miércoles, 8 de junio de 2016

SEXO, PORNO Y FEMINISMO. carta abierta a la mesa, a la organización y al público del acto del martes 31 de Mayo en La Morada.

EL FEMINISMO DESEANTE

A partir del debate habido el pasado día 31 de Mayo en La Morada de Arganzuela hay tres consideraciones que hacer, especialmente para el feminismo, absolutamente urgentes, y con ellas voy a estructurar el texto.
El desplome de la argumentación

La sede de PODEMOS no es una red social. Desde el punto de vista argumentativo debería ser mucho más que eso. Algunas de las cosas que el otro día se oyeron como razones incontestadas deberían sonrojar a las personas que las utilizaron y deberían sublevar a las personas que las escucharon allí. El problema es que, si valen en La Morada, se van a dar por válidas en muchos otros sitios. Tenemos la obligación, por lo menos, de recuperar la calidad del debate y de convertir los argumentos más pobres en síntoma de falta de argumentos.

Estas son algunas de las cosas que se dijeron como si fueran obviedades definitivas y que no podemos tolerar, de ninguna manera, que sigan distrayendo, despistando y agotando nuestras fuerzas. Quien quiera defenderlas que lo haga, pero que sepa, y hagámosle saber, el ridículo al que se expone.

-la pornografía es ficción (por lo tanto no influye en la realidad). Si condenamos la pornografía condenemos las películas de superhéroes.

No sólo sucede que la pornografía no es ficción, pues ocupa un lugar muy digno de análisis entre la ficción y el documental (y, si no, que se me diga a mí en qué otro género de ficción se hacen sistemáticamente montajes donde, sustraída la parte narrativa, a veces incluso aumenta la audiencia), sino que la ficción sí influye en la realidad. Que la ficción no se imite literalmente no significa que no se imite. Desde el feminismo hace mucho tiempo que se condenan elementos narrativos como el estereotipo de princesa Disney, por ejemplo. Es un insulto despreciable al sentido común decir que la narrativa audiovisual no influye en la sociedad. No sólo no admite, sino que no debe admitir debate.

-condenamos la violencia pornográfica por el estigma sexual. A nadie le escandaliza la violencia en el resto de los contenidos audiovisuales.

¿Hace falta refutarlo? La violencia está condenada, eso sí, sin éxito, en todos los contenidos audiovisuales cuando se presenta con una valoración positiva o incluso neutral. En la pornografía la violencia se presenta con una valoración extraordinariamente positiva, ya que se ejerce sobre sujetos vulnerables y moralmente indefinidos como si dicho ejercicio fuera bueno. El significado de la violencia en la pornografía participa de la misma necesidad de ser juzgado moralmente que el de cualquier producción audiovisual. Ahora resulta que siempre nos ha parecido igual la violencia de Rambo que la de La Canción de Carla.

-los deseos no se pueden modificar.

Un auténtico chollo para el gremio de publicistas. Ellxs saben que los deseos se modifican, vaya si se modifican, pero es que, además, si consiguen hacer creer que no es así, cada vez que instilen el deseo de lo que anuncian en una persona, quedará ahí grabado a fuego, porque irá acompañado del convencimiento en esa persona de que no se puede librar de su deseo. Se llama “violencia simbólica”, y se caracteriza porque se considera natural.

La afirmación es, como poco, arriesgadísima, y, si nos ponemos serixs, determinista y desempoderante. Para que partir de esta tesis tenga visos de legitimidad habrá que empezar fundamentándola y matizándola generosamente. ¿Nos referimos a los deseos profundos? ¿A lo que juzgamos que son nuestros deseos? ¿Sólo al deseo sexual? ¿Es el individuo el que no puede cambiar su deseo dentro de una sociedad que ya desea de determinada manera? El peso de la demostración de un principio tan antiintuitivo recae sobre quien hace partir el razonamiento de él. Que todo el debate de toda la mesa lo dé por sentado es inaceptable.

-El porno ético debe crearse desde la demanda responsable.

