamente por lo fatigosa que le ha resultado su espera. Operando con las cifras que constata la pantalla calcula que el primero tardó 26 minutos, 5 el segundo, una hora y 8 el tercero, y dos horas y 3 minutos el cuarto. Tres horas y cuarenta y dos minutos en total. Pero es absurdo realizar esta estimación tan propia, precisamente, de Álvaro. No se trata literalmente de tiempo de espera, sino del plazo transcurrido entre un mensaje y su respuesta, durante el que se realizan multitud de actividades en las que no se sufre distracción. O así, piensa resignadamente Raquel, debería haber sido. Por primera vez tiene la sensación de empatizar con el reproche de Álvaro. ¿Y ayer? Más de cinco horas, sumados los seis que se produjeron. Tres minutos, dos horas y nueve, una y uno, cuarenta y cuatro, veintidós y cincuenta y uno. “Igual que hoy”, se escucha decir a sí misma, y queda desconcertada por su propia frase. “¿Igual?” “¿Dónde está la igualdad?” Tras dudar un momento abre un cuaderno y, móvil en mano, improvisa un esquema con decisión.

Las series son parecidas, pero no iguales. Parecen moverse en un rango estipulado, de un minuto a dos horas largas. Y dentro de él, total variedad, casi sin repetición. Sin embargo, a partir de la primera repetición, llegan todas las demás. Perogrulladas del estilo se suceden en el pensamiento cada vez más acelerado de Raquel, componiendo a empujones una forma coherente.
La pauta de repetición parece estar en las decenas. Hay casi una cifra por cada decena, mientras que las unidades se repiten o alternan desordenadamente, como por casualidad. En realidad lo casual podría estar presente en todo, y ser una sucesión al azar que apuntara por coincidencia a una serie de la que los siguientes elementos se alejaran cada vez más. Raquel desconfía de su primera intuición: seguramente no haya nada. En la larga lista del martes aparecen en las decenas todos los dígitos posibles, de cero a cero, es decir, de pocos minutos a una hora y pocos minutos. Seguramente fue pura coincidencia, y ha estado buscando esa pauta en el resto de los días, sin encontrarla. “Faltan números”, se escucha a sí misma de nuevo. Pero, si es así, ¿por qué el martes no? ¿Es realmente el martes el caso modelo del que los demás constituyen variaciones o defectos? ¿Qué pasó el martes? Sabe que fue algo, pero lo que sea se resiste a ser desvelado. Sólo hace dos días. Lo que pasó, lo que pasó… ¿Por qué no lo recuerda? Las cosas que no se recuerdan son las que no pasan, y no a la inversa. ¿Y si lo que pasó no pasó en realidad? ¿Y si pasó que no pasó algo? ¿Qué es lo que no pasó que debía haber pasado…?
Súbitamente, la memoria de Raquel se abre de par en par. “¡Eso es! ¡Los correos! ¡El martes fue el día en que me estuvo extrañando tanto que no aludiera a las cosas que yo le escribía al email, y luego me dijo que se había quedado sin conexión en la oficina! Entonces la razón por la que faltan cifras los otros días… ¡No puede ser!” Raquel comprende que hasta ahora ha estado elucubrando sobre todo esto como si se tratara de una entelequia, pero que la fantasía está a punto de materializarse. Abre su cuenta de correo y empieza a calcular el tiempo que estuvo esperando la recepción de cada uno de ellos. Apenas le hace falta, porque el número de los recibidos coincide con el número de cifras ausente de la lista y, cuando aún se omite alguna, sólo tiene que completar con las llamadas perdidas que Álvaro tarda una eternidad en contestar. Las repeticiones sólo aparecen cuando las alternativas se han agotado y hay que volver a comenzar. “Así que así lo haces”, piensa Raquel. “Para responder a cualquier comunicación esperas cada vez una cantidad de decenas de minutos diferente, de cero a seis. ¡Menuda estupidez, cabrón!” Aún no queda explicado por qué en ocasiones debe esperar más de dos horas. ¿A qué se debe ese castigo especial? Comprueba los correspondientes mensajes buscando en el texto el elemento común. Domingo: “¿A qué hora llegas, amor?” Lunes: “Buenos días, amor. Me he levantado con dolor de cabeza. ¿Tú qué tal? Martes: “Amor…” Raquel para porque en su cabeza resuena el eco del reproche de Álvaro: “Con ser melosa no compensas la espera. La ñoñería no aporta nada.”
Raquel comprueba la lista de hoy. Faltan el uno, el tres, el cuatro y el cinco. Han pasado cincuenta y cuatro minutos desde que ella escribiera su mensaje, de modo que las tres primeras cifras están descartadas. Álvaro contestará en menos de cinco minutos. “Seguro que las unidades las decide tirando los dados del juego de rol.” Unos instantes después llega su mensaje. “Raquel, ya estoy listo. ¿Quieres que quedemos para cenar?” Ella escribe: “Cariño, tengo trabajito que hacer, vida mía. Pasa buena noche, cielo. Te mando un besito muy gordo y mucho amor, amor, amor, amor, amor, amooooooooooor!!!!!”
-Contesta cuando te salga de los cojones, hijo de puta.

Historia de amor: desglose por indicadores. XXV. recurrir al fondo de reserva