domingo, 25 de octubre de 2020

10 DIFERENCIAS ENTRE MITOS DEL AMOR ROMÁNTICO, ALTERNATIVAS ÉTICAS Y AGAMIA

 

Las no monogamias éticas ofrecen una respuesta contundente a los mitos del amor romántico. O al menos eso parece hasta que esa respuesta es comparada con la de la agamia. Es entonces cuando descubrimos que monogamia en serie (o secuencial), poliamor o anarquía relacional, así como el paraguas completo de las llamadas relaciones abiertas o relaciones sin etiquetas son una tierra de nadie entre la tradición patriarcal y una transformación relacional con verdadero contenido.


Hace unos días posteé en algunas de mis redes esta imagen. Como dije entonces es una modificación de otra previa que circulaba con éxito, especialmente entre las comunidades relacionalmente no normativas. En ella figuraban solo las dos columnas de la izquierda, en las que las llamadas “alternativas éticas” dan respuesta a los mitos del amor romántico. Yo añadí la agamia a ambas.

Creo que algunas de las ideas que pretendía transmitir con la modificación saltan a la vista. También creo que otras no tanto, porque la fórmula empleada es visualmente potente pero obliga a sintetizar muchísimo el mensaje. Escribo este post porque creo que merece la pena desplegar la comparación plenamente. Estoy seguro de que dentro de un par de párrafos, a más tardar, vais a estar de acuerdo conmigo.

He dicho muchas veces (en Agamia. Día uno es donde más desarrollado lo podéis encontrar), y me quedan muchas más, que el amor romántico no es otra cosa que la moral de la monogamia indisoluble,  y que la revolucionaria crítica al amor romántico no llega más que a sustituirla por la de la monogamia secuencial, dando pie, un poquito, a asomarse a las no monogamias éticas (poliamor, anarquía relacional…). Entre la monogamia secuencial y las no monogamias éticas la distancia, por tanto, es fácilmente salvable, lo que se aprecia aquí en que ambas propuestas acaban encontrando acomodo en la segunda columna. Para que esa columna pueda presentarse como una transformación significativa debe oponerse, por tanto, a la más antigua y obsoleta de nuestras morales relacionales, todavía vigente, pero ya manifiestamente apolillada. En cambio, entre una convencional sucesión de parejas y, por ejemplo, la vanguardista anarquía relacional, los principios morales pueden compartirse sin apenas conflicto.

Veremos que, al comparar estos principios con los de la agamia no solo se produce siempre un nuevo salto significativo, sino que a veces la distancia recorrida es tan grande que, por comparación, amor romántico y alternativas éticas quedan casi confundidas. Por eso nos da este gráfico una estupenda oportunidad para entender hasta qué punto la agamia dista de otras alternativas a la monogamia o, por decirlo en términos más políticos, hasta qué punto las alternativas éticas no son otra cosa que una reforma, casi una respuesta obligada, evolutiva, a la transformación sociocultural en la que las victorias feministas van siendo acompañadas  también de derrotas ante el capitalismo patriarcal.


1. MEDIA NARANJA – SOLO ME VALGO. ELIJO COMPARTIR – ANIMAL POLÍTICO

Seguramente sea en este primer punto en el que mejor se refleja lo que indicaba en la introducción.

Es llamativo que una propuesta con aspiraciones transformadoras haga suya una idea tan neoliberalmente individualista como la de que nos valemos solxs. Pero no se trata ya de lo evidentemente falsa que es esa afirmación. Lo verdaderamente chocante es hasta dónde la simple descripción de la actualidad relacional, compuesta forzosamente por una sucesión de periodos en pareja y periodos sin pareja, coincide con la propuesta de las alternativas éticas. Como en toda reforma conservadora vemos que el lenguaje incendiario tiene como función distraer de la ausencia de cambio profundo.


2. EMPAREJADÍSIMOS – ESPERA, ¿ESO LO HE DECIDIDO YO? – LA PAREJA ES SOMETIMIENTO PATRIARCAL

Que la pareja es una institución creada por el patriarcado para el control de las mujeres no merece discusión. Solo cabe valorar en qué medida esa pareja es nuestra pareja. La respuesta desde la agamia es que el marco moral ha sufrido ciertas modificaciones pero la estructura, la forma de la pareja, aquello en lo que ella consiste, está intacta, y la estructura es la materialización del marco moral previo. La pareja es la herencia que nos queda del sometimiento patriarcal y, mientras exista la pareja, el sometimiento patriarcal estará entre nosotrxs.

