domingo, 14 de julio de 2013

violencia sexual en San Fermín y la quinta columna del patriarcado


                Los misteriosos hechos acaecidos en la Plaza Consistorial de Pamplona llevan unos días reventando las redes sociales y están suscitando una reflexión considerablemente amplia gracias a la que, con un poco de suerte, saldremos todos algo más conscientes y sensibilizados sobre alguna cosa aún no del todo concreta.

                Yo apenas tengo idea de qué es lo que ha sucedido allí y, a partir de las informaciones y versiones leídas y escuchadas, sigo sin decantarme por un cuadro general.

                Quiero, a la hora de expresar mis especulaciones, anteponer el respeto y la solidaridad hacia cualquier persona que haya sufrido una agresión sexista, en el más extenso sentido de la palabra, es decir, allí donde la ley la reconoce como tal, allí donde la vaya a condenar la justicia, y allí donde sólo quede en la conciencia de los agredidos. Yo no hablaré de hechos, sino de la idea sobre los hechos que las informaciones y opiniones difundidas están contribuyendo a formar, pues es sobre la interpretación ideológica proyectada sobre estas versiones sobre lo que pretendo que trate este texto.

                Como digo, no queda claro, al menos a nadie que requiera de una versión matizada para formarse una opinión (y que no esté demasiado familiarizado con estas celebraciones en directo) qué es, exactamente, lo que ha sucedido o viene sucediendo.     

                El abanico de actitudes ante esta incertidumbre ha oscilado, desde la denuncia argumentada del feminismo oficial, señalando los hechos como agresiones patriarcales, hasta inculpaciones o autoinculpaciones más o menos exaltadas en las que se mezclan motivaciones tan diferentes como la sensibilidad antitaurina, la afición a las corrientes de opinión en alza y el terror cerval a la España profunda.

                Según algunas de las fuentes (de opinión) se diría que se trata de hechos puntuales resumibles más o menos así: parece que, de vez en cuando, en el entusiasmo del arranque de la celebración, alguna chica tiene a bien llevar a cabo una práctica mil veces vista en eventos colectivos en todo el mundo, como es la de desnudarse de cintura para arriba, en una cierta actitud de exhibicionismo festivo, que encuentra, en un ambiente tan masificado, alcoholizado, masculino e incontrolable como el que se produce en el Chupinazo, un entorno propenso a la falta de respeto y, en situaciones excepcionales, incluso a la agresión sexista.

                Según otras fuentes, estaríamos ante una situación cualitativamente muy distinta: habiéndose extendido la conciencia de impunidad entre los participantes del Chupinazo, se ha convertido en una costumbre el incluir en la celebración agresiones sexistas sistemáticas, conscientes, organizadas y toleradas por la generalidad de los participantes bajo la etiqueta de broma popular. Estas supuestas “bromas” se perpetrarían sobre víctimas completamente ajenas al peligro que corren al participar de la aparentemente inofensiva celebración, y quedarían, tras ellas, desprotegidas por una actitud social de negación del carácter violento del hecho, que buscaría evitar cualquier mancha sobre la imagen pública de las fiestas. Estos comportamientos, tan fácilmente divulgables a través de la Red, estarían siendo ya imitados en todo tipo de celebración que reuniera las características del Chupinazo, convirtiendo las fiestas populares en una forma de barra libre para determinado tipo de agresión sexista que se extendería ya a lo largo y ancho de toda nuestra geografía.


