martes, 14 de marzo de 2017

pero, ¿qué es AGAMIA?


La agamia vio la luz hace poco más de tres años, y desde entonces la idea ha agarrado con fuerza. 

Hoy ya es un término utilizado normalmente en las referencias a nuevos modelos relacionales, y por todas partes aparecen personas que se identifican a sí mismas como ágamas.

Eso a pesar de que el cambio de marco conceptual es tan completo que a veces se es ágamx sin entender del todo en qué consiste eso que se está siendo.

Explicado de una forma gráfica, se puede decir que la agamia es un viaje a un lugar tan distinto a aquél del que partíamos que, tras un cierto recorrido… bueno, si no somos exactamente ágamxs, al menos podemos decir que somos viajerxs de la agamia; tan lejanos de nuestro origen que apenas podemos ya decir que pertenezcamos a él.

Pero entonces, ¿qué es “agamia”?

Según su definición más general, la agamia es un modelo relacional consistente en no formar pareja.
Así de sencillo.

Si no formas pareja, eres ágamx. Otra cosa, eso sí, es cómo lleves a cabo tu agamia.

“Ah, pero entonces… ¡Siempre he sido ágamx!”

Probablemente, pero vamos a aclarar algunos equívocos para evitar que el trazo se pase de grueso.

Ni todas las personas sin pareja son ágamas, ni todas las parejas dejan a las personas completamente fuera de la agamia.

¿Complicado? Qué va. Veámoslo con los ejemplos más característicos:
Llevo mucho tiempo sin pareja. Eso es ser ágamx, ¿no? Por fuerza, pero ágamx al fin y al cabo”

Pues no. La agamia no se “está”. Se “es”. Si se “estuviera”, entonces sería ágama cualquier persona con pareja cuando bajara sola a comprar el pan. Si no tienes pareja, pero quieres pareja o haces por construir una pareja, entonces eres una persona monógama fracasada (como casi todo el mundo, eh, incluida la gente que la tiene, no lo tomes a mal). Pero cuando dices “¿y si dejo de buscar pareja y me organizo así, tal y como estoy?”. Hmm… ¡Eso ya es otra cosa!

Tengo pareja, pero no es una pareja convencional. Somos igualitarixs y respetamos nuestro espacio. Más bien somos compañerxs. Compañerxs ágamxs”.

Bueno… lo igualitarix que se puede ser cuando se hereda y reforma una estructura patriarcal, ¿no? 

Que conste que es perfectamente posible que tengáis una relación estupenda. Pero si lo es no será gracias a lo que el formato pareja os ofrece, sino a vuestro sentido común, a vuestra sensatez, a vuestra capacidad, en definitiva, para oponeros a lo que una pareja tiende a ser. Es perfectamente posible que tengáis una relación estupenda, digo. Pero desengáñate: no es probable.

Y no es agamia. Es monogamia normal y corriente. Monogamia entre buena gente, si quieres.

No soy monógamx. Tengo relaciones múltiples”.

Pues por eso no eres ágamx. Porque tienes “relaciones”, es decir, porque hay un grupo de personas con las que te relaciones a las que llamas “relaciones” y un grupo de personas con las que te relaciones a las que no llamas “relaciones”. Incluso, si lo piensas, existe una cierta relación con la humanidad entera que también se está quedando del lado del no. Eres tú quien ha decidido dónde está esa barrera que separa a un grupo de otro. Y el ponerla es lo que te separa a ti de la agamia.

Por cierto, cuando hablas de “relaciones”, ¿te refieres a las personas con las que tienes relaciones sexuales? Entonces ya está claro: no eres ágamx para nada.

No hago diferencia entre mis parejas y mis otras relaciones. Para mí son todas iguales y ninguna tiene privilegios sobre las demás”.

¿Y no te vuelves locx? Lo primero que haces es diferenciar a tus parejas de tus relaciones, y después intentar que esa diferenciación no tenga consecuencias. ¡Cuánto trabajo inútil!

Las relaciones entre las personas son diferentes, y no hay nada de malo en ello. Lo malo es que sean injustas. No se trata de que a todo el mundo le proporciones lo mismo, sino de que le proporciones a cada quién aquello que es tu responsabilidad proporcionarle. No sé muy bien qué eres, pero creo que vas a dejar de serlo en cuanto encajes algunas piezas.

Ni tengo pareja ni la quiero. Yo vivo mi vida, que son cuatro días. Lo que hay que hacer es disfrutar sin ataduras. Soy agamx, ¿a que sí? ¿A que yo lo he clavado?”

Tengo una mala noticia para ti: Si lees algún texto sobre valor sociosexual descubrirás que eres carne de pareja, y que te resistes a ella fetichizando sexualmente a personas que consideras inferiores a ti. 

No voy a desarrollar esto, pero de momento te digo que, aunque pasas por ágamx, ni lo eres ni nos interesas, y que si en algún momento la agamia llega a estar representada por gente como tú, entonces dejará de ser agamia y pasará a ser el lado oscuro de la agamia, que no es otra cosa que el futuro atomizado de nuestras relaciones, y que es justo aquello que la agamia rechaza con más ímpetu y con más decisión. Mucho más intensamente que la monogamia misma.

“Pero, entonces… ¡¿Es que nada es agamia?!”

Sí que lo es. Como dije al principio, agamia es no formar pareja. Simplemente. Eso sí, con todas las consecuencias.

Por eso, en realidad, hay una cierta agamia en cada uno de los ejemplos anteriores. Porque allí donde la pareja no logra realizarse a la perfección, lo único que tiene para tapar los agujeros es su opuesto: la agamia. Un poquito de agamia.

Pero ya lo veremos en el próximo texto.




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