En este punto vemos uno de esos cambios verdaderamente radicales que convierten al amor romántico y las alternativas éticas en dos momentos de lo mismo. El verdadero paso de una sociedad esclavista a una que no lo es no consiste en que algunas personas dejen de ser esclavas, sino en que la esclavitud sea abolida.


3. MONÓGAMXS – MEJOR LO HABLAMOS – NO APROPIACIÓN SEXUAL

Lejos queda ya el tiempo en el que el poliamor denunciaba abiertamente la monogamia. Hoy esa denuncia ha salido del programa, y aunque la encontramos en algunos espacios privados, lo que consta en los oficiales es la convivencia cordial con la monogamia. Las alternativas éticas buscan su sitio en el espacio hegemónico y, para encontrarlo, se ven obligadas a convertir su ética en una simple opción.

La agamia se sitúa a años luz de esa equidistancia, pero se diría que lo único que ha hecho ha sido recoger el testigo que el poliamor decidió abandonar para que no estorbara en su ascenso. Y para ello utiliza una herramienta más radical que la negociación de la libertad sexual: la libertad sexual pasa a ser innegociable.


4. FIELES – LEALES A LO PACTADO – PRINCIPIOS MORALES COMUNES

Tercer punto directamente relacionado con la apropiación sexual, núcleo del gamos y muro contra el que las alternativas éticas se han dejado la cabeza.

Centrémonos esta vez en el concepto “pacto”, que no es otra cosa que “contrato”, y que consagra la idea de que las relaciones están integradas por individuos con intereses contrapuestos, es decir, por competidores en un mercado universal.

Frente al contrato, la agamia fundamenta las relaciones en el consenso, que es el resultado de la reflexión moral (o ética) común, espacio en el que los individuos descubren progresivamente la naturaleza del bien común y pasan a desearlo espontáneamente, sin pacto o contrato que supervise ese deseo.

El binomio consenso/contrato determina las posibilidades de una relación y de las relaciones en una sociedad. Cuanto más deba una relación (o una sociedad) apoyarse en el contrato más atenazada estará por el enfrentamiento de intereses. Cuanto más prevalezca el consenso mayor será su capacidad para actuar de manera coordinada en pos de los objetivos comunes.


5. CELOSXS – COMPERSIÓN – JUSTICIA

La compersión fue la tierra prometida del poliamor, porque los celos eran su infierno.

Enseguida se comprobó que “sentir compersión” era como sentir a dios, algo que se declaraba en público pero que se anhelaba en la intimidad. Lxs compersorxs eran, en realidad, pocxs, y la compersión pasó a ser “el arte de la compersión” y “el camino de la compersión”; un horizonte lejano, casi casi un espejismo. Hoy de lo que se habla es de que bueno, sí, hay que intentarlo, pero es difícil, y lo que hay que hacer en realidad es asumir que los celos serán muchos, y la gestión más, y las consecuencias, veremos…

Las alternativas éticas siguen teniendo pánico a los celos porque los celos vapulean sistemática y cruelmente a quienes las practican. La razón es que, como hemos podido comprobar en los cinco puntos anteriores, todo sigue valiendo, de hecho cada vez valen más cosas, y cuando todo vale, es decir, cuando lo mismo vale lo justo que lo injusto, el sufrimiento aumenta sin freno.

Las personas ágamas no tememos particularmente a los celos, porque los celos no son más que el síntoma de una injusticia, por nuestra parte o por parte de las personas con las que nos relacionamos, y nuestro empoderamiento moral nos permite reflexionar sobre ella, abordarla y resolverla.


6. MUY MUY ENAMORADXS PARA SIEMPRE – MUY MUY ENAMORADXS LO QUE DURE – EMOCIONES SALUDABLES

A lo que nunca va a renunciar una propuesta conservadora y neoliberal es al amor, porque el amor es la fuente de placer inmediato, imprescindible para controlar a los sujetos como trabajadorxs y consumidorxs alienadxs y no organizadxs. Si el discurso proviene, en última instancia, del mercado, su primera palabra, su primer principio, será el amor.

