lunes, 11 de julio de 2016

parafilias: ¿cuál es la mía?


Como tantas otras cosas en nuestra cultura neoliberal, y como muchas otras cosas en nuestra cultura sexual neoliberal, el tema de las parafilias es casi siempre tratado desde la perspectiva del consumismo gourmet.

Interminables y cansinos catálogos de prácticas y supuestas prácticas sexuales nos son ofrecidos como refinadas cartas de degustación para descubrir nuevas experiencias con las que enriquecer nuestra vida sexual.

Se nos invita, además, a que miremos dentro de nosotrxs en busca de aquella que más se nos ajusta, y se nos llama a celebrar que la enorme variedad nos ofrece una oportunidad sin precedentes para que nos realicemos sexualmente. Se completa así el relato de la utopía consumista: el producto está creado para adaptarse a tus necesidades, y toda evolución o diversificación del producto obedece al descubrimiento de una nueva necesidad de cuya insatisfacción quizás no tenías noticia, pero que ahora tienes pendiente sentir.

Éste es el espíritu que subyace a los catálogos de parafilias, y ésta es la actitud que se espera de nosotrxs ante ellos: “no todo tiene por qué resultarnos atractivo, porque no todo corresponde a nuestra sensibilidad sexual personal. Lo que no nos resulta atractivo está ahí porque satisface sensibilidades sexuales que no coinciden con la nuestra y que, por lo tanto, no podemos comprender ni juzgar. El servicio que nos ofrece el catálogo es facilitarnos la localización de las que sí entendemos.”

Para encontrar nuestras parafilias a medida no necesitaremos enamorarnos de ninguna. Es evidente que habrá algunas que nos resulten algo más deseables que aquellas cuya sola lectura nos revuelve el estómago. Se nos dirá que las que menos rechazo nos produzcan nos están destinadas, nos encajan, y que si no nos entregamos a ellas con fruición es porque todavía no hemos liberado lo suficiente nuestra curiosidad sexual.

Tras el formato "catálogo" se materializa, así, el gran dogma del discurso sexual neoliberal: DESEA. NO JUZGUES.
Elige.
No necesitamos, sin embargo, ser peligrosxs revolucionarixs antisistema para recordar que en el neoliberalismo los productos no se conciben para prestar un servicio, sino para obtener una ganancia. Y no necesitamos ser ágamxs radicales para saber que, en nuestra cultura, el capital y el sexo están íntimamente ligados.

Si queremos no ser presa de la ideología de la depredación sexual neoliberal, debemos convertirnos en herejes de su dogma y en empecinadxs razonadorxs y juzgadorxs. Nos viene bien, para eso, rechazar el formato "catálogo" de productos precocinados inasequibles al juicio y sustituirlo por taxonomías orgánicas donde prevalezca la interpretación. Mucho más que en qué consista una parafilia, cuáles sean los productos que mejor la facilitan, dónde estén las personas que me permitirán practicarla, mucho más que todo eso, nos interesa entender su significado: ¿Qué función está realizando esa parafilia?

Y uno de los factores más determinantes en la conformación del significado de las parafilias es su relación con el valor sociosexual. Cada parafilia se asocia, entre otras cosas, a una relación determinada de valor sociosexual entre el sujeto y el objeto sexuales.

Pondré un ejemplo muy rápido para orientarnos, a partir del cual podremos establecer algunas definiciones.

A y B tienen una relación sexual porque su valor sociosexual similar les ha llevado a ello. Entendemos que un cambio de valor sociosexual en cualquiera de lxs dos hace peligrar dicha relación. Si el valor de A disminuye, B tendrá que elegir entre conservar su valor sociosexual abandonando la relación y realizándolo con otra persona de su mismo valor, o conservar la relación y dejar que A se beneficie, que se “alimente” de su valor, porque ambxs, al ser pareja, son juzgados como de valor equivalente. Todo el mundo entenderá que, si A está con B será porque A es un poquito mejor de lo que a simple vista parece. Pero también porque B no es tan buenx.

