lunes, 5 de septiembre de 2011

organización. para leer este blog

Llegados a este punto… el caos ya es notable.
Ésta es la entrada número veintiuno y las veinte anteriores apenas ofrecen entre sí relación ni jerarquía, o eso me están diciendo, seguramente con mejor criterio del que muestro yo. El caso es que mis intenciones fueron nobles desde el principio, y será poniéndolas en común con el lector como trataré de remediar el mal.
Pretendo contar algo que no se resume en media hora. Calculo, muy a ojo, entre cincuenta o sesenta para dar una idea lo suficientemente pormenorizada como para que tomarla en serio no dependa de la reprobable fe. El tema requiere ponerse serio y, por penuria de talento, seguramente, aburrido.
¿Quién quiere leer algo aburrido sobre amor? Él diría que, si es tedioso, seguramente sea equivocado.
El amor no nos invita a confiar en el pensamiento, de modo que depender de la simple exposición de las tesis es como querer ganar una guerra escolarizando al enemigo. Pero no es sólo por concesión a la natural dispersión del lector por lo que aparecen aquí textos de otro género. Un ordenado desorden estimula la creatividad reflexiva, el sentido crítico, el diálogo, la identificación…

El plan que uso tiene poco misterio. Cada lunes cuelgo un texto, digamos, básico. Uno de esos cincuenta o sesenta que deben dar cuenta de la propuesta de que el blog trata. Durante el resto de la semana, normalmente miércoles, jueves o viernes, aparece alguno más, pero de los otros. De momento han sido relatos, análisis de películas, fragmentos de conversaciones y otras ocurrencias. Ése es, por cierto, el lugar destinado para cualquier idea o texto que reciba y que quiera participar como posteador invitado, convirtiéndome a mí en comentarista.
En cuanto a la organización de los básicos, sigo la poco original idea que ya expuse en “terminología”: antes de proponer, hay que justificar que algo debe ser propuesto. Yo he decidido, además, abordar una especie de prólogo en el que cimentar una libertad especulativa que nos estaba negada. Me es caro enterrar el estúpido y triunfante argumento romántico de que el hecho mismo de pensar demuestra estar equivocado. Di por concluido este prólogo con “protocolo. y parte 3”, texto tras el cual entiendo que cualquiera debe sentirse libre para admitir los problemas y buscar soluciones mediante el uso de su vilipendiado cerebro. Era, en el fondo, un objetivo sencillo. Nada se oponía a él salvo un prejuicio, multiforme pero débil, como ese asesino escondido en una galería de espejos cuya única arma es la multiplicidad de su reflejo. Rotos todos ellos, descubierto su cuerpo  verdadero y mortal, sólo nos queda un tiro de gracia: la apropiación de libertad.

En adelante nos las veremos con enemigos más correosos, y puede que en el próximo espejo nos encontremos a nosotros mismos jugando al escondite con nuestra racionalidad. Pero les va a dar igual. Están en el bando perdedor y les tocará renovarse y, además, morir.
En este segundo grupo de textos básicos trataré aquellos temas que considero imprescindibles para garantizar un cierto éxito en la lucha por la racionalización de las relaciones. Si el primer grupo fueron “partes de la guitarra” (es decir, mucha mística y poca música), éste es “acordes”. El protagonista entre todos ellos será el problema de los celos. Desde el primer minuto de esta película hemos sabido que él es el villano o, al menos, el ejecutor sanguinario a las órdenes de uno oculto y peor, tal vez más próxio de lo que creemos. Cualquier camino pasa por enfrentarnos con el matón, de modo que, cuanto antes.
Trataré, además, el amor mismo como concepto, de modo que nuestro lenguaje, el vuestro y el mío, confluyan en una herramienta más precisa. Prestaré atención, también, a la propuesta llamada “poliamor”, al papel desempeñado por el sexo y a esa cruel estructura invisible a Cupido que no he sabido bautizar de mejor manera que “pirámide del amor”.

Consideremos, por tanto, que aquí empieza una segunda parte del blog. Doy por hecho que están terminados los ejercicios de la primera.

1 comentario:

Natalia Sanchez dijo...

Y es que antes de tratar de leer algo sobre el amor. Hay que aprender a leer bien.
Digo... muchos hombres lo interpretan como se les da la gana...