Que el amor es un desequilibrio emocional incapacitante tampoco ofrece mucho margen para el debate. En realidad los mitos del amor romántico son el resultado de un largo proceso de investigación en psicología social que nunca distinguió entre buen y mal amor, hasta que Coral Herrera decidió poner de nuevo el contador a cero y decir que lo malo no era el amor, sino el amor romántico, y que podíamos volver a enamorarnos sin miedo.

Nunca se debió hacer esa distinción, del mismo modo que nunca se debe distinguir entre buenas y malas drogas. La distinción es entre uso, cantidad, función y papel sociocultural. Debemos amar poco, amar con cuidado y, en última instancia, no amar, porque cualquier cosa verdaderamente buena que nos proporcione el amor podemos acabar lográndola sin él.


7. NUESTRO AMOR TODO LO PUEDE – ACEPTÉMOSLO. NO. CUIDADOS Y REPSONSABILIDAD – MATERIALISMO RELACIONAL

El materialismo relacional es la introducción en la ontología de las relaciones de un tercer elemento: estoy yo, están lxs otrxs pero, además, están las cosas (recursos, acciones, prácticas, trabajos, símbolos…). Es la idea de que relacionarse no es el encuentro entre espíritus, sino entre sujetos situados (en el mundo) que se relacionan para algo, y es la superación de la dicotomía del primer punto SOLX / COMPARTIENDO, al entender que es la relación con el mundo, con nuestro desarrollo en él y con él, lo que determina qué agrupación es adecuada para cada circunstancia.

Por expresarlo en los términos de la imagen, es dejar de distinguir entre la relación y unos recursos llamados “cuidados” que la relación debe gestionar, y es entender que relacionarse siempre es gestionar recursos; que sin la cosa, sin el mundo, solo tenemos a dos sujetos, o tres, o todxs, que se contemplan perplejxs y vacíxs.

Es, además, el elemento que nos falta para entender el porqué de las relaciones, y gracias al cuál será mucho más difícil que estas tengan porqués ocultos.


8. PORQUE YO QUIERO, NO PORQUE LO DIGA LA TV – VIVIMOS EN MATRIX – MATRIX TIENE FORMA DE CORAZÓN

Esta línea me parece particularmente irritante. No hay cosa más cuñada que intentar descubrirle Matrix al de enfrente.

Que vivimos ideológicamente alienadxs es una evidencia. Pero superar esa alienación no es un golpe de conciencia, sino un proceso siempre activo y nunca terminado. Matrix se abandona en cada aprendizaje verdadero, no mediante una desconexión traumática y reveladora, como en la peli. Por eso ponerse del otro lado de Matrix, ser quien desconecta de Matrix, es pertenecer a Matrix más que nunca.

La revelación, sin embargo, es posible, pero es siempre una revelación concreta, porque cada descubrimiento aparece con algún grado de disrupción, algún momento de cambio, algún eureka. Salir de Matrix es hacerlo innumerables veces, en cada uno de sus planos.

Y en el plano relacional Matrix se llama amor. Salir del amor también es una idea general, pero con un primer nivel de concreción que la vuelve práctica y militante. Matrix, en realidad, no significa nada, es una abstracción, es el control mismo. “Vivimos en Matrix” puede traducirse por “nos controla el control”. Es una oración sin sujeto. Cuando aportamos un sujeto, el amor, el sentido empieza a articularse y podemos pisar firme.


9. JUGAR A CASITAS – RED AFECTIVA – RED DE RECURSOS

Está bien que este punto tan divertido sea el siguiente, porque alivia la irritación producida por el anterior. ¿Recordáis el séptimo, ese en el que se reivindicaba, aunque de forma incompleta, el componente material de las relaciones a través el concepto de cuidados? Pues aquí se desanda el camino.

Lxs materialistas (criticar el materialismo, cuando no se trata de avaricia sino de reconocimiento de que el mundo está formado por materia y todo tiene, por tanto, una dimensión material, es hipocresía burguesa de libro) ahora son lxs románticxs, que quieren una vivienda. La gente ética vive de los abrazos, de la buena vibra y de los círculos de pies. Sus relaciones son “afectivas”, es decir, puramente simbólicas. Por eso se les ha llamado tantas veces a capítulo con respecto al uso del concepto “cuidados”; porque en este discurso los cuidados son simplemente afectivos y su necesidad puramente subjetiva, pero el conjunto completo de los cuidados, especialmente aquellos que consumen más recursos y generan más dependencia, quedan invisibilizados.


