miércoles, 25 de julio de 2012

no tan simples


Hal Hartley es un director neoyorkino que pretendiendo resultar estilizado y fresco sólo logra(ba) aburrir y perder el hilo (para hacerlo perder tendría que haberlo conservado él). Frente a sus diálogos supuestamente humorístico-filosóficos creemos, a veces, estar ante el mal día de un Joaquín Reyes que ni siquiera hubiera nacido en Albacete.
Sin embargo, uno puede encontrarse en ellos cosas como ésta:

Kate: Madonna explota su sexualidad a su aire.
Elina: ¿Qué quiere decir “explotar su sexualidad a su aire”?
Bill: Que ella pone el precio.
Kate: Madonna es una mujer de negocios de éxito.
Martin: Yo prefiero el rock’n roll clásico.
Dennis: Canta bien.
Elina: La imagen que Madonna ofrece de la sexualidad femenina es de gran fuerza y gran determinación.
Martin: La verdad, yo no escucho canciones de pop actual.
Kate: Las canciones de amor suelen hablar de debilidad.
Bill: Se puede aprender mucho de la música pop.
Elina: ¿Hay alguna diferencia entre explotar tu propio cuerpo por dinero y que lo explote otro?
Dennis: Todos participan de la explotación: la dueña del cuerpo, el que lo vende y el público que disfruta del espectáculo.
Bill: La diferencia es ¿quién gana más dinero, el cuerpo explotado o el vendedor?
Kate: Y, ¿qué hay del público?
Dennis: Sí. ¿Qué?

(posible elipsis, o simplemente plano mal montado)

Dennis: La esencia de la explotación no mejora, sólo cambia.
            Hill: ¿Dónde has leído eso?
            Elina: ¿Es un logro feminista que una mujer controle su carrera?
            Martin: ¿No estábamos hablando de música?
            Hill: Ahora la explotación del sexo ha conseguido una… respetabilidad, porque algunas mujeres cuyos cuerpos son explotados han conseguido controlar esa explotación.
            Dennis: Ganan más dinero.
            Hill: Toman decisiones.
            Kate: Ya no las consideran víctimas.
            Hill: Si son las que más dinero ganan, posiblemente ellas tampoco se lo consideren.
            Dennis: Y, ¿Qué hay del público?
            Hill: Sí, ¿qué?


                                   SIMPLE MEN, 1992

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