viernes, 2 de septiembre de 2016

deseo, parafilias y BDSM. una "pequeña" aclaración


En el ámbito de lo sexual llamamos coloquialmente “deseo” a la orientación que adquiere la excitación sexual.

Hay deseo cuando existe excitación sexual y cuando aparece claramente determinado aquello que la satisface. Deseamos a una persona, deseamos a un determinado tipo de personas, deseamos una cosa, deseamos una conducta… Lo que anticipamos que nos satisfará sexualmente es lo que deseamos.

La cultura de la sexopositividad nos invita a “liberar” nuestra sexualidad mediante la aceptación de nuestro deseo. Nos dice que lo que deseamos está bien, por el simple hecho de que lo deseamos, y negarlo es negarnos a nosotrxs mismxs. Nos dice, además, que debemos realizarnos sexualmente mediante el “descubrimiento” de nuestros deseos ocultos (a los que con frecuencia llama “parafilias”). Nos dice también, aunque con un lenguaje menos decidido, que, dado que nuestro deseo es verdadero, es por lo tanto legítimo, y tenemos derecho a realizarlo.
Así, quedan igualados tres niveles de deseo que, sin embargo, deberían permanecer siempre perfectamente claros y distintos:

1-“deseo” como objeto de deseo: aquello que anticipamos como susceptible de excitarnos y satisfacernos sexualmente.

2-“deseo” como decisión consciente de lo que queremos realizar o que se realice.

3-“deseo” como lo que debe ser deseado.

En resumen: si sentimos “deseo” por algo, es “natural” que decidamos “desearlo” y, por consiguiente, es justo que lo deseemos y que pugnemos por realizarlo.

Esta cultura del deseo está importada, obviamente, del consumismo radical. Nuestra función como individuos sociales es generar deseos y dedicarnos a procurar su satisfacción de un modo perfectamente acrítico. De esta manera entiende el neoliberalismo a las personas: máquinas deseantes que trabajan para el sistema a cambio de medios para satisfacer sus deseos, y que trabajan después nuevamente mediante la generación de deseos y la devolución de los medios obtenidos en pago por la satisfacción de dichos deseos. El neoliberalismo entiende, por lo tanto, que todos los deseos son buenos. Que desear es una virtud.

Pero, de vuelta a la sexopositividad, sería deseable (en el tercer sentido) confrontar la importación de este concepto con todas sus consecuencias, y no sólo con las que se consigue hacer pasar por simpáticas parafilias.

No importa, al menos demasiado, al menos de momento, que haya gente que se excite con la visión, o la succión, de una alpargata de esparto (me lo acabo de inventar, pero seguro que tiene ya su sección en el colorido y apetitoso catálogo de las parafilias). Sin embargo sí importa que haya gente que se excite con la asfixia ajena. Importa en la medida en que se realicen esfuerzos por transitar de la anticipación del placer al reconocimiento consciente de que se desea alcanzar dicho placer y, de ahí, a la legitimación de los esfuerzos por alcanzarlo. Es entonces cuando adquiere etiquetas eufemísticas, y en vez de llamarse “ponerse cachondo cuando se estrangula a una mujer hasta que se desvanece” pasa a llamarse “breath control games” (juegos con el control de la respiración. De la respiración de la otra, claro, y el “control” consiste, sobre todo, en conseguir su desvanecimiento sin causar daños cerebrales. Aquí es justo reconocer, la verdad, que habitar esa fina línea implica mucho control).

Parece que los breath control games existen porque alguien descubrió que le excitaban y empezó a experimentar con ellos. Pero no es cierto. Existen, simple y llanamente, porque alguien tuvo el ingenio suficiente como para convertirlos en una parafilia, es decir, para legitimarlos (a pesar de que son una forma evidente de maltrato), e ideó unas cuantas herramientas, entre ellas un nombre, que disimulan su naturaleza poniendo el énfasis en la excitación sexual que producen.

Si otras aberraciones (me encanta esta palabra porque escandaliza a toda la caverna sexopositiva, que se considera con derecho a hacer todo aquello que pase por sus supuestamente sucias mentes, desde la estúpida idea de que son las únicas personas que conciben horrores para otras, sin comprender que todxs los concebimos, y que la verdadera diferencia es que el resto no los legitimamos –aunque esta deslegitimación, eso es cierto, a veces se lleve a cabo mediante mecanismos represivos-) no se han convertido ya en material pornográfico y prácticas habituales, es sólo porque esa inventiva persona (¿ese varón?) capaz de convertirlas en parafilias aún no ha aparecido.

No haré la lista de las posibilidades por explorar. Podéis hacerla vosotrxs. Sí, todo eso que os viene a la cabeza. Efectivamente.
Mientras otrxs siguen confundiendo el macromachismo presente en la cultura de la tortura (a mujeres) por consentimiento sugestionado, con el amable frikismo medievalista gótico y mazmorrero, nosotrxs volvamos al terreno de las decisiones libres, de la responsabilidad ética, y de las distinciones terminológicas aceptablemente correctas.