10. PASIÓN ETERNA – COMPAÑERXS DE VIDA – COMUNIDAD: EL MUNDO

No me parece mal que se pase de la pasión eterna al compañerismo eterno. Pero eso ya se proponía en los años 50, e incluso antes .y se llamaba “matrimonio”. Si mi objetivo es relacionarme bien, estar bien relacionado, tener satisfechas mis necesidades relacionales, ¿dónde está mi función política, mi propuesta transformadora, mi revolución?

No me relaciono bien como fin en sí mismo. Me relaciono bien porque eso es lo que me capacita para actuar como sujeto político, para mirar al mundo y contribuir a su armonía. Tanto el amor romántico como las alternativas éticas nos hablan de las relaciones desde una sola perspectiva, la del apego, la de mis necesidades. Por eso son infantiles, por eso son insuficientes y por eso son burguesas. Esa parte de las relaciones es solo la que tiene que ver con nuestra seguridad, y es ella sobre la que nos volvemos cuando nos falta. Pero nuestra mirada debería estar puesta en la exploración del mundo, hasta el punto de descubrir que nuestras relaciones son saludables porque no nos acordamos de ellas, y porque es en el mundo, y no en ellas, donde verdaderamente estamos.

lunes, 28 de septiembre de 2020

QUÉ HACER. Aterrizando las ideas centrales de la agamia.


Han pasado más de seis años desde que el texto fundacional estableciera los ejes principales para el desarrollo de la agamia.

El plan se ha ido desarrollando con modificaciones, aunque estas no han sido sustanciales. Por eso la estructura del libro difiere mucho formalmente, pero puede remitirse bien a esta otra que aparecía con el diseño de un mapa mental en agamia.es. Hoy quiero hacer un ejercicio de recapitulación de prácticas y reconectar con aquella estructura primera.

Como sabéis la agamia, a diferencia de otras propuestas, se fundamenta sobre la especulación teórica y la búsqueda de unas bases consistentes que no puedan ser arrancadas de cuajo al primer soplo del lobo. Por eso uno de los problemas que surgen en el acercamiento a ella es cómo debe ser llevada a la práctica, o qué mecanismo conecta ambas cosas. La teoría ágama está compuesta de ideas más sencillas de lo que muchas veces parecen, pero una idea sencilla no tiene porqué ser completa o inmediatamente realizable.

Lo que voy a traer aquí son las herramientas que a lo largo de estos años he encontrado que resultan más eficaces para que estos ejes teóricos transformen la realidad. No serán, por lo tanto, instrumentos exhaustivos, que sirvan para que la vida gamonormada se convierta en completa vida ágama, sino muy significativos, de modo que el cambio pueda ser suficiente para que la vida ágama imperfecta pueda, en cualquier caso, ser justamente llamada “vida ágama”.

El esquema se componía de un elemento central (la agamia misma) y ocho elementos periféricos. Estas son las nueve herramientas que he encontrado como los nueve mejores atajos para, en cada uno de esos ejes, dar el salto de la teoría a la práctica.


AGAMIA. NO FORMES PAREJAS

Pero, aunque no se quiera, al final ocurre con frecuencia que nos encontramos en dinámicas gámicas.

En realidad solo sucede al principio, en las primeras tentativas, cuando aún no hemos formado el hábito, o si nuestra convicción no es clara y legitimamos algunas de esas dinámicas. Pero para eliminar esta complejidad hay una clave que resulta definitiva: no aceptes ninguna forma de apropiación sexual.

Ya sabes que en otras propuestas se negocia el grado de apertura sexual. Esa negociación funciona simbólicamente como una apropiación, que es el componente esencial del gamos. Al final no tenemos una apropiación completa, pero tenemos el derecho a negociar. Eso nos diferencia del resto y, por tanto, nos permite entendernos como gamos. No la negocies. Tu vida sexual es como tu vida como tenista: no es asunto de nadie más que tuyo. No abras el tema, salvo para explicar este principio. No permitas la formación de expectativas, no dejes que la cuestión te orbite. Expúlsala más allá de tu campo perceptivo. Por supuesto eso significa que no podrás apropiarte de la vida sexual de nadie en ningún grado. Pero si esto te causa dificultades el problema no es que no sepas cómo llevar a la práctica la agamia, sino que no sabes qué hacer con los celos. Y ese es otro punto.