                Este es el estado de la cuestión si nos remitimos a los textos. Pero cuando echamos manos de la documentación gráfica la cosa se vuelve dramática. En las imágenes que he logrado localizar, después de que el fracaso me haya obligado a dedicarle más rato del que me habría gustado, aparecen invariablemente chicas jóvenes y atractivas, a hombros de un chico, semidesnudas, con los brazos en alto, y con una expresión en la cara parecida a la de un futbolista cuando recibe el trofeo que le acredita como ganador de una competición. Sólo son fotos, y mi interés ha sido desde el principio conseguir el vídeo en el que pudiera apreciar de modo inequívoco cual era la verdadera situación. Pero los vídeos están retirados de todas partes, aunque alguien más espabilado que yo debe de haberlos visto, porque parece que estuvieron en su momento. Yo he tenido que entrar en el sórdido mundo de los vídeos para adultos de youtube para tener acceso al que, por lo que he comprobado después, tiene todas las papeletas para ser el vídeo de denuncia que ha hecho arrancar el asunto. Viene denominado por dos hashtags: #noesnormal y #esviolenciadegenero. Consiste, de nuevo, en una serie de fotografías (que yo, ya experto, conozco en su mayoría) con textos sobreimpresos, y en un vídeo de unos cinco segundos pasado a varias velocidades con fondo de death metal o algún estruendo amenazador por el estilo.

El video, como producto informativo, o incluso propagandístico, es una basura. Querer convencer con él de que se están produciendo agresiones sexistas en los Sanfermines es como emitir un vídeo de una manifestación de la marea verde y decir que es un homenaje a Andalucía (seguro que ya se ha intentado).  A todas las preguntas supuestamente retóricas que acompañan a la imagen y que están pensadas para ser contestadas con denuncias indignadas, se ve uno obligado a responder a la inversa: “¿Te parece normal?” “Sí.” “¿Crees que ellas lo han decidido y disfrutan?” “Sí.” “¿Crees que ellas pueden decir que no?” “Sí.” Llegan, incluso, a repetirse, dando la impresión de que no confían mucho en el efecto causado la primera vez: “En serio, ¿te parece normal?” “Ya te digo que sí, pero está bien que me aclares que la pregunta es en serio”. Una de las preguntas parece un acertijo: “Fíjate en la cara de ellos…” Entonces te fijas, sabiendo que adviertes algo extraño en lo que no terminas de caer. Por fin, lo descubres: ¡es la primera imagen sin mujeres! Como se trata de que penetremos en la brutal mentalidad del agresor, ha habido que rebuscar en el archivo una imagen en la que otras chicas no formaran parte de la turbamulta.

Se diría que el vídeo persigue cargarse los Sanfermines a cualquier precio, pero aclara en su presentación que eso es justo lo que quiere evitar, de modo que sobre sus intenciones se me nubla el entendimiento. Hay una foto, una sola, (que no aparece en el vídeo, aclaro; el vídeo, de tan buen rollo que deja, consigue subvertir la carga violenta de la banda sonora, haciendo que suene a Siniestro Total), recogida en otras crónicas, en la que una chica aparece hecha un ovillo en el suelo mientras varias manos estiran de su ropa con la aparente intención de arrancársela. Es la única imagen en la que puede constatarse una oposición entre supuestos agresores y supuesta agredida. Tampoco resulta agradable la escena de la reportera siendo besada por el “mozo” mientras hace su crónica, ni la reacción del compañero de ella, pidiéndole que deje de provocarlos. Pero el conjunto del material gráfico, como denuncia, no vale nada.

He de recordar, porque llevamos aquí un rato y puede haberse olvidado, que yo no interpreto hechos de allí. Yo no sé si, pese a todo, se están produciendo estas agresiones, si todas las fotos son montajes de photoshop a las que se les pegan sonrisas, o si la información está siendo filtrada para que el mundo siga ignorando lo que pasa. Yo hablo de hechos de aquí; no de lo que pasa en Pamplona, sino de lo que pasa en la pantalla de mi ordenador.

Y lo que llega a esa pantalla, junto con las imágenes mencionadas, son valoraciones como éstas:

“Es cierto que desnudarse en una plaza infestada de orangutanes borrachos no parece lo más inteligente del mundo; pero la candidez (o la estupidez) no es un delito. Sí lo es, sin embargo, la agresión o el acoso sexual.” (Blog de Jesús Moreno Abad en el diario Público, en un artículo titulado, sin muchos complejos “asco en el Tahrir pamplonica”).