No podemos escandalizarnos ante la presencia de deseos atroces en nuestra conciencia, y no podemos escandalizarnos, ni tan siquiera, ante el hecho de que nos exciten sexualmente. Debemos escandalizarnos ante su indiscriminada legitimación. Debemos escandalizarnos ante los esfuerzos por realizarlas de una u otra manera (más o menos performativa, siempre, al menos, un poquito verdadera) en vez de que los esfuerzos estén enfocados en comprenderlas (lo que puede conllevar algún tipo de realización, claro, pero nada que ver con lo que nos estamos comiendo) y en “resolverlas”. Porque si algo en nosotrxs identifica el sufrimiento ajeno con el placer, algo nos está diciendo ese algo, y nuestra responsabilidad en tanto que parte adulta de la conciencia no es satisfacer los caprichos de ese algo como si fuera un niño mimado, sino escucharlo, entenderlo, y ayudarle a reconciliarse con aquello que desea destruir.

En resumen, que sentir deseo no condena a desear, ni obliga, por supuesto, a legitimar el deseo.

Es decir, que nuestro deseo puede no sólo ser indeseable, sino que podemos optar por no desearlo.

Y todo eso sin una pizca de represión.


9 comentarios:

Manolo Benet dijo...

Fantástica entrada.

Manolo Benet dijo...

Fantástica entrada.

V dijo...

Enhorabuena. Se produce dinamita, cuando se juntan Razón y Risa. Otro texto memorable y necesario, que impondría de lectura obligatoria para adolescentes de hasta 80 años (los malvados no hará falta que lo lean: esos ya lo saben).

David Meléndez dijo...

Bueno el artículo. Ahora: la pornografía genera las filias o las filias generan material pornográfico?

David Meléndez dijo...

Bueno el artículo. Ahora: la pornografía genera las filias o las filias generan material pornográfico?

contraelamor dijo...

muchas gracias.
yo diría que la pornografía no es la parte creativa del conjunto, sino la divulgativa. Pero la divulgación implica una cierto componente de creación (en la traducción de lo experimental a lo comercializable) y, por supuesto, de selección (sólo aquellas parafilias que prometen generar beneficios).
así, las parafilias no son un verdadero catálogo horizontal, sino un conjunto de prácticas de diversa genealogía y naturaleza, en función del lugar que ocupan o aspiran a ocupar en el conjunto escuela pornográfica-sexualidad-cultura experimental de la parafilia.

Anónimo dijo...

No estoy de acuerdo en absoluto con esta entrada. Para empezar, ¿como distingues un deseo "deseable" de uno que no lo es? ¿Aplicando un parámetro moral kantiano con base en un "deber" ético de incierta procedencia? ¿Cuales son los límites de ese deber ético? ¿Quién los decide? ¿Por que es antiético llevar a la práctica mi deseo de que me azoten con un cinturón con una persona que desea azotarme? ¿Acaso no somos dos individualidades libres y pensantes y no lo acordaríamos de mutuo acuerdo? Y de ser así, ¿que problema habría?

Dices que no habría pizca de represión; lo dudo mucho. Usando tus mismos argumentos, se podría decir que la homosexualidad es una parafilia aberrante, fruto de una misoginia interiorizada que se debe combatir y erradicar mediante la "reconciliación" con lo que se quiere destruir (teniendo sexo cishetero).


Muchas preguntas y demasiadas pocas respuestas.

contraelamor dijo...