AMOR. DALE LA ESPALDA

Claro, pero, ¿qué es concretamente el amor? ¿Cómo sé que esto ya es amor? ¿Hasta dónde puede llegar el afecto?

Desde el punto de vista puramente emocional podemos entender el amor como un afecto exaltado. Utiliza esa referencia. Donde hay exaltación, sobreactivación, proximidad con el desesquilibrio, el amor acecha. De modo que evita la exaltación.

Se puede afinar más, pero la mayor cantidad de problemas aparecen cuando los sentimientos, en general, empiezan a tener demasiado peso. Y, ya sabes, los sentimientos, como todo lo demás, ni mucho ni poco, sino lo justo. Así que, donde aparezca la exaltación, el objetivo pasará a ser, simplemente, desactivarla, empleando para ello los medios que sean precisos.


RACIONALIDAD. DEVUÉLVELE SU LUGAR

Conforme, pero a veces el irracionalismo se cuela en la argumentación. Una conversación ordenada y reflexiva puede acabar legitimando el “no pienses, siente”.

Ya sabemos que quien decida no pensar las relaciones no merece mucha atención. Pero quien se pone a pensarlas y llega a estas conclusiones es muy probable que en algún momento nos haya colado un absurdo y se haya apoyado sobre él para fundamentar su rechazo al pensamiento racional.

Aprendamos a reconocerlos. Según mi experiencia, estos son los más frecuentes, y estas son las formas de refutarlos señalando su carácter absurdo:

Absurdo: el pensamiento, la racionalidad, la consciencia, la lógica, son inútiles y no nos llevan a ninguna conclusión certera.

Refutación: sin embargo esta afirmación, a la que has llegado a través del pensamiento racional, pretende serlo. Si es cierta, entonces el pensamiento racional es eficaz, porque produce conclusiones certerass. Si no lo es, entonces también es eficaz, porque sería falso que es ineficaz.

Absurdo: no existe lo verdadero o lo falso. La verdad siempre es relativa.

Refutación: sin embargo tú has hecho una afirmación que pretende ser verdadera en términos absolutos.

Absurdo: no se deben emitir juicios morales. El bien y el mal son siempre relativos.

Refutación: sin embargo tú acabas de establecer un mandato moral.

Absurdo: el lenguaje es inútil. No podemos comunicarnos a través de él.

Refutación: sin embargo tú has emitido un mensaje que asumes que yo entenderé.

Además de esto, te puede ser útil esta entrada, en la que intento ordenar el a veces enrevesado debate sobre el tema del amor.


ÉTICA. ¿O MORAL?

Bien, pero, ¿cuándo deja la ética de ser ética y se convierte en moral?

Te voy a contar un secreto: ética y moral son lo mismo. Hay distinciones filosóficas, pero no se aplican al uso común, y menos cuando hablamos de relaciones. La distinción entre ambas se realiza solo mediante una connotación que es, precisamente, moral: cuando el presupuesto me parece bien lo llamo “ético”, y cuando me parece mal, aunque sea el mismo, lo llamo “moral”.

Este desdoblamiento es la manifestación más general del principio de doble moral sobre el que se asienta cualquier sistema opresor, que después se extiende por toda la cultura relacional. No lo aceptes. Llámalo moral o ética indistintamente, pero ten una sola. Puede ser flexible, puede no tener principios aplicables a cualquier situación, pero debe tener principios, y debe, a veces, mostrarse rígida. Si solo es flexibilidad e indeterminación, entonces es un espejismo: no hay nada.


SEXO. DESIGNIFIQUÉMOSLO

Demasiado subjetivo. ¿Qué tengo que hacer? ¿Pensar todo el rato que no significa nada?