Acabáramos. ¿Estoy en PODEMOS? Ahora resulta que el mercado es el ente aséptico y adaptativo que describió el liberalismo clásico. Cuidado, que ya no necesitamos ni leyes, ni gobierno, ni política, ni nada. Igual, mira tú, no hacen falta ni partidos, así que no sé qué hacemos en La Morada. Las fuerzas del consumo responsable doblarán el brazo patriarcal de la pornografía mainstream hasta convertirla en cursos de sexo tántrico. Por el camino, el gremio aprovecha y se lava las manos, que es de lo que se trata. “Nuestro trabajo es hacer dinero. No nos vengáis con mierdas”.

-La responsabilidad de la educación sexual corresponde al sistema educativo.

Otra vez tengo la sensación de que me he equivocado de charla. ¿Quiere esto decir que si esa institución no cumple con su deber, al resto no nos incumbe? ¿Soy el único que ha escuchado decir a gran parte del sector de la enseñanza que la responsabilidad de la educación sexual es de madres y padres (repitiendo la operación de mandar la mierda al tejado ajeno)? Y, cuando esa responsabilidad llegue de vuelta a casa, ¿qué hacemos? ¿Les ponemos porno? “Mirad, hijxs: con esto se hace papá las pajas”.

-No nos digáis lo que tenemos que hacer y apoyadnos.

Éste es de mis favoritos, porque apelar a la solidaridad y a la individualidad en la misma frase me parece poesía. Resulta que hay gremios buenos, y si perteneces a uno de ellos hay que apoyarte seas quien seas. Supongo que el pornógrafo que explota a sus actrices también dirá algo por el estilo en la sede del partido correspondiente. O a lo mejor lo dice en la sede de éste, porque de momento no parece que filtremos mucho.

Recuérdese que en otro lugar del argumentario se apelaba a la fuerza de la demanda. Pero la demanda calladita. Es lo que se llama “mayoría silenciosa”, tan brillantemente bautizada por ese miembro de honor de podemos que nos preside el país de oficio.

El porno es de ellxs. Lo consume toda la sociedad, pero es de ellxs.

La otra explicación es el macrodebate de si el feminismo está legitimado a decirle a un amujer lo que debe o no debe hacer, y si es entonces feminismo. Ahí no voy a entrar. Sólo diré que pido ya desde aquí que se invite a La Morada a una organización de toreras.
-Hay que escuchar a las profesionales del porno.

Quien haya visto la charla habrá comprobado que esto lo pide la misma persona que calla a una compañera cuando va a leer el testimonio de otra actriz porno que no coincidía precisamente con el suyo. No hay más que decir.

-Las mujeres tienen derecho a desear ser pegadas.

Suena muy bien, muy alternativo, muy valiente y muy inclusivo. O sonaría así si se quedara en eso. Pero lo siguiente en el desarrollo del argumento es que hace falta porno para esas mujeres (¿¡más!?), que hay que escuchar el verdadero deseo de las mujeres hetero (¿¡ése es el verdadero deseo!?), y que no es feminista cuestionar el deseo de otra mujer (¿¡aunque su deseo sea una ley antiabortista, por ejemplo!?).

No me puedo extender más, pero démosle la vuelta. Démosela. Pongamos a un hombre a decir todo esto. Pongamos a un hombre a decir que hay que respetar el verdadero deseo de los hombres, que es pegar (esto es un eufemismo, porque el amo no pega, eso ya lo sabían desde Aristóteles hasta Sade, el amo reivindica su derecho sobre la vida y la muerte, que en la pornografía se simboliza mediante la agresión no deseada) y que no es humanista cuestionar ese deseo. O pongámoslo ahí, con su estética de actor porno (ya sabemos que las pelis porno las hacen todas votantes de PODEMOS, no hay más que verlas), a decir que olé las mujeres a las que les gusta ser pegadas.

Nadie niega el derecho a desear. Nadie. Pero sobre los deseos recae responsabilidad. Quien no cuestiona sus deseos (me da igual que sean los de pegar, o ser pegado, o dar cuidados, o gobernar un país) no sólo es esclavx de su cultura, sino que contribuye a esclavizarnos a todxs.

