miércoles, 6 de agosto de 2014

feminismo de precisión (I de III)


La generalización de internet ha otorgado, lógicamente, una herramienta absolutamente nueva al feminismo.  En España se ha materializado, sobre todo, en una serie de blogs, revistas y comunidades dedicadas a su divulgación, que constituyen un incremento sin precedentes en las posibilidades de dicha divulgación. Mucha gente, especialmente mujeres, están haciendo un gran esfuerzo por aportar una visión feminista de la actualidad y de la cotidianeidad, y la revolución conservadora con su contragolpe patriarcal se resiente de ello.

 
Creo, sin embargo, que el alcance de estas herramientas no está siendo óptimo. Escribo este texto para señalar lo que considero un error estratégico en el discurso feminista divulgativo, que distingo del académico, donde no me parece que dicho error sea generalizado ni estructural. Ignoro la influencia de este error e ignoro cuánto aborta el esfuerzo realizado, pero creo firmemente que el error existe y que es responsabilidad de todxs ayudar a corregirlo, porque el feminismo es responsabilidad de todxs y todxs nos beneficiamos de su expansión.

Tengo mis dudas, he de decirlo, de que la crítica caiga bien, porque, repito, presumo que se trata de un error estructural y que su corrección requiere de una restructuración que, necesariamente, implica suspensión del poder. Para referirme a él usaré el término “tono visceral”. Es una grosera simplificación, pero creo que merece la pena en pro de la claridad y la brevedad expositivas.

Los medios de divulgación del feminismo son muy diversos y los textos, afortunadamente, numerosísimos. Sin embargo, cuando uno los visita, se encuentra con esta característica atmósfera tirando a cargada, esa tirantez, esa sensación de violencia sorda que, como intentaré poner de manifiesto, es contraproducente y, por lo tanto, irresponsable.

Empezaré, para ello, con dos primeros posts en los que analizaré en qué consiste esta visceralidad a través de otros tantos textos que, considero, son una buena representación del promedio.

En una tercera parte intentaré extraer algunas conclusiones sobre la naturaleza de esta visceralidad, así como de las consecuencias concretas que tienen en perjuicio de la divulgación del feminismo.

He aquí el primero, escrito por Nagua Alba Goveli y Lucía Alba Martínez, y aparecido en Píkara Magazine:


En él se da cuenta de un problema referido con frecuencia en círculos feministas: el del comportamiento no feminista en el ámbito de las relaciones íntimas de hombres autodesignados como feministas; lo que se ha bautizado coloquialmente como “machirulo infiltrado”. Los ejemplos relatados en el texto de referencia corresponden a encuentros en los que estas mujeres se sintieron traicionadas en unas circunstancias que consideraron de seguridad. Reproduzco el testimonio de uno de los casos, pero remito al texto completo para su correcta comprensión:

“Era un compañero al que conocía desde hacía tiempo. Compartíamos espacios de militancia y de ocio. Había tensión sexual pero nunca había ocurrido nada. Una noche no tenía donde dormir y me ofreció su casa. Acepté. Cuando llegué la cama estaba abierta y había una botella de vino en la mesilla. Él me gustaba. Pero estaba cansada y la situación me hacía sentir incómoda. Nos metimos en la cama y le dije que quería dormir. Empezó a tocarme. Le dije que no. Empezó a increparme diciendo que si no quería por qué había ido a su casa. Le dije que no necesitaba justificarme y me di la vuelta para dormir. Siguió tocándome e insistiéndome. Al final accedí. Follamos. Así me dejaría dormir tranquila.”

 
Parece evidente que en esta lamentable escena se producen equivocaciones por ambas partes y que merece la pena determinar responsabilidades, aunque sólo en la medida en que la descripción nos aporta información suficiente. Él no debió insistir ni increpar, (ante cualquier negativa, la insistencia es incómoda, pero en un contexto de intimidad e indefensión puede serlo aún más, y si a eso se añade la carga cultural de la culpabilidad sexual femenina, debe entenderse que la indefensión aumenta y lo convierte en un tema a tratar con un tacto especial) y ella no debió acceder (pues no lo deseaba y se encontraba en plena posesión de sus facultades, bajo ningún tipo de coerción que no fuera, en todo caso, el chantaje emocional consistente en transmitir que la relación se va a deteriorar).