Más bien buscar constatarlo. El esfuerzo subjetivo se ve recompensado cuando acaba apoyándose en hechos. Esfuérzate en que nada, ni bueno ni malo, pase a causa del sexo. Sal del sexo como entraste. Que lo que tenga lugar sea el sexo, pero nada más. Llegará un momento en que no necesites convencerte de su intrascendencia, sino que estarás convencidx.

Quizá pienses que impedir que haya cambios causados por el sexo sigue siendo casi tan abstracto o difícil como designificarlo. Si es así te propongo un objetivo aún más accesible: analiza esos cambios en cada ocasión. Concrétalos; busca ser consciente de ellos. Verás hasta qué punto son cambios producidos por significados contenidos en el sexo que son ajenos al sexo mismo, y la designificación se producirá sola.


BELLEZA. CONSTRUYAMOS NUESTRO PROPIO CANON DE BELLEZA

No es nada sencillo. Por más que lo intento mi deseo siempre se orienta de un modo muy normativo.

El deseo está íntimamente ligado a la validación del deseo, porque para todo necesitamos que las opiniones de lxs demás validen nuestro aparato psíquico. Si todo el mundo está en desacuerdo es que pensamos mal y deseamos mal. Podemos intentar que el cuerpo responda a nuestra sola opinión, pero va a ser mucho más complicado.

Invierte en construcción social de un canon ético (o moral). Dales a lxs demás la validación que tú necesitas. Facilítale al resto desear a quienes deben desear. En alguna medida, de alguna forma, cuando menos te lo esperes, ellxs te lo devolverán y completarán el ciclo de realimentación virtuoso.


GÉNERO. DESPERTEMOS DE LA PESADILLA

Este tema me parece inscrito en un debate demasiado complejo. Me supera.

Hace no tanto la cuestión era mucho más simple. Y los argumentos no han mejorado. Solo se han polarizado las posiciones, en la mayoría de las ocasiones volviéndose más simplistas. Es la presión política lo que transmite una falsa impresión de complejidad.

El objetivo sigue siendo el mismo: una sociedad donde el género (o su fundamento biológico, el sexo) carezcan de relevancia y poder para estructurar las relaciones.

No abandones ese tema, aunque parezca que cualquier cosa que pienses va a ser demasiado polémica: se puede reducir la expresión del género y a la vez denunciar sus opresiones.

Pero nosotrxs no solo combatimos el género eliminando su expresión, sino que lo hacemos, sobre todo, de manera afirmativa, construyendo otro. Nuestro género se llama “carácter” y, como aquel del que venimos, constituye nuestra segunda naturaleza.


CELOS. HABLEMOS DE “INDIGNACIÓN”

Celos, indignación… Al final es la misma sensación horrible que me impide llevar las relaciones como creo mejor.

Entonces es que solo estamos cambiando el nombre. Cuando hablamos de “indignación” incluimos todas las formas de injusticia en la relación, porque queremos que nuestros conflictos no se concentren artificialmente sobre la apropiación sexual.

Pero, ¿y la herramienta? Es esta: aplica una mirada materialista. Procura resolver la indignación mediante la inclusión de recursos, no mediante su supresión. En teoría, tu indignación no es el resultado de que otra persona tiene algo, sino de que tiene algo que tú no tienes. Tenlo. En el caso de que no puedas tenerlo culpa a quien debas, no a quien tengas más cerca. Y asume, como haces en cualquier otro aspecto de la vida, que todas las personas no tenemos lo mismo, y que ese problema debe resolverse de manera colectiva, no individual.


FAMILIA. AGRUPÉMONOS LIBREMENTE

No es tan fácil. A veces ni siquiera hay gente ágama. Además, la hipoteca, la covid…

No buscamos una comuna, sino comunidad. Nuestra comuna-comunidad, en última instancia, es el mundo, la humanidad, y es con ella con la que nos relacionamos. Nuestro grado de convivencia con ella, de intimidad con ella, de construcción de familia con ella, es el que las circunstancias nos permitan, y en la medida en que construyamos esa convivencia posible será posible otra más amplia o profunda.

Las redes, las relaciones lejanas, las conexiones esporádicas, también son “familia”, pero en un grado menor. No pienses solo en el núcleo duro. Piensa en todos los grados de conexión que son necesarios para participar del mundo y que el mundo participe de ti. Explóralos y constrúyelos también. Quizás sea bueno hablar de “familia difusa”, a la que nosotrxs aportamos, entre otras cosas, esa mejor disposición a relacionarnos y cooperar en el desarrollo colectivo que es la agamia.