“Me cuesta creer que mucha gente acepte como algo normal que una chica “provoque” por el hecho de existir, vestirse de tal forma, estar en un lugar y el momento equivocado, por estar buena, desnuda o lo que sea, cuando es una barbaridad. Al contrario, cuando hablamos de un explotador, una gran empresa, un fondo de inversión que vive a costa de empobrecer a la gente, un cerdo especulador, nos suele costar mucho poder señalar como provocación sus actos y su merecida bofetada en la cara, acoso en su casa y hostigamiento en la calle.” (Blog de Jorge Moruno Danzi, también en el diario Público)

“No tengo nada que decir sobre ellas, que ejercen -en algunos casos, porque en otros les desnudan directamente- su derecho a desnudarse, y eso es estupendo. Ponerse en cueros no es una invitación al baboseo ni significa ‘barra libre’.”

Y continúa:

“Es sexista (el comportamiento de los chicos), simplemente porque al revés jamás sucedería. No ha pasado, y si alguien lo ha visto que me lo cuente, que una turba de mujeres se lance contra el que decide mostrar sus genitales en público. Y si pasa es la excepción y no la norma ni, como en este caso, la moda. Simplemente no nos sentimos legitimadas para tocar a una persona que se desnuda sin consentimiento por la otra parte.” (Blog Eco Republicano).

Cito estos textos porque han tenido eco en las redes sociales (yo no los he buscado en sus respectivos blogs ni diarios, sino que me los he encontrado posteados una y otra vez en mi red social) y porque provienen de posiciones consideradas de izquierdas y, por tanto, más sensibles que otras a los debates del feminismo.

Para qué entrar en tediosos detalles… Llamar “orangutanes borrachos” a todos los participantes en la fiesta resulta, por lo menos, un poco grosero. Imaginar a princesas ingenuas espontáneamente surgidas entre la marea de “orangutanes” es muy propio de la actitud caballerosa que a los feministas tan mal se supone que nos parece. La defensa del libre ejercicio del desnudo sin derecho a roce no sólo parece contradecir las imágenes (donde se diría que todos participan de un ritual más que aceptado) sino al sentido común aplicado sobre los principios más elementales de la crítica antipatriarcal: si intento sacar partido del papel de objeto que el patriarcado me concede me convierto en su cómplice. Decir que a los hombres eso no les pasa porque las mujeres entienden la diferencia entre el derecho a ver y el derecho a tocar (¿sensibilidad de género hacia el respeto de derechos?), bueno, eso, o es ética-ficción, o una chorrada inventada porque había que terminar el artículo y no quedaba tiempo (a mi me pasa mucho).

La manipulación ventajista y autoexculpadora no le está haciendo ningún favor al feminismo ni, por extensión, a las mujeres. La imagen del feminista se ha asimilado en la conciencia colectiva con la del “feminazi”, y eso en ámbitos ideológicos mucho más a la izquierda de lo que se quiere reconocer. El feminismo tiene muy mala prensa, y adscribirse a esa posición tan ineficaz que se describe a sí misma como “ni machista ni feminista, sino igualitarista” es el refugio de, reconozcámoslo, casi todo el mundo. Y eso para perjuicio, lo repito, de todos, pero especialmente de las mujeres, que quedan desconectadas del bagaje intelectual y de lucha social de la historia del feminismo; de la historia de su propia e incompleta liberación.

Y es que, cuando hablamos en nombre de la lucha antripatriarcal, es forzoso recordar algunos principios:

1-El patriarcado no es una opresión ejercida por los hombres sobre las mujeres. El patriarcado es una manifestación inmemorial de la opresión, aún más inmemorial, ejercida por los fuertes sobre los débiles, que hoy se inscribe en, o es simbiótica con, la opresión capitalista ejercida por la clase capitalista sobre la clase trabajadora.

