martes, 21 de marzo de 2017

5 claves para llevar la agamia a la práctica.


“Pues muy bien, ya sé lo que es la agamia. Ya puedo diferenciarla de un gibón, de la estética trascendental e, incluso, del poliamor.

Ya aprobaría un test sobre agamia, pero lo que de verdad quiero saber es cómo llevarla a cabo. ¿Cómo se hace? ¿Cómo se es ágamx?”

No han sido pocas las veces en que he recibido críticas por definir y describir la agamia en sentido negativo, desde lo que la agamia rechaza.

Voy a intentar dar a esas críticas parte de la satisfacción que merecen con un texto tan claro y concreto como me sea posible. Y, sobre todo, tan positivo.

Y para ello voy a aprovechar el formato bloguero por excelencia: la lista de claves, o reglas, o principios, o consejos, o como se quieran llamar. Cinco ideas, que también es una cifra apetitosa.

Vamos con ellas.

1-NO TENGAS PAREJA.

¡No, no, no! No es empezar con las negaciones otra vez. Aunque es la regla que da sustancia a la agamia, y todo el mundo se la sabe, no está de más recordarla en una lista de “trucos básicos”. 

Comprobarás, si no lo has hecho ya, que no formar pareja es algo absolutamente positivo, es decir, que requiere de una actitud muy consciente con consecuencias muy visibles. Que es, en definitiva, lo contrario a no hacer nada.

Y, si aun así, esta primera regla te resulta insípida, añádele, además, el decirlo.

Que tu entorno (o la parte que consideres segura en él) sepa que no formas pareja. Que no es que no tengas. Que es que no la quieres. Que tú lo haces de otra manera.

Te garantizo dos cosas: La primera, muchas conversaciones sobre agamia que te obligarán a reflexionar sobre tus propias ideas relacionales. La segunda, muchas sorpresas. Mucha gente pensando en ti, en cómo vives, en cómo lo haces, tal vez sin decírtelo nunca, tal vez, cuando menos te lo esperes, diciéndote: “¿sabes una cosa? Yo también soy ágamx”.

2-DISFRUTA DE TU SITUACIÓN.

La agamia tiene desventajas que, en general, conocemos: poca gente que la practique, que la entienda o que ni tan siquiera parezca preparadx para concebirla; cierta discriminación a la que la amatonormatividad nos somete; incertidumbre por no saber exactamente en qué consiste lo que tenemos que hacer ni si llegaremos a satisfacer nuestras necesidades con ella…

Pero hay ventajas que tendemos a olvidar, simplemente porque no podemos cambiarnos de modelo como cambiamos de menú, y es tan fácil acostumbrarnos a lo bueno y dejar de verlo como obsesionarnos con aquello que parecemos haber perdido incluso aunque no lo consideráramos antes de gran valor.

Es muy posible que la agamia te esté ofreciendo varias cosas que merece la pena recordar para disfrutar plenamente de ella. Sobre todo estas dos:

En primer lugar te ofrece paz. Es muy posible (aunque no seguro) que la montaña rusa emocional haya pasado a mejor vida. Los conflictos no se han extinguido, pero han dejado de ser un trastorno sistemático. No sólo hemos dejado de jugárnoslo todo a una carta; en realidad hemos dejado de vivir las relaciones como si fueran la visita a un casino, del que aspiras a salir forradx pero es muy probable que ocurra todo lo contrario. Ahora esto se parece más a un jardín o un huerto, y la felicidad tendrá más que ver con disfrutar del crecimiento diario de las cosas que con la posibilidad de que de repente nos broten tomates de oro.  ¿Demasiada paz? Eso sería malo si viniéramos de la felicidad. 
Pero no venimos de ella. Lo que la paz nos trae no es aburrimiento. El aburrimiento ya estaba aquí, y se ocultaba, sobre todo, tras una gruesa capa de problemas. Ahora lo que tienes no es aburrimiento, sino la oportunidad de pensar cómo salir de él.

En segundo lugar te ofrece crecimiento, o descubrimiento, o deconstrucción, llámalo como quieras. ¿Sabes esas personas que descubren un día, tal vez a los 45 años, que llevan toda la vida reproduciendo en bucle su proyecto sentimental, como si aún tuvieran 20, como si la vida se hubiera parado entonces? Pues tú ya no eres de ésxs. Tú has vuelto a poner el motor en marcha. Y, del mismo modo que entonces tenías la sensación de que no sabías muy bien a dónde ibas, y de que descubrías e inventabas el mundo a partes iguales, ahora el camino vuelve a ser nuevo, y vuelve a ser hacia delante. Da un poco de vértigo, pero recuerda que es justo lo que a todo el mundo le gustaría hacer. Es el tipo de vida que lxs demás lamentan continua y cansinamente no estar viviendo.

3-¡PROPÓN!