 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2020

FEMINISMO RADICAL Y AMOR. RESPUESTA A LA MESA REDONDA DE LA ESCUELA ROSARIO ACUÑA


He hecho este vídeo porque ha surgido la oportunidad de contar algo importantísimo. Por eso de antemano os animo a utilizarlo como material divulgativo, didáctico, y de debate y confluencia con el feminismo. Esto es lo que tenemos para contestar a quienes se muestran suspicaces con la agamia porque el feminismo radical no la ha avalado.

Lo explico en los primeros minutos, pero os lo voy a resumir aquí: la AGAMIA está huérfana de FEMINISMO, porque el feminismo que le corresponde, el no sexopositivo (es decir, el que cuestiona la revolución sexual desde una perspectiva de género) ha sacado ese cuestionamiento, y todo lo concerniente a las relaciones, de su agenda y de su temática.

La agamia se adscribe al feminismo, pero no tiene un feminismo en el que mirarse, porque quienes deberían hablar desde él, callan. Y cuando hablan, como aquí, mejor habría sido que hubieran seguido en silencio.





lunes, 27 de julio de 2020

Presentación del libro


Este domingo he compartido un rato muy agradable con la gente de Agamia. Comunidad y memes, (página de divulgación y humor ágamxs que os recomiendo vivamente) presentando el libro.

Os dejo el vídeo del encuentro, que puede serviros para hace realizar una primera aproximación a sus contenidos, a su estilo y, sobre todo, a su sentido, su intención, su espíritu.

Eso sí, en ningún momento nos acordamos de mostrar el libro a cámara, así que si queréis ver su aspecto os tendréis que ir aquí.


miércoles, 15 de julio de 2020

aliados


A estas alturas ya hay bagaje para valorar si nos va bien con el término “aliado”. Y parece que nos va mal.

Una vez agotada su novedad la comparación con el clásico “feminista” no parece arrojar grandes ventajas. Por un lado sí, evita el borrado de las mujeres y la usurpación. Por otro suena tan adulador y a la vez autoelogioso, tan mezquino en definitiva, que parece justo el término que elegiría un infiltrado.

El término “aliado” tiene dos graves defectos fundamentales con respecto a “feminista”, aplicado este a un varón. El primero es que designa una conducta. El feminismo es muchas cosas, unas teóricas y otras prácticas. Quien es feminista, que nunca lo es ni deja de serlo del todo, dado que todxs nos movemos en una franja de niveles de igualdad correspondiente a nuestro contexto histórico y cultural, puede serlo de manera combinada, teórica y práctica, pero también puede serlo de manera descompensada. Eso es propio de cualquier ideología que vaya acompañada de un movimiento social o incluso de la que, simplemente, pueda derivarse una práctica.

Si decimos que X es marxista no estamos concretando en qué sentido lo es. X puede ser experta en marxismo, o puede llevar una vida que Marx aprobaría, o puede, simplemente, autodesignarse así. X puede ser, incluso, burguesa, es decir, enemiga de clase del marxismo. En tanto que no concretemos en qué sentido es marxista la categorización no tiene por qué ser incorrecta. Esa incertidumbre debe ser asumida en su uso. Es una limitación en el término que sirve para disponer de su generalización. Si ser marxista fuera una cosa muy concreta todos los sujetos que quedaran fuera caerían bajo la categoría “no marxista” de un modo indiferenciado que aumentaría la confusión. Para que “marxista” nos dé más información debemos seguir preguntándole y añadiéndole nuevos términos.

Sin embargo, cuando decimos que Paco es aliado hemos concretado mucho más. Paco no está necesariamente de acuerdo con la teoría, aunque seguramente se lo atribuyamos. Lo que sabemos con certeza es que Paco ha sellado una alianza, es decir, que está fiablemente comprometido con llevar a cabo conductas coherentes con los postulados feministas.

“Aliado” es, por lo tanto, una categoría práctica y, por lo tanto, moral. Nada en contra de las categorías morales, salvo, lógicamente, cuando son a priori. Si Paco dijera de sí mismo que es generoso, prudente o sincero lo único que sabríamos de Paco es que es alguien que exige de nosotrxs una confianza que le beneficia. Paco pide que se le atribuya, a priori, la categoría “bueno”. Paco es, al menos en este sentido, malo.