2-El patriarcado tampoco es una opresión entre individuos donde la barrera del sexo separa a los opresores de los oprimidos. El patriarcado es un sistema opresivo en el que todos son oprimidos por su propia condición de individuos en beligerancia, y en el que las mujeres resultan mucho más oprimidas que los hombres y mucho más oprimidas por ellos.

3-El patriarcado tampoco es un conflicto bélico, en el que todos los integrantes de un bando luchan por hacer vencer a su bando y todos los del bando contrario luchan porque aquél sucumba. El patriarcado es un sistema también ideológico, en el que la capacidad para luchar por la liberación depende de la capacidad para encontrar las claves ideológicas que conducen a esa liberación, tanto, al menos, como depende del lado de la opresión en el que cada uno se encuentre.

Lo de los Sanfermines es repugnante, y no cabe duda alguna de que es violencia de género. Pero si las fotos son lo que parecen, esa violencia no está siendo ejercida por las hordas infectas de machirulos de “dedos amputables” a los que se refiere algún elegante artículo. La cadena de violencia opresiva en esta situación es como sigue, discúlpese que simplifique:

El sistema, en todas sus formas, ejerce violencia simbólica sobre las mujeres en su conjunto, invitándolas a entenderse a sí mismas como objetos de deseo en cuyo valor objetual se deposita su verdadero valor personal. En la competición entre mujeres que esta autoimagen conlleva, algunas de las que se congregan en la fiesta del Chupinazo descubren que pueden obtener un notable valor, dadas las condiciones, si se convierten en objeto de deseo del conjunto de hombres presentes.

Dichos hombres presentes, previamente oprimidos por su condición de sujeto que encuentra su valor en el valor de sus posesiones, y cuya capacidad para poseer en el ámbito sexual es continuamente incentivada y reprimida… ; este hombre, que llega a la vida pública en una condición de frustración sexual artificialmente creada por el sistema para forzarle en lo posible a consumir objetos sexuales, vive la sugestión (es decir, la experiencia ficticia) de una liberación sexual ante un objeto de deseo que se ofrece de pronto sin restricciones. Es evidente que este objeto de deseo, la chica subida a hombros, nunca se alcanza, y que la desesperada expresión de deseo que implican decenas de mano tratando de tocar constituye para la chica un aumento en su valor como objeto. Se produce una especie de subasta en la que la chica se revaloriza cada vez más. A diferencia de una subasta estrictamente objetual, esta chica es también la dueña de la mercancía, de modo que, con el aumento de su objetualización, aumenta su poder. Por eso se siente tan feliz (en la foto).

Estos “mozos”, que han incrementado su represión al pujar por una mercancía que no obtienen, y que han objetualizado más aún a la mujer en su conciencia, habrán aumentado también su propensión a objetualizar a otras mujeres, así como a oprimir a aquellas que pueden poseer.

La verdadera violencia de género no se ejerce, como vemos, sobre las princesas-objeto de las fiestas que, en términos netos, aumentan su autoestima (de esa forma disfuncional que es aumentar su cotización), sino sobre todas las otras mujeres, que se ven ahora no sólo impulsadas a competir con las princesas, es decir, a mostrarse también como objetos, a “encarnarse”, sino enfrentadas a hombres más reprimidos e incapacitados para el trato igualitario. La verdadera violencia de género puede que tenga lugar precisamente en esa callejón de Pamplona, o de cualquier sitio, donde un grupo de hombres previamente reprimidos y exaltados acaban vejando a otra chica que ningún beneficio para su autoestima va a obtener de ello, y que, tal vez, tuvo desde el principio suficiente dignidad como para evitar situaciones que la objetualizaban.

No se culpe a nadie (salvo a los que cometan una infracción, claro), por tanto, o a todos, o sólo a los hipócritas y a los irresponsables.

