miércoles, 15 de agosto de 2012

historia de amor: desglose por indicadores. XV. Transmitir profesionalidad y eficacia


4 Noviembre 2012 Domingo 15:14

-Igual que siempre. ¿Qué os voy a decir? Pues como era de pequeña, en eso no cambia. Siempre trabajando, responsable, cumpliendo con todo. Es una chica que tiene las cosas muy claras. ¿Os acordáis cómo se ponía cuando no le salía algo? ¡Madre mía, la renacuaja! ¡Qué berrinches!
-Bueno, pero mira ahora qué bien le ha servido. Vale mucho. Eso al final da sus frutos. ¿Y el chico? ¿Es el enfermero del que nos hablasteis?
-No, hija, otro. Éste es informático. No lo conocemos. A ver. Ella habla muy bien de él. Se le ve contenta. Dice que se llevan muy bien y que se quieren mucho. Ni idea. Esperemos que sea éste el bueno. A mí me ha dicho ella que le gusta la carne y he preparado los solomillitos en salsa, que vea que la suegra guisa bien. Por mí que no quede…

Suena un móvil.
-Raquel (…) ¿Qué pasa hija? (…) ¿Y eso? (…) Pero hija mía, que han venido los tíos (…) ¿Y me avisas ahora, que lo tengo todo, que son las tres…? (…) Bueno, bueno, bueno, no te alteres, a ver, que no pasa nada. Si no puedes venir pues no puedes venir (…) Pasaos luego al café, aunque sea, ¿no? Y os lleváis los solomillos. (…) Bueno (…) Bueno, pues no te preocupes. (…) Venga hija mía. Cuídate mucho. (…) Adiós.

Emilia contempla el gesto descompuesto de su hermana.
-¿Pasa algo?
-El trabajo. Yo no sé, el trabajo éste que tiene. Dice que mejora, pero siempre como una burra. ¿Tú te crees, un domingo?
-Bueno, el trabajo es lo más importante.
-Tan importante no puede ser, que haya que dejar a la familia y dejarlo todo. Vaya voz tenía...
-¿Y el chico?
-No sé…
Antonio se levanta de la mesa con aire cansado.
-Venga, vamos a comer nosotros.

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