La autodesignación “aliado” es de esta naturaleza. Es, por lo tanto, no un paso menos, si un paso más que la autodesignación “feminista”. El feminista puede reducir su feminismo a una admiración intelectual. El aliado va más allá: hace cosas. ¿Qué cosas? No lo sabemos, pero en tanto que las hace, ya merece más compensación que el feminista.

El segundo defecto se deriva del primero; se trata de la falsa modestia. Un aliado no solo se autodesigna como sujeto activo en el movimiento feminista, sino que con ello efectúa también un supuesto gesto de humildad que lo proyecta a una categoría superior a la del hombre feminista. Ese menos-es-más no tiene, además, contraprestaciones. Fuera del feminismo lo mismo da ser feminista que aliado. Dentro, un aliado es superior. ¿A cambio de qué? De nada; de la autodesignación misma. Es esa autodesignación, y ninguna otra cosa la que, a la postre, es valorada como el acto feminista que lo legitima: “Aunque no haga nada más ya ha hecho algo: ha dado un paso atrás.” ¿Lo ha dado? No lo sabemos, pero en tanto que se trata de una categoría práctica, es decir, que designa una práctica, debemos entender que lo da realmente, que lo ha dado, que suele darlo, que lo está dando ahora, lo parezca o no.

Aún hay un tercer problema con la designación “aliado”. No me extenderé sobre él por razones de espacio y por conservar la fuerza persuasiva del texto. Lo dejaré solo enunciado con vistas, o no, a ulteriores desarrollos: distinguir feminista de aliado tiene como consecuencia la subjetivización de la teoría feminista, dado que establece sujetos de enunciación privilegiados cuyas posiciones prevalecen sobre la fuerza de los argumentos. Frente a la tendencia naturalmente democrática de la racionalidad recogida en la frase “la verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”, la categorización entre sujetos que teorizan tiene como consecuencia no que unos reciben prioridad con respecto a otros (esto sería lo de menos) sino que cualquier idea puede escudarse en la categoría del sujeto que la enuncia, o quedar indefensa ante el que no lo hace. Pero mantengamos el foco en las dos críticas previas.

Lo que se ganaba con el término era, como decía al principio, evitar la usurpación en el feminismo; evitar confundir tanto al sujeto del feminismo (las feministas) como al objeto (las mujeres). El feminismo no debe ser ni de los feministas ni para los feministas. Una vez que son llamados “aliados” el peligro se disipa.

No creo que sea así. ¿Un feminista sustrae, conserva, en la práctica, más privilegios que un aliado? Con respecto al uso de la palabra entiendo que la autodesignación es indiferente, dado que se trata de distinguir a hombres de mujeres, y la socialización de género hace que para ello no se requiera terminología alguna. Un hombre feminista, en tanto que tal, no posee grandes ventajas sobre un aliado a la hora de acaparar la palabra. Si hablamos de otro tipo de interacciones, es notorio que el aliado se ha ganado, gracias a su “humilde gesto del paso atrás”, un salvoconducto, convirtiéndose en el hombre deconstruido, inocuo y seguro, de referencia.

En mi opinión “hombre feminista” es una designación (para las ocasiones en las que esta es necesaria, que son muy, muy pocas) más que suficiente, como lo es la de “marxista burgués”, siempre que se lleve hasta las últimas consecuencias y se deje atrás la traicionera tendencia a entenderlo como un oxímoron asumiendo que, “dado que un hombre no puede ser feminista, si es feminista será que no es hombre”. Nada debe asombrarnos de que los conflictos generen tránsfugas, pero un tránsfuga ni está del todo en un lado ni lo está del todo en el otro; el segundo transfuguismo siempre será más fácil que el primero. Ser hombre, ya se sea feminista, pelirrojo o en cuclillas, significa pertenecer al sujeto opresor del patriarcado, y la estructura opresora tendrá grandes beneficios que reportarle y estará ahí para tentarlo siempre. Un hombre feminista es un hombre, y debe llevar a todas horas y en todas partes su designación completa. Esa que se ha apocopado, con tan inquietantes consecuencias, en “aliado”.