Sin embargo, la respuesta de las escritoras, que pretende alertar contra la tendencia al consentimiento involuntario residual en las mujeres feministas, resulta más maniquea. Lejos de plantearse corresponsabilidad alguna, en la proporción que corresponda, se pregunta sólo por qué no hay reacción expeditiva, sea ésta la que sea. Junto con alternativas muy pertinentes (abandonar la casa, contar la situación a otros compañerxs,…) ofrece un par de salidas desproporcionadas (“partir la cara” y “destrozar la vida con una denuncia”), útiles como desahogo en un texto (viscerales), pero inaplicables, por flagrantemente injustas, en una situación real.

El texto es un encomiable y completo análisis de las motivaciones que, en esa situación, convierten a una mujer en víctima. Pero eso deja tres roles sin desarrollar: el de agresora de la mujer y el de agresor y víctima del hombre. La consecuencia de pasar por alto aquellas motivaciones que pueden proyectar una sombra de culpabilidad sobre la mujer, y que la mujer en situación conoce o intuye, producen unos recursos defensivos sólo útiles en la ficción.

La descripción de la escena nos permite formarnos una idea razonable, pero no definitiva, de la situación. Junto a la imagen de un hombre mezquino e insensible que utiliza la presión para conseguir a toda costa el polvo patriarcal con el que alimentar su ego, podemos formarnos la del hombre con expectativas sexosentimentales ilusionantes basadas en indicios realistas y que no ha recibido los necesarios recursos para gestionar la frustración. Actúa con torpeza y necesita, tanto una indicación clara de los límites, como una vía de salida a sus sentimientos de indignación en la forma, por ejemplo, de una explicación que le haga entender el alcance de la negativa (“me gustas, pero prefiero esperar a tener más energías”, “la situación me ha intimidado y no voy a disfrutar”, “necesito la sensación de elegir el momento de manera completamente individual”).

No tenemos datos que nos impidan pensar que la mujer ha manipulado activamente estas expectativas. El patriarcado no sólo enseña a los hombres a engañar y objetualizar; junto con las armas reactivas espontáneas generadas por el oprimido (luchar con las pocas armas del opresor que puede imitar, de modo que el oprimido no está desarmado, sino que es sustancialmente más débil)  también da herramientas a las mujeres para convertir ese afán de engaño en trampa familiar (recordemos cómo nos habla Friedan de que las mujeres americanas de los 50 eran abiertamente enseñadas a cazar marido). Es un ejercicio de mala fe ignorar la educación femenina en la manipulación del deseo sexual masculino que, por otro lado, se denuncia con tanta frecuencia cuando el tema es, por ejemplo, los medios de comunicación. Dado que las escritoras ni siquiera manifiestan ser conscientes de que ellas, en este sentido, son también hijas del patriarcado, cabe pensar, aunque no conclusivamente, que pueden ser sus cómplices.

Obviar todos estos factores es, en este caso, la verdadera fuente de indefensión para las lectoras: dado que yo sé que no soy tan buena como tú me describes, no puedo utilizar el arma de pureza que me ofreces, y quedo, inesperadamente, a expensas de las fuerzas de siempre.

Nada de particular tiene que la primera consecuencia de la precipitación emocional que llamo “visceralidad” sea la idealización de la primera persona o, por decirlo en términos agonísticos, de mí mismo como contendiente: Mi indignación legitima una cierta brusquedad expositiva que no va a producir el mejor de los resultados intelectuales, pero que es necesaria para dar una impresión clara de la gravedad del problema. Así, me centraré en las injusticas cometidas por el contrario, realzándolas y sacrificando con ello parte del realismo descriptivo.

Yo soy simplificado para bien, porque el objeto de atención no soy yo, sino un conjunto de dinámicas de las que soy víctima y cuya transparencia se vería enturbiada si se introdujeran otras complejidades. Pero el yo que ofrezco con ello no me sirve para trasplantarlo de cuajo a la vida real, donde su falta de complejidad, precisamente, lo debilitará.

Al utilizar esta simplificación, idealizadora del sujeto oprimido, para el análisis de comportamientos en situación, se pierde el sujeto real. Unas mujeres reconocerán no sentirse identificadas con esa santidad, y otras encontrarán su pretensión de santidad en la práctica como error fatal, fácilmente doblegable.

Es fácil prever que el segundo error, de consecuencias aún peores, es la simplificación del antagonista, supuesto sujeto opresor, para mal.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Es increíble ver como los machistas se dan el trabajo de buscar y analizar desde la perspectiva que les conviene, los artículos de páginas feministas. Igual te entiendo, me imagino que tu vida debe ser bien triste. Quizás podrías hacer algo más productivo, como buscar un trabajo, hacer obras de caridad,prácticar algún deporte o algo que SI sea productivo. Dedicar tanto tiempo a un movimiento que no es de tu interés, claramente son síntomas de una persona obsesiva y enfermiza.

Anónima dijo...

Qué análisis tan interesante. Y es verdad, por qué tenemos las mujeres que posicionarnos siempre como víctimas? No somos responsables de nuestros actos, no podemos equivocarnos también?

Por otra parte, aunque supongo que no aporta mucho al tema, he experimentado en primera persona lo que le ha ocurrido a ese hombre. A mí algún hombre también me ha creado falsas expectativas, me ha hecho creer que iba a tener un encuentro íntimo y emocionante con él, incluso se ha metido en mi cama, para darse la vuelta y pasar de mí. Y ante la negativa y la frustración y ansiedad que me producía, yo también he insistido y me he puesto pesada hasta que él ha accedido. Creo que hice mal, pero él también tuvo su parte de responsabilidad. A todos nos puede pasar, no?

Anónimo dijo...

¿Por qué te metes con un tío que está haciendo, en términos muy respetuosos, una reflexión seria e interesante sobre un tema que no es patrimonio de nadie?


una mujer

Anónimo dijo...

Ese es el tipo de respuesta visceral que se critica en el texto. Una acusación a la persona que hace una crítica razonada basándote en unas palabras que no has leído con detenimiento, puesto que no criticas sus argumentos sino el posicionamiento que tú le atribuyes a priori. Puedo no estar del todo de acuerdo con algunas afirmaciones del texto, pero eso no me hace atribuirle unas intenciones toxicas hacia la "pureza" del feminismo. Creo que tanto en la justificación del texto (señalar críticamente los errores formales que desde algunos medios feministas se comenten por un exceso de visceralidad que es contraproducente)como en lo que yo considero el núcleo duro del texto: la incapacidad de autocrítica del sujeto cuando este se autoposiciona exclusivamente como víctima de la opresión patriarcal, descartando en su análisis los matices, las posibles colaboraciones inconscientes con el sistema del que está siendo parte sin querer, son más que razonables.
La mejor forma de defendernos de los ataques que está sufriendo el feminismo no es la respuesta visceral e inmediata al supuesto infiltrado, sino la construcción de teoría y cultura nueva para librarnos de las mismas armas que nos oprimen. Para eso, habría que empezar por escuchar a las personas que quieren aportar, incluso aunque no nos guste de primeras lo que nos dicen.

Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Unknown dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Unknown dijo...

Hola de nuevo, he borrado mi comentario anterior porque me parecía que no era sincero. Al leerte siento que este problema te preocupa, pero al mismo tiempo, me parece intolerable. Lo que me parece intolerable: que hagas tantas suposiciones. Parece que la cuestión era buscar un culpable, y según tu análisis hay que suponer todas las situaciones en que ambas personas pueden serlo, y repartir un poco para cada unx. Es cierto que no se trata de pintar al chico como un malvado y reconfortarse con el papel de víctima que le ha tocado a ella. No sé, me confundes, precisamente la cuestión es que por muy confundida que pueda estar una persona, debería respetar las negativas de la otra persona en cuestión, y sobre todo, en cuestiones tan delicadas. No es tratar a ese chico como un irresponsable o un memo? En qué exactamente te parece visceral la respuesta de píkara? Al leer el texto original que citas, no lo he visto en absoluto, al menos, no de ese modo. Indignadas están, desde luego, pero te parece que lo están injustamente? Cómo puedes afirmar que están omitiendo posibilidades en su análisis? Se trata de un testimonio en el que precisamente la chica afirma haber coqueteado, o tener una relación de atracción, es decir, en el que precisamente no se parte de ninguna pureza que nos situaría como víctimas al intentar encajar nuestras experiencias nada puras de la vida cotidiana. Sigo sin entender qué te anima en ese testimonio a darle tantas vueltas a algo que debería ser claro: en cualquier situación, si alguien dice que no, y se presiona para conseguir relaciones sexuales, se está forzando a esa persona. A esa mujer, está claro. Y por supuesto que esto está complicado en el entramado de relaciones sexuales, y sobre todo en las heterosexuales, en el matrimonio, y que forma parte de la educación que recibimos todxs: que si las mujeres juegan ese juego engatusando y negándose al principio, que si el hombre tiene que actuar... Pero, en fin, yo creo que el feminismo debe acabar precisamente con toda esa complicación, que se nos respete, de verdad, cuando decimos que no. En esto no debería haber matices, es terrible. No consigo entenderte, y me apena. Carmen

contraelamor dijo...

Pues me parece una pena muy razonable y voy a intentar eliminarla.
El texto está escrito desde dentro del feminismo, y la motivación es la impotencia en la que me veo al recomendar páginas feministas, también a mujeres, que experimentan un rechazo inmediato hacia el tono en el que muchos textos están escritos.
Si no recordamos que en nuestra sociedad el feminismo militante es minoritario, y que la mayoría de la gente sigue sin tener siquiera contacto con él, seremos incapaces de permear los sectores más conservadores.
En el mundo que creo que lxs dos queremos un no es un no.
En este mundo en el qe vivimos un no es muchas cosas. Y en el mundo que viene tiene pinta de que lo seguirá siendo, porque incluso los modelos de relación no monógamos coquetean peligrosamente con la sumisión y con el placer de relacionar el sexo con el poder y con el acto de doblegar la voluntad.
Si tuviera que concretar el nivel de responsabilidad culposa en cada una de las personas de la historia no tendría duda en cargar sobre el hombre. El texto no trata de eso, sino de que tenemos que entender al opresor si queremos derrotarlo y sustituir el sistema opresivo por uno igualitario.
Creo sinceramente que la actitud con la que se interpreta el texto en píkara no es la más útil para sus lectoras, y que la condena visceral y desproporcionada deja a muchas de ellas indefensas.
Intentemos, por ejemplo, imaginar a esa mujer que ha sentido rechazo ante el tono de los textos y que vuelve a caer en las manos del hombre que le dice que debe apartarse completamente de las tóxicas feminazis. Es posible que su aspecto no corresponda al de nuestro grupo social de referencia, pero es una mujer, y la hemos devuelto a los leones.

Unknown dijo...

Agradezo mucho tu respuesta! Quiero decirte que tus intenciones me habían quedado muy claras, porque además leí todas las entregas... Por eso me apenaba, porque no conseguía entenderme con lo que habías escrito. Estoy completamente de acuerdo en que el feminismo vive in the guetto, y en internet está bastante agudizado. O mejor, el tipo de mensajes feministas que circulan por internet dan una idea bastante clara de que está dirigidos a feministas. Esto me has hecho verlo tú. Al mismo tiempo, siento que mensajes feministas que tienen voluntad de dirigirse a cualquiera, o al menos a un sector más amplio de gente "de izquierdas", por no extenderme mucho, muestran muy poca inteligencia colectiva, y encima parece que los leen mayoritariamente machistas enfurecidos. Estoy de acuerdo en que habría que hacer algo, porque pocas veces hemos visto que el feminismo en españa tenga tanta visibilidad (en nuestra historia reciente, claro), y no se trata de ninguna paradoja. Y aun así, sigo sin entender bien esta entrada que publicaste, no voy a insistir en cómo me hace sentir. Pero pasa esto: que a veces hay que esforzarse para llegar a entenderse. Y, en general, de ello salen las mejores cosas. Lo seguiré intentando! Y trataré de pensar en maneras de ayudar a la causa. Gracias, en cualquier caso, por llevar una iniciativa tan extraña (en el buen sentido, eh). Buenas noches, Carmen