cada vez me sorprende más que que queden personas que no se hayan encontrado aún con la refutación del argumento de la libertad, la madurez y el acuerdo mutuo.
la red está llena de estas refutaciones, porque son el fundamento de la defensa del regulacionismo, del bdsm y de la pro-pornografía, y porque se les contesta sistemáticamente.
lo que no aparece jamás es una respuesta a esa refutación. sólo una perpetua vuelta a reivindicar que todxs somos adultxs para elegir lo que queremos hacer y que decir qué debe o no debe hacerse huele a moral (con lo que se quiere decir "moral cristiana", olvidando que la moral de la libertad es la moral capitalista).
así que nada, volvamos otra vez, y las que queden, a la refutación de tu argumento.
la moral de lo justo no es más moral que la moral de lo libre. ambas establecen su prioridad moral y estipulan que lo que se oponga a esa prioridad es injusto. al fin y al cabo, a ti te está pareciendo inmoral el texto del post. lo dudoso que sea el origen de la moral kantiana es irrelevante si no puedes encontrar algo dudoso en las afirmaciones que se hacen a partir de ella. es un argumento en blucle: dices que soy moralista, ser moralista es malo, por lo tanto mi discurso es malo. pero lo malo de mi discurso sigue sin aparecer.
por favor, seamos dediquemos el tiempo a algo más serio que acusar de moralismo. acusar es moral. acusar de moralismo (sin demostrar que se trate de un mal moralismo) es contradictorio.
en cuanto al argumento de la libertad y madurez individuales, no hay nada más contrario a la evidencia que reivindicar esa condición para las personas por el hecho de ser personas. la libertad y la madurez no son prerrogativas del individuo por su nacimiento, sino que se construyen en su desarrollo y en un determinado desarrollo: aquél que las hace maduras y libres. las conductas individuales y sociales son un continuo desastre de madurez, y el reparto de esa madurez es extraordinariamente desigual. esa falta de madurez implica falta de desarrollo del criterio de decisión y, por lo tanto, falta de libertad (pues las decisiones las toman, en realidad, los agentes de influencia social).
otra cosa es qué nivel de intervención deba tener el juicio moral en cada caso.
en condiciones de desigualdad, cómo es posible que lo olvidemos, la libertad está viciada y se puede ejercer presión para obtener libre consentimiento de cualquier cosa, incluso de la libre aceptación de la esclavitud.
el respeto indiscrimiado por la libertad acaba con todo tipo de lucha ideológica y legitima cualquier sometimiento siempre que la persona sometida no se rebele de manera manifiesta y pública. es la excusa perfecta para la invisibilzación de la opresión.
eso que dices de la homosexualidad es una acusación gratuita de homofobia. no lo voy a tomar en consideración.

Anónimo dijo...

Soy el anónimo de antes. Ante todo, decirte que no te acuso de homofobia y disculparme si te ha dado esa impresión; tan sólo procuré poner un ejemplo falaz como resultado de una lógica que a mí me resulta falaz. Escogí la homosexualidad, porque aún a día de hoy hay mucha gente que considera a homosexuales y lesbianas como gente enferma y pervertida, que corrompe a niñxs y demás tonterías.

Dicho esto, en primer lugar, decirte que me sorprende la asociación entre ética de la libertad y "ética" capitalista. Quizás lo fuera en primera instancia, pero ahí tienes innumerables sistemas éticos surgidos a lo largo de los últimos 200 años de la libertad que son, además, anticapitalistas y pro-justicia social (anarquistas, por ejemplo).

Respecto al reparto de la madurez, tienes razón: está desigualmente repartida. Más aún, te doy la razón en que mi ética, bajo unos parámetros materiales determinados podría derivar en un tipo de esclavitud, como, de hecho, ocurre actualmente. Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Prohibirlo todo? ¿Avergonzar a quienes creamos que hacen algo "aberrante" por no comulgar con nuestro sistema ético?

No. Para mí, la solución es más sencilla que eso: no es más que destruir todos los mecanismos opresivos, que, efectivamente, pueden hacer que nuestra vida derive en esclavitud autoimpuesta. Estado, capital, religión, familia, escuela, todos ellos. Criar a las personas para que aprendan a valerse por sí mismas, sí, pero también a confiar en el resto, a querer a la gente de su entorno como si fuesen hermanxs o compañerxs de vida. La inmadurez está desigualmente repartida, sí; pero me gustaría atender a las causas materiales de esa desigualdad. Esas causas suelen ir en conjunción con la propia rigidez en la crianza, el nivel de autoritarismo en la escuela y la falta de cuidados en la infancia. Cría horizontalmente a las personas, dales educación emocional libre y no se podrá hablar, más que con pequeñas diferecias, de falta de madurez. Y, hasta entonces, dado que las prohibiciones impositivas no sólo no han demostrado dar resultado (dime sino cuantas muertes ha impedido la prohibición de las drogas), creo que lo suyo es tolerar a lxs "aberrantes" y confiar en que tengan suficiente madurez para los actos consentidos que quieran llevar a cabo en su vida diaria; y darles soporte a quienes quieran dejar de actuar "aberrantemente" y no se atrevan, como mucho.

En fin, nuestros puntos de vista son absolutamente distintos, creo, por basarse en dos éticas (que no morales, la ética como la contemplo es algo escogido individualmente, la moral no) completamente contrapuestas, de tal manera que no se puedan reconciliar. Lo cuál, dicho sea de paso, es una lástima; sin embargo, eso no implica que vaya a dejar de defender mi sistema ético, pues mientras que vuestra ética de la justicia pasa necesariamente por calificarme a mí, como trabajador sexual, practicante de bdsm y regulacionista como "aberrante" y de tratar de negar mi existencia, invisibilizarme y, en caso de no aceptar vuestros argumentos, atacarme y tratar de avergonzarme públicamente, la mía pasa por dejaros en paz mientras me dejéis en paz a mí. A lo mejor ésto te parece cínico y victimista, pero es así como lo veo y lo vivo. Un saludo.