Pero también tienen otra posibilidad: pueden establecer una relación parafílica. Si A acepta ser humilladx sexualmente por B, B consigue con ello un grado de posesión que nunca habría obtenido si A hubiera conservado su valor primero. Dicho en términos prácticos, A ya no es aceptable como pareja sexual, pero sí puede serlo como subordinadx sexual. Podemos decir que A pasa a tener una relación parafílica de inferioridad con B, mientras que B pasa a tener una relación parafílica de superioridad con A.

Como se ve, la parafilia no es otra cosa que una tecnología extractiva que sirve para que una relación sexual resulte aceptable en términos de intercambio de valor sociosexual para las personas que participan en ella.

En este análisis, el sadomasoquismo aparece como la parafilia tipo o de referencia. Así, una persona masoquista no es otra cosa que una persona que tiene regularmente relaciones sexuales con personas de valor sociosexual reconocidamente superior al suyo, y que se somete para poder tener esas relaciones. Una persona sádica es alguien que tiene regularmente relaciones sexuales con personas de valor sociosexual reconocidamente inferior al suyo, y que las somete para poder tener estas relaciones.

Pero el sometimiento puede adoptar muchas otras formas. El sadomasoquismo puede desplazarse, por ejemplo, a un fetichismo de pies. La persona de menor valor sociosexual sólo aspirará a poseer los pies de la persona de valor superior y, a la vez, ésta no aceptará de la persona inferior nada más allá que dicha posesión.

En las dos parafilias expuestas hasta ahora (sadomasoquismo genérico, y fetichisimo de pies) A y B siguen siendo recíprocamente sujeto y objeto de la relación, a pesar de que el valor sociosexual de A ha cambiado. Por esta razón las llamo parafilias de conservación de objeto. Las diferencio de las parafilias de conservación de posición que son aquellas en las que se sacrifica el objeto sexual por otro que corresponda con el valor sociosexual del sujeto, de modo que se pueda conservar la posición relativa. Lo que coloquialmente se conoce como “bajar el listón”.

A podía haberse ahorrado el sometimiento a B y haber buscado una relación con alguien de su mismo valor sociosexual, ante quien no necesitara someterse. Todxs vamos haciendo, en mayor o menor medida, este tipo de adaptaciones a lo largo de nuestra vida. Pero a veces dicha adaptación es o se percibe como imposible, porque no existe dicho sujeto inferior. Es entonces cuando se recurre a objetos habitualmente considerados como impropios de una relación sexual, pero a los que el sujeto logra desplazar su deseo. La zoofilia o la necrofilia serían parafilias de conservación de posición, porque el sujeto A no necesitaría (como originalmente no necesitaba con B) someterse a su objeto para acceder sexualmente a él. La masturbación o la asexualidad serían frecuentemente modificaciones del objeto con conservación de la posición, aunque en estos dos casos no se habla jamás de parafilias.

La gran mayoría de las parafilias se explican con facilidad mediante estas cuatro categorías, especialmente si recordamos que las cateogorías son dinámicas (es decir, que la clasificación de la parafilia no sólo depende del objeto de deseo, sino desde qué otra práctica se llega a dicho objeto) y que, como tecnologías extractivas que son, su significado tiene cierta tendencia a ocultarse para optimizar el resultado del flujo de valor sociosexual (un sometimiento puede convertirse en fetichismo de pies para hacerse pasar por una conservación del sujeto, es decir, por la impostura, por el “juego”, de una supuesta relación igualitaria entre el sujeto y los pies del objeto).


2 comentarios:

Anónimo dijo...

No estoy de acuerdo. Tu teoría choca con la realidad de que hay personas de alta posición sociosexual, por utilizar tus mismos términos, a las que les agrada, o que practican la sumisión sexual. Quizá está relacionado con lo contrario de lo que defiendes, una necesidad psicológica de ceder el poder y el control (por un rato, en una situación controlada, valga la paradoja)

contraelamor dijo...

estoy de acuerdo.
eso estaría contemplado como parafilia especular (una inversión del rol natural en la parafilia para compensar un nivel extremo en el rol que se experimenta como incómodo o que amenaza a la conservación de la relación).