-y una cosa más, la última, porque hay que cortar por algún sitio: el concepto de “libre consentimiento” es, como poco, cuestionable. No es que lo cuestione yo, es que lo cuestiona toooodo un sector del feminismo, lo cuestiona la crítica al libre contrato de trabajo y lo cuestiona la teoría del contrato social. Lo digo porque el otro día había cierta confusión entre debates abiertos y debates superados, y se hablaba de consentimiento como si fuera un escudo inexpugnable tras el que guarecer cualquier otro argumento más enclenque.

Y es que el sexo nos confunde mucho. A lo mejor el problema es sólo ése.

De verdad que paro por parar en algún momento, y porque tengo otras dos cosas que decir.

La ofensiva neoliberal.

La primera es que lo que le está pasando al feminismo a partir del sexo, de la libido y del deseo es preocupante, y tenemos que tomar cartas desde ya.

Llámesele sexopositividad, neoliberalismo sexual, nueva revolución sexual, o lo que a cada quién le parezca, el sexo atraviesa muchos de los ejes principales del feminismo partiendo su militancia por la mitad. Allí donde miremos nos encontramos con feministas que reivindican una perspectiva individualista del sexo, al sexo como derecho propio y privado, inalienable ni total ni parcialmente por ninguna entidad externa al cuerpo y la conciencia propias, da igual si es el Estado o la comunidad, da igual si es el patriarcado o el feminismo mismo, y que llaman feminismo a esa reivindicación que coincide, y porque coincide, con su deseo de mujeres. Y, enfrente, a las feministas que señalan el carácter neoliberal de ese feminismo, esa sinergia entre el activismo feminista y los intereses de los varones, y cuyo discurso sexual alternativo, feminista, ni está ni se le espera, porque han coincidido en el error de subestimar al sexo, porque les resulta demasiado expuesto construir uno, porque ellas no hablan de guarrerías, o vete a saber por qué.
Y, como no hay alternativa, las primeras están ganando. Están ganando el debate sobre la prostitución, sobre la maternidad, sobre el género, sobre los nuevos modelos relacionales, sobre los vientres de alquiler y, como vimos el otro día, están ganando de calle el debate sobre la pornografía a base de colarnos un supuesto porno feminista que es el mismo porno con un lazo rosa.
Nadie puede pensar que, dado el alcance del enfrentamiento, esto no repercute también en los buques insignia de las causas feministas, como la violencia patriarcal, la brecha salarial o los derechos reproductivos.

Pero es que no están solas. Los machos están detrás, con ellas o por su cuenta, pero empujando en la misma dirección. Y no sólo nos equivocamos si no damos una alternativa que ofrezca algo un poquito mejor que la austeridad sexual y el escándalo ante el patriarcado galopando libre dentro de nuestras filas a lomos de su caballo de troya sexual. Nos equivocamos si tratamos los debates como simples debates particulares, desconectados entre sí y carentes de un tronco central que une a los mismos intereses y las mismas sensibilidades y las mismas personas siempre del mismo lado de la brecha en el feminismo.

Necesitamos enunciar ese tronco para poder señalarlo con claridad y dejar de dar tumbos en esta promesa de orgía feliz cuya verdadero contenido, como en muchas otras, es sólo la intoxicación.

Feminismo y PODEMOS

Lo último que quería decir es que el acto del otro día fue un capítulo más de esta historia, pero no uno intrascendente. Fue el acto en el que el partido emergente, el primer partido de izquierdas con posibilidades de gobernar desde la muerte de aquél, se pronunció públicamente, y a través de un inesperado consenso, sobre el debate de la pornografía.

Da igual que todxs esperáramos que hubiera posiciones encontradas en la mesa; da igual que las posiciones estuvieran claramente encontradas entre el público y que éste lo manifestara; da igual que las posiciones estén encontradas dentro del feminismo, tanto en el de PODEMOS como en el que no es de PODEMOS. En el debate se escenificó la finalización del debate del lado de la tolerancia extrema hacia la pornografía, y este resultado se ha proyectado así de puertas afuera. Es, no podemos negarlo, el resultado con el que cualquier machista habría soñado a las cinco de la tarde.

Ya sabemos cuál ha sido históricamente la relación entre la izquierda y el feminismo. Y ya sabemos cuál ha venido siendo la relación entre PODEMOS y el feminismo. El discurso cuñado y cansino que repite y repetirá por los siglos de los siglos que PODEMOS es más de lo mismo acierta en algo: su feminismo, hasta ahora, es más de lo mismo. Mucho trabajo en la base, mucha gente feminista, muchas mujeres luchando por el cambio, y después, ante las cámaras, en la cúpula, en el poder, rancia machulería y analfabetismo feminista que considera el “problema de las mujeres” un tema menor al que hay que dar de vez en cuando algún magistral capotazo.
No sabemos que llegará a ser PODEMOS. Desde nuestra reducida perspectiva municipal, autonómica, o incluso nacional, nos puede parecer la ventana de oportunidad por la que debemos, sí o sí, hacer que pase la historia. Desde una mirada un poco más alejada, sólo es una carta más con la que nos estamos jugando a vida o muerte los destinos de la humanidad y del planeta. Y sólo el futuro nos dirá cuál es, o cual debió haber sido, el papel jugado por esa carta. Tal vez sea uno de los focos de donde nazca un nuevo modelo de convivencia que nos permita triunfar sobre el apocalipsis capitalista. O tal vez sea una de las últimas veces en las que a la izquierda se le ocurrió de nuevo la feliz idea de que podía transformar el mundo sin las mujeres, o a pesar de su sometimiento.

Mi voto, por supuesto, depende de que me decida por una u otra de entre ambas predicciones.

1 comentario:

Carlos dijo...

Algunas reflexiones.
1) Pornografía como ficción. Ambos argumentos son erróneos desde el punto de vista de la iconografía. La biblia es ficción, ¿alguien duda que ha influído en la realidad? Entender la ficción como algo separado de la realidad, y debatir si es o no ficción es un falso problema y obvia toda la historia humana en torno a los símbolos, los mitos y sus implicaciones.

2) Sobre la violencia. De acuerdo casi con todo lo que dice el texto, sólo que últimamente no tengo una valoración tan negativa de la violencia, de hecho simpatizo con la violencia ejercida desde el oprimido.

3) Los deseos. Los deseos son construcciones, el texto tiene razón y decir que los deseos no se pueden modificr es ruinoso... para empezar hundes el budismo, para seguir, de ser cierto estamos acabadxs. Afortunadamente el trabajo con los deseos es posible, pero muy difícil. Con todo, no se debería moralizar con la fantasía, soy partidario de mostrar lo más monstruoso de la existencia humana a través de la represención y como catarsis.

4) El porno ético. Bueno... un porno ético, no sé que es eso. Pero tampoco estoy contra el porno, hay épocas en de mi vida que lo consumo. Siempre es algo vacío, artificial. El porno es un sustituto de relaciones sociales, sería algo así como una heroina ética, o un nicotina ética, creo que no tiene sentido la propuesta.

5) Educación sexual. Lxs profesorxs ya tienen demasiado jaleo como para dedicarse de eso. La educación sexual es cultural y mana de nuestra cultura, en cierto modo es responsabilidad de la sociedad en su conjunto.

6) Este punto me parece un poco a la SGAE. El porno con argumento y de profesionales está muerto y va a morir. Le pasa como a otras facetas de la producción audivisual, el futuro es amateur. Gente que se graba follando y lo sube a la red, la gente quiere cada vez menos estrellas y no pierde más que unos minutos en desahogarse.

7) Hay que escuchar a lxs profesionales del porno. Dicho en el punto anterior, y a los músicos de la SGAE, y todo eso también.

8) Mmmm las mujeres tienen derecho a desear ser pegadas. Bueno.. también los hombres, pero yo en parafilias no entro.

9) Libre consentimiento y porno. Aquí es en lo único que discrepo del porno, paso de moralismo. El problema del porno y la prostitución es una derivación del problema del trabajo asalariado. Yo he trabajado en bares bajo coacción de llegar a fin de mes, la moralina con el sexo y que no es 'libre consentimiento' me cansa, todo trabajo asalariado es prostitución. Trabajo significa instrumento de tortura.

Bueno, en líneas generales de acuerdo con el texto. La charla aburrida y mercantil, pero a veces si hace juicios demasiado morales que no me convencen. El sexo como mercancía tiene los problemas del trabajo como mercancía.
Saludos