La pregunta que verdaderamente asedia a quienes practicamos la agamia es “¿cómo vamos a conseguir ahora aquello que sólo se conseguía en pareja?”

La vieja amistad gámica está muy bien para tomar un café, y a veces para algunas cosas más. Pero sabemos que tiene las alas cortadas.

Nos toca, ahora, pegarle de nuevo cada pluma.

¿Te apetece pasar el fin de semana con alguien? Piensa en quién sería la persona adecuada y hazle una propuesta concreta, respetuosa y clara.

El mundo gámico lo va a entender todo según un plano en pendiente: si tú estás arriba y la otra persona está abajo, no propongas, que se puede enamorar. Si la situación es inversa, no propongas, no vaya a ser que te enamores tú.

No aceptes esa pendiente. Construye en ella espacios llanos, terrazas, y queda en ellas: “ésta es la idea de lo que quiero hacer, ni más ni menos. ¿Te apetece?” Si no quiere hacer todo eso, que recorte la propuesta; si quiere ampliarla, que lo diga explícitamente. Pero la terraza es la terraza. No es el paso previo para ir a ningún otro sitio. La terraza es buena y útil en sí misma, y usarla bien consiste en disfrutarla.
Y si nadie quiere disfrutar de tus terrazas, entonces puede que te venga bien ampliar un poco el círculo. Aunque, como te decía en el primer punto, te aseguro que pronto empezarás a recibir visitas inesperadas.

4-PIENSA EN COLECTIVO.

Esto no va de preguntarnos qué necesitamos e írselo pidiendo a la gente. Esto va de preguntarnos qué necesita la gente, entre la que, por supuesto, nos contamos nosotrxs, y proponer terrazas para satisfacer esas necesidades.

Vas a construir mucho mejor tus propuestas cuando descubras qué están necesitando quienes hay a tu alrededor. Y no quiero decir que te preguntes qué es lo que está necesitando aquella persona con la que quieres pasar el fin de semana, de modo que tengas algo que ofrecerle a cambio. Me refiero a las personas de tu entorno en general. Lo que más necesita tu entorno, sin duda alguna, es lo que más necesita la persona más necesitada de tu entorno. Ésa es la necesidad que más urge satisfacer. Cuanto más integrado está ese entorno más propia se hace para cualquiera la necesidad de la persona más necesitada, es decir, más pasa a ser mi/nuestra necesidad. En esa situación es muy fácil hacer propuestas, y muy fácil que sean aceptadas.

De hecho es muy fácil que te propongan, precisamente, aquello que tú necesitas y que no sabías cómo proponer.

5-ROMPE LA BARRERA PSICOLÓGICA DEL GAMOS: NO HAY NINGUNA BARRERA.

El gamos nos induce a pensar que no hay nada fuera de él y que, por lo tanto, fuera de él no se hace nada.

La pregunta “¿cómo se practica la agamia?” es el resultado de esta idea inducida.

En realidad, lo que tienes que hacer, que es comprometerte con la satisfacción de las necesidades de susbsistencia y desarrollo de tu entorno, en el que estás incluidx tú mismx, te va a ir dando respuestas.

Ahora has llegado a una muy importante: no construir parejas.

El resto también lo vas a deducir por simple sentido común. La vida crecerá de modo espontáneo en el espacio ágamo aunque alguien haya dicho que sólo pueden ser malas hierbas y que deberías arrancarlas.
Seguramente va a salir de ti el realizar propuestas, sin necesidad de que lo consideres una técnica de superviviencia ágama. Y saldrán otras cosas, poco a poco, o tal vez más rápido, como diluir tu identificación de género, promover un canon justo de belleza, o ir eliminando el objeto de deseo en tu erotismo.

No necesitas técnicas secretas para ser ágamx, ni necesitas a nadie en especial que te las cuente (“¿y los talleres?” Bueno, no digo que no venga bien un empujón. A veces ayuda). Lo que necesitas es pensar sin miedo, hasta el final. Hasta que los actos aparezcan por sí solos.

4 comentarios:

Assul Bendeck dijo...

Gran entrada Isra.

Chaika dijo...

Perfectamente claro y luminoso, como un día de primavera.

Lucila Chust dijo...

Interesante, aunque tengo dudas.
¿Qué papel juega realmente la agamia?¿no es posible construir relaciones sanas, vivir tu entorno, proponer desde la igualdad, diluir tu identificación de género o promover un canon de belleza justo si tienes pareja?

israel sánchez dijo...

Es posible, pero es contracorriente.
Mucha gente (aunque constituyen un reducidísimo porcentaje) progresa notablemente en esas líneas, llegando a tener relaciones monógamas que nos parecen verdaderas parejas felices. Cuando observamos con detenimiento descubrimos que los pilares de esa razonable felicidad son todos los espacios que su sensatez le ha conquistado a la naturaleza de la monogamia.