A los hipócritas que no saben lo que dicen, ni les importa, pero les encantaría aprovechar el tirón y cacarear que fueron los primeros en denunciar que determinado “mozo” debía ir a la cárcel por agresión sexual, aunque eso implique que, potencialmente, deberían estar en la cárcel todos los participantes en el Chupinazo, el 50% de los televidentes y la mayor parte de su familia. A los hipócritas que se hacen cruces de pronto (alguna declaración chusca de partido político al quite he leído por ahí) porque temen la repercusión mediática de una denuncia que, al menos a mi pantalla, y por tanto me temo que a la de muchos de ellos, llega sin fundamento, pero con la amenaza de ser una bomba política, mediática, económica o judicial, que puede estallar y, por tanto, debe ser hipócritamente atendida para que todo pueda permanecer exactamente igual.

Y a los irresponsables que enarbolan la lucha de género, el feminismo, el combate contra el patriarcado, para desahogar odios de género aunque ello sólo conduzca a más odio, a más género, a más opresión, más diferencia de clase y más poder para el sistema. A los que son tan acríticos con el feminismo como otros lo son con el machismo, y se muestran tan insensibles a la opresión sufrida por el hombre como otros, muchos, se muestran a la opresión sufrida por la mujer. A los que evitan sistemáticamente denunciar el machismo femenino por miedo a perder posiciones sociales o políticas, y evitan especialmente denunciar el machismo presente en la ideología de algunos activismos feministas, en forma de competitividad, abuso del poder otorgado por la objetualización, búsqueda de víctimas a las que represaliar y, sobre todo, falta de rigor intelectual y moral.

Le estamos dando demasiadas ventajas al machismo, olvidándonos de que es un enemigo resistente, multiforme y adaptativo. Deberíamos organizarnos con un poco más de disciplina.

9 comentarios:

Augurio Abismal dijo...

Fijese en que las consecuencias negativas de estos sucesos que ha mostrado, se solucionan en la base del "ataque machista". Con mujeres libres de desnudarse pero que no obtienen premio, ect. Buen analisis por cierto.

Sarastro dijo...

Yo estaba allí. este año y el pasado y el anterior y el otro... El análisis del presente artículo es una gota de frescor en el desierto de la estulticia a la que han parecido abonarse algunos grupos autodenominados feministas que, a la postre, defienden los más rancios principios de la moral católica.
Una última cosa, la foto del final del artículo, hasta donde sé, no está tomada en Pamplona sino en una agresión sexual (¡esta sí!) en Mallorca.

juanM dijo...

Buen artículo, peo dos cosas : La foto en que ale una chica agredida no es de los sanfermines, sino de Meorca, y creo que ya ha habido condena sobre los agresores.

La imagen en la que dices que no salen chicas, es porque estan tapadas por el letrero de "mira la cara de ellos".

juanM dijo...

Perdón Sarastro ya había hecho esta observación. Esta foto está en multitud de artículos creando confusión, lo cual demuestra la falta de pruebas y argumentos de algunas opiniones.

Por otro lado y a riesgo de parecer insensible. ¿Qué coño hay que ver en la cara de ellos? ¿Tienen comida entre los dientes o qué?

Camilo dijo...

Muy buen artículo, basado en el triste hecho de que al final no hay razismo ni sexismo, sino puro y duro machaque de los pobres por los ricos. Aunque, como dijeron Ono y Lennon, la mujer es la esclava del esclavo. El hombre debe apoyar a la mujer y la mujer apoyarse en el hombre en esta lucha desigual.

Maryam Naville dijo...

Qué hartazgo supone leer constantemente "ni machismo ni feminismo" como si fueran dos opuestos equiparables. Semejante aberración léxica invalida completamente cualquier discurso por la evidente traición subconsciente que da a entender en el comunicador. Si se pone al mismo nivel la opresión de un género que la igualdad entre ambos, el resultado va a ser siempre nefasto.
Como el autor no expone un análisis de los hechos sino de lo mostrado mediáticamente, considero justo juzgar lo mostrado en su totalidad y no parcialmente. Se han mostrado mujeres que, evidentemente, no están disfrutando de la situación mientras están siendo acosadas por un montón de manos masculinas. Bien, en este caso, no cabe ningún intento de extensión de un paradigma machista a la actitud de la mujer, ésta es sólo aplicable a la que muestre a una mujer disfrutando de ello y, si el único incidente mostrado hubiera sido éste, ninguna voz crítica que busque ser razonable habría hablado, así como la descripción con la que el artículo de este blog concluye sería más que acertada. Pero no es el caso. Lo que ha despertado la crítica y la lógica indignación feminista no ha sido precisamente el registro de una situación en la que la mujer esté disfrutando.
Esto me parece tan de cajón, que noto que lo único que ha hecho el autor del blog con esta entrada es perder el tiempo.
Por otro lado, hay cierto matiz que quería puntualizar. El patriarcado no es una faceta de la dominación capitalista/esclavista, sino más bien, al revés: la dominación de los mercados sobre el débil es una manifestación de las características patriarcales del sistema y una consecuencia de la anulación y desvirtuación del paradigma femenino de ésta. El constante desprecio por los arquetipos femeninos y la sobrevaloración de los masculinos son los culpables de que habitemos en una sociedad dominante, territorialista, beligerante e instintivamente primaria.
Ante todo, para quienes no comprendan mi discurso, puntualizar que hablo de paradigmas, no de personas. los arquetipos masculino y femenino viven en hombres y mujeres por igual. El problema que denuncio es que se potencia siempre el valor del masculino, en hombres y en mujeres, por encima del femenino, infravalorado, asociado a la debilidad y al fracaso, a la inutilidad.
Y, por favor, no seamos prejuiciosos ni simplistas. Sí hay sexismo, sí hay racismo. Que su origen se halle en la constante del establecimiento de relaciones de poder para el funcionamiento social, como si sin éstas la sociedad no fuera posible, es otro tema que se extiende a sus raíces. No al hecho de que no existan. Es dolorosamente obvio que existen. Y negarlo es una demostración de ignorancia recalcitrante.

contraelamor dijo...

Una de las fotos es de una agresión en Menorca. Está en la entrada para ilustrar, precisamente, el giro equivocado y nada riguroso que se le daba a la noticia. Si, tanto la otra foto como otras muchas que pueden localizarse en internet, muestran, como dice el último comentario, a chicas que lo están pasando mal, entonces todo lo que se dice en dicho comentario es pertinente.
Yo opino que es evidente lo contrario, por lo que entiendo que lo pertinente es lo que sigue:
En el texto no se habla de extender el paradigma machista, de intercambiarlo, sino de reflexionar, no sólo sobre la complicidad de los miembros del grupo discriminado (como ocurre en toda opresión), sino también de la ocultación de esta complicidad mediante una supuesta radicalización que se arroga, además, una militancia inmaculada. Todo feminismo que ignore su condición residual machista está siendo irresponsable.
En cuanto a la esencialización del universal femenino, lo que se llama la “mística de la feminidad”, es de nuevo una actitud conservadora que pretende convertir el carácter del esclavo en modelo por la sola razón de que es el carácter del que parte el denunciante; es decir, por autocomplacencia. Si las mujeres tuvieran el poder sobre la tierra, no sólo serían como son hoy día los hombres; es que se llamarían “hombres”.

Anónimo dijo...

Qué hipersensibles son Vds. las feministas para con todo lo que afecte a la mujer. Sin embargo cual cruel indiferencia -por no decir regocijo- muestran respecto a todo tipo de vejaciones, injusticias y discriminación sistémica que sufre el hombre hoy en día en el estado español. No hay mas que observar la publicidad en la tv: parece ser que los hombres sí pueden ser objeto de humillación, agresión y vilipendio.
Esa es la por decir algo, cultura, que Vds. han engendrado.

Mientras sigan barriendo para su casa, no habrá diálogo posible.

contraelamor dijo...

Soy un hombre.
Considero que cualquier argumento que comience con la generalización de un colectivo amplio y diverso, o de una corriente intelectual igualmente amplia y diversa, es inconsistente.
Gracias por el comentario y por premiar mis esfuerzos por eliminar